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miércoles, 9 de abril de 2014

ESPAÑA EN DEFLACIÓN: ¿TURBULENCIA O RECAÍDA?


El FMI alerta de la probabilidad que España entre en deflación, señalándolo como un país de alto riesgo al respecto, e instando al BCE a que adopte urgentes medidas monetarias, en unos momentos en que el slogan de campaña del PP y de su gobierno es la aparición de “brotes verdes” en lo que supondría una recuperación económica y consiguiente salida de la crisis.
Grave mazazo para las perspectivas electorales del PP, si se llegara a confirmar realmente la entrada de España en deflación, pues su tranta político de acusación al anterior gobierno socialista es que trajeron la crisis, no se enteraron de esta, e incluso la agravaron con sus torpes medidas gubernamentales. Pero a partir de ahora, se podría decir otro tanto del gobierno de la derecha española, en razón a que prometieron una solución a la crisis económica, pero incumplieron su programa electoral, han seguido una hoja de ruta marcada por Berlín y supervisada por Bruselas, se ha incrementado el paro, se han recortado servicios sociales, se han tensionado al extremo las relaciones sociales, se ha perdido tejido productivo, y de tanto ayuno para pagar la deuda nos vemos abocados a la deflación.
La deflación es una de las situaciones gravemente temidas por gobiernos y economistas del mundo, porque supone la caída generalizada de precios para poder vender, a extremos que hacen ruinoso cualquier tipo de negocio que ha de exponerse a vender a precios de costo de producción, con lo que la caída de la economía –por falta de ventas, caída de producción, cierre de empresas y despidos- es la consecuencia de esa diabólica espiral.
Las medidas habituales para superar este estado económico pasan por disposiciones monetarias de devaluación e incremento de dinero en los canales del sistema económico para incentivar el consumo –que a su vez tire de las ventas, y estas de la producción, y estas del empleo, y a su vez, de los salarios- en una espiral productiva que dinamice la economía, y mueva el dinero para que se generen ganancias en todos los ámbitos de la producción y con ello crecimiento económico y empleo. Por consiguiente tal medida habría de tomarse desde el BCE –ya que España al ser miembro de la UE, tiene delegadas esas competencias soberanas-. Siendo esto de importancia actual, dado el momento preelectoral en que nos encontramos ante unos comicios europeos que habrían de plantearnos el actual rumbo de la UE.
Una UE que tras presentarse como un adelantado fruto de la prosperidad, bienestar y reforzamiento entre sus miembros, así como un utópico y deseable logro de fraternidad entre los pueblos de Europa; sin embargo, se ha tornado en una estructura político-funcionarial permeable a los grandes lobbys de capital, donde el ciudadano sólo tiene una consideración meramente retórica o nominal, pero en la práctica apenas peso específico alguno. Como lo demuestra la actual configuración de la UE de espaldas a la ciudadanía sufriente de Europa que privilegia al capital (rescatando al euro, pero no a los desahuciados, ni a los parados); y una UE que empieza a discriminar según el lugar de procedencia, en la que no se ha dado la pretendida “convergencia europea” (norte-sur), que hace que se plantee cínicamente la “Europa de dos velocidades”. ¡Una Europa ante la que los ciudadanos estamos indemnes!.
Ahora pues, es el momento de cuestionarse esa UE de los mercaderes, de los grandes capitales, insolidaria, cicatera con los socios en dificultades, y que no aporta un plan económico para sacarnos de la crisis (a modo de un nuevo “plan Marshall”). Ante lo cual, la ciudadanía victimizada por todo ello, debería de ser menos complaciente, más exigente y apostar por alternativas a ese modelo europeo que no nos contempla nada más que para los recortes y el pago de la deuda.

Hay que decir, también que el peligro de deflación, aunque afecta principalmente a España, no es el único de los países europeos señalados por el FMI en riesgo, lo que conllevaría una nueva espiral de crisis que podría generar importantes convulsiones sociales, ante el descrédito de unas políticas económicas fracasadas y abiertamente antisociales, que sólo se podrían mantener coyunturalmente, más allá de lo cual puede conllevar un serio peligro para la convivencia social, en un ambiente ya de por sí explosivo, cuya mera posibilidad haría que se estuvieran tomando ya medidas urgentes para corregir la deriva económica hacia un periodo deflacionario, ante el que cabría preguntarse: ¿sería una turbulencia económica o una recaída en la propia crisis?. En cualquier caso, mala noticia. Y sobre todo, mal que nos pese: ¡de brotes verdes, nada de nada..!

jueves, 8 de agosto de 2013

DIFERENCIAS ENTRE PREDICAR Y DAR TRIGO


El Fondo Monetario Internacional, el mismo que no vio venir la crisis económica, se atreve a recomendar a España una reducción salarial del 10% para facilitar la salida de la crisis, y el Vicepresidente de la Comisión Europea, Olli Rehn, se hace eco y se suma a la petición.
Pero resulta que ni Christine Lagarde, presidenta del FMI, ni Olli Rehn son dignos de crédito, al no predicar con el ejemplo propio, pues la una se ha subido el sueldo este año un 11%, y el segundo cobra al mes 23.000€ más dietas. En fin, como vulgarmente se dice: “con buena herramienta bien se trabaja”.
Así es fácil dar este tipo de consejos, especialmente si no se tiene gran empacho ético en considerar la situación económica y social de muchos ciudadanos atrapados por los perniciosos efectos de una crisis, que no han creado, pero que padecen con especial gravedad, por pérdida de sus empleos, reducciones de sueldos ya llevadas a cabo, y caída de los niveles de renta y de vida en la mayoría de las sociedades europeas, especialmente en la española.
Olvidan la Sra. Lagarde y el Sr. Rehn, o quizá ignoran que en España se ha destruido gran parte del tejido productivo, quedando el restante expuesto a las dificultades de la crisis económica, habiendo sufrido expedientes de regulación de empleo y reducciones salariales, junto con pérdida de derechos sociales ya adquiridos, tanto en el sector privado como en el público. Aunque lo que queda por abordar es la reforma drástica y auténtica de las instituciones para reducir la carga político-burocrática de nuestro caótico Estado autonómico –que también ignoran Lagarde y Rehn-. La solución, la siguen viendo en una reducción de los costes laborales (especialmente en las retribuciones salariales), pese a que eso conllevaría una recaída del consumo y un subsiguiente enfriamiento de una economía aún débil y recesiva.
Lo habitual en estas circunstancias hubiera sido una devaluación monetaria, que realmente haría justicia a la situación, pero debido a la “fiebre europeísta” que nos invadió en los ochenta, en que queríamos homologarnos con todo lo que aparentara democrático, fuimos tan incautos como bisoños, que cedimos soberanía nacional a la UE al consentir que con la creación del “euro” como moneda europea la política monetaria la tuviera la propia UE, en vez del gobierno español, lo que impide que siendo la voluntad española –y su interés- la devaluación de la moneda, no coincida con otros intereses germánicos en liza. De tal manera, que la salida en la práctica devaluadora se trasladaría virtualmente a una reducción salarial, y así serían los trabajadores perceptores de las rentas del trabajo los que seguirían pagando la crisis económica, de la que se escaparían arteramente los capitales.
A todo esto, habría que preguntarse ¿a quién representan la Sra. Lagarde –en el FMI-, y el Sr. Rehn –en la UE?. Teóricamente ambos tienen una extracción política en sus respectivos nombramientos públicos, y por consiguiente no están al margen total de las urnas, si bien el sistema político-burocrático europeo y el financiero mundial, está lo suficientemente desvirtuado como enmascarado, como para responder directamente ante la ciudadanía, dado que en la práctica responden ante los poderes fácticos internacionales, especialmente los económicos de gran calado, en cuya línea van los “envenenados” consejos de estos burócratas del statu quo internacional que se ha creado al amparo del gran capital internacional, y de espaldas a la auténtica participación ciudadana en la gestión de las grandes cuestiones comunes que nos afectan.
Siendo así que se pone de manifiesto el gran escalón existente entre la clase política dirigente, que accede a altos cargos de la burocracia internacional, con sueldos de altos directivos de multinacionales, a “años luz” de la retribución media de los trabajadores y en particular, españoles; que se ponen en evidencia ante recomendaciones tan aviesas como interesadas, del estilo de la comentada, mientras que a ellos no les afecta nada, al estar por encima del bien y del mal, en ese particular “Olimpo de los dioses” que se han creado en nombre y a costa de todos los europeos, a los que dicen representar, pero a la vista está que no tienen en cuenta en sus problemas, pues ni muestran solidaridad con sus supuestos representados reduciéndose sus propias retribuciones (ya que por el contrario, se las han subido), ni son retribuciones homologables si quiera por aproximación a las cuantías de los ciudadanos, ni mucho menos han tenido la cautela siquiera simulatoria de haber recomendado otro tipo de recetas. Algo que nos recuerda al “despotismo ilustrado”, que parecía haberse superado en los sistemas democráticos occidentales actuales.