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domingo, 12 de mayo de 2013

¿QUE PARTIDO ASUME EL CRECIENTE “EUROESCEPTICISMO” ESPAÑOL?



La última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) refleja que el 81% de los españoles están defraudados de la UE y desconfían del proyecto europeo, considerando que el agravamiento de la crisis es responsabilidad de los líderes políticos de la UE, de su falta de previsión, y de su insolidaridad. Por consiguiente, ante este enorme cambio de la opinión pública española que lleva a un importantísimo “euroescepticismo”, la pregunta es: ¿qué Partido Político va a asumir claramente esa corriente de opinión en España?.
Es paradójicamente sintomático, que esta importante toma de posición política de la sociedad española ante el proyecto europeo, no venga representada de forma clara y abierta por ninguna formación política con representación parlamentaria. Algo que representa el peligroso y llamativo divorcio español entre la ciudadanía y la clase política en ejercicio, que apenas si “toma el pulso” al variable sentimiento de la calle. Algo de gran importancia en tiempos de crisis, pues supone un acelerado dinamismo social en posiciones y tendencias, respecto de tiempos de bonanza económica y tranquilidad más serenos y estables.
Tal hecho además supone una clara deslegitimación del proyecto europeo en España y en la participación española en el mismo, que siendo numerosa en cuanto al contingente de la clase política y burocrática que participa en el mismo con considerables prebendas no parece querer enterarse de este cambio sociológico que le tendría que llevar, al menos a “poner en cuarentena” el fallido proyecto de la UE, por más que choque contra sus intereses de clase (sustento, promoción y carrera política o burocrática en Bruselas o con cargo a la UE). No en vano, hemos de considerar que los “bien pagados” eurodiputados (en torno a los 10.000 y 12.000 € mensuales), lógicamente están escasamente interesados en plantearse el “euroescepticismo” del parado o del mileurista español.
Pero tal realidad es ya patente en el sentir de la sociedad española, que ha echado en falta soluciones solidarias de la UE (menos cicateras, y mucho menos de banqueros para los “puas” del sur). Sensación que, siendo importante cuantitativamente (81% de la sociedad, y creciendo), sin embargo, a diferencia de otros países que sí han canalizado políticamente esa propensión ciudadana a reivindicar lo propio, y plantear la defensa de los intereses nacionales frente al planteamiento individualista y utilitarista de Bruselas y Berlín, en España salvo alguna formación política extraparlamentaria no se ha planteado aún la salida del euro, y mucho menos el abandono del fallido proyecto de la UE. Todo un dato más que revelador del escaso nivel de representación democrática que viene suponiendo la democracia española (relegada al voto cada cuatro años, en los que actualmente pasan muchísimas cosas, al punto de girar 180º el rumbo político programático el propio Partido Popular, en el Gobierno del Estado, sin someterse a validación pública alguna tan importante giro).
De manera que, de igual forma que ha dicho Ramón Jáuregui a sus compañeros socialistas, en profética frase: “O cambiamos, o nos echan…”; habría que hacerla extensiva a también al propio PP, con esta nefasta gestión política de la crisis económica; pues acabarán otros Partidos o movimientos sociales, por acelerar los cambios socio-políticos que demanda la ciudadanía (entre ellos también sobre la UE) para mejora de un decrépito sistema democrático (bipartidista de élites políticas, ficticiamente representativo –esclerotizado a los periodos electorales cuatrienales-, que rehúye a la participación ciudadana, y por ende falla por la base –en la ausencia real de división de poderes-, y es permeable influencias espúreas al propio sistema –en forma de tradicionales “poderes fácticos”- que determinan que ni todos somos iguales ante la ley, que hay privilegios de clase, casta y hasta territoriales, que erosionan el Estado de Derecho, la igualdad ante la ley, y que ante la primera crisis importante se han plegado a una involución social (asumiendo el desmontaje del “Estado Social”).

domingo, 28 de abril de 2013

EL FRACASO DE LAS CONTUMACES POLÍTICAS ECONÓMICAS EN ESPAÑA



La última Encuesta de Población Activa (EPA) ha sido dramática, más de seis millones de parados en España, ponen la situación económica, política y social al límite de su resistencia. Y algunas declaraciones gubernamentales (en el sentido de que no habrá recuperación económica en España hasta el año 2016) siembran la desesperanza colectiva, y llaman a una seria y profunda reflexión política.
Hasta ahora se nos ha estado diciendo (por parte de los gobiernos del PSOE y del PP) que la situación económica de la crisis era la determinante, al extremo que se han sometido todos los demás resortes de gobierno a la economía (la política ha pasado a ser un sucedáneo de la actividad de los mercados), pues en definitiva son los mercados los que están imponiendo la agenda política, y no al revés. Tal hecho, considero que es el primer error en el que han caído nuestros dirigentes políticos.
Ciertamente, la economía condiciona la acción política, es verdad. Pero no se puede admitir que sean los agentes económicos (los indeterminados “mercados”) los que gobiernen, los que marquen el rumbo político de nuestro país. Sí, digo bien, “el rumbo político” del país.
De hecho se nos ha obligado a una urgentísima rectificación constitucional (sobre el límite de gasto público), se han recortado derechos sociales consolidados durante años de negociación colectiva (precisamente, este modo de negociación también se está restringiendo), se ha realizado a toda urgencia una reforma laboral que sólo ha servido para abaratar el despido, y por ello indirectamente fomentarlo, se están cambiando los resortes sociales en general con drásticas disminuciones, ampliando las edades de activo y limitando al extremo la edad de jubilación, etc., etc. Y aun así, superamos la histórica cifra de los seis millones de parados.
Además, de forma impúdica se nos dice en medios de comunicación progubernamentales que el gobierno está preparando reformas para contentar a Bruselas y a Merkel. Luego la pregunta surge de inmediato, ¿para quién gobierna el ejecutivo español?, ¿para satisfacer a Bruselas y/o Berlín, o a los españoles?, ¿dónde radica la soberanía nacional?, ¿quién ha votado esta conformación de gobierno?. Rajoy parece un “administrador colonial” que tiene que rendir cuentas a la metrópoli. Donde no prima el interés de los parados, sino el pago de la deuda a la banca alemana, caiga quien caiga, y por encima de todo. ¡Se nos embarga el presente, y también el futoro!.
Si esa es la realidad. Y parece que lo es. Los españoles hemos perdido soberanía nacional, derechos sociales, económicos, y desde luego el control de nuestra vida en común.
Si el día a día, me lo marca Bruselas o Berlín, realmente soy un súbdito de un protectorado cuya metrópoli es Bruselas y/o Berlín. ¡Esto es muy grave….!. Especialmente porque se ha llegado a esta situación por vía de la torpeza política (de unos y otros gobiernos) que ha confiado nuestro destino en una utopía europea que se presentaba como “la tierra de promisión”, que nos daba el “maná” para que llegáramos al “paraíso europeo” (de bienestar, de trabajo, de derechos y libertades, etc.), mientras ese “maná” era como el maíz que “engorda al gallinero”, que finalmente acaba en el “sacrificio” e inmolación por y para el “amo”.
Una vez más se ha mostrado falso e interesado el filantrópico y fraternal abrazo europeo, pues en el caso presente –como en cualquier orden de la vida-, “tanto tienes, tanto vales..”. Y así ha pasado, hemos valido mientras hemos comprado productos alemanes, holandeses, e incluso franceses (previas condiciones de duro ajuste económico: eliminación de barcos de pesca, de cabaña vacuna, de olivos, etc.); ahora que no tenemos para mantener ese nivel de compra, sobramos de la “fraternal unión” (pero antes hemos de devolver el dinero que nos prestaron, de ahí las durísimas condiciones económicas que nos imponen), aunque si nos portamos bien, quizá podríamos seguir.
Claro, ante esta situación en que hemos sido unos “bisoños”, se hace necesaria una clara y profunda reflexión (sin filias ni fobias europeístas), sino la verdad, toda la verdad, y nada más que la verdad. ¿Nos conviene seguir en Europa?. Especialmente en esta Europa insolidaria de dominio teutón, que montada con los “piés” (como supuesta Federación o Confederación de Estados) no ha sido capaz de solventar la primera crisis seria a la que se ha tenido que enfrentar, y donde cada uno ha ido a lo suyo.
¿Podemos seguir confiando en esta UE a la que le hemos entregado parte de nuestra soberanía, como la política monetaria que es vital para tomar rumbo de salida de la crisis?. ¿Cuáles son las alternativas?. ¿No sería mejor recobrar la soberanía monetaria y adoptar políticas monetarias anticrisis con urgencia, en vez de esperar a ver lo que le interesa a Merkel y a su partido?.
Además, puestos a recortar ¿por qué nadie señala como objetivo de los recortes de gasto público todo el que se deriva de la UE (eurodiputados, organismos, oficinas, dispositivos europeos en que participe España), en vez de recortar en la sanidad o educación pública de los españoles?.
Quizá lo fácil sea dejarse llevar, como hizo Zapatero, y está repitiendo Rajoy. Lo auténticamente audaz, y quizá razonable, sea empezar a “cuestionar lo incuestionable”, cambiar el rumbo, y que la voluntad de los españoles se imponga a la de los mercados, mercaderes y potencias extranjeras. El drama del paro tiene ya dimensiones de catástrofe nacional y urgen una respuesta gubernamental, antes de que la calle tome la iniciativa.
Y desde luego, eso de contemplar la “caída de la hoja” (el incremento progresivo del paro, y la destrucción de tejido productivo) hasta 2016 que no se le vuelva a ocurrir a ningún político, salvo que se quiera despedir de su oficio. No es digno, no es de recibo, y no es patriótico.
Hay urgencia para salir de esta situación, sea como sea. Acaso este tipo de reflexión, o análoga habría de estar planteándose ya en el mundo del “trabajo”, en los sindicatos, con ocasión de la próxima fecha del 1º de Mayo.

domingo, 24 de marzo de 2013

¿POR QUÉ SOMOS EUROPEOS?



Ante la crisis europea –que es más que económica-, cada día se hace más necesario preguntarse: ¿por qué somos europeos?. Es decir, ¿qué me une a Europa, y por qué me interesa estar en Europa?. Naturalmente la pregunta, no la planeamos en términos geográficos sino políticos y económicos, que es de lo que en definitiva va la cosa.
Hemos conocido, anhelado, e incluso nos hemos beneficiado de una Europa unida en torno al Mercado Común (la antigua CEE), que fue una herramienta de reconstrucción y pacificación de Europa, en la que pudimos entrar avanzada la democracia española, homogeneizando ciertos parámetros económicos para poder acceder sin taras al mercado que en común habían puesto varios países del Continente y que les reportó considerables beneficios. Tal es así, que para facilitar la equiparación al estándar europeos se facilitaron considerables ayudas a los diferentes países miembros, y de ello se consiguieron pingües beneficios mutuos.
Sin embargo, ese formato puramente mercantil –que fue la base de la cooperación-y tan buenos resultados reportó, con el discurrir del tiempo se fue remodelando, dando lugar a una nueva tipología que –más allá del mercado, de lo económico- quiso ir a lo político, en un inconfeso y ambiguo formato de Confederación (o Federación de Estados), en que por medio del Tratado de Maastricht se planteó la cesión de competencias soberanas (parcelas de soberanía) a la nueva Confederación (Unión Europea), que planteó la libre circulación de capitales y personas, la supresión de controles fronterizos (con el establecimiento del Espacio Schengen) , y la fallida elaboración de una Constitución Europea (que los crédulos españoles aprobamos, mientras fue rechazada en otros países, y finalmente retirada), que llevó a una reformulación en el Tratado de Lisboa. Todo ello, conllevó un piélago confuso político-burocrático, con un Ejecutivo, un Legislativo y un Judicial de la UE –cada vez más alejado de los ciudadanos-, y un creciente protagonismo político de Alemania que tras la reunificación –en la que Europa contribuyó a facilitarla económicamente- asumió un desigual liderazgo dentro de la UE.
El liderazgo alemán (en otro tiempo contrarrestado por Reino Unido y Francia) se ha ido fortaleciendo con la no integración del Reino Unido en el euro, y con los efectos de la crisis económica que también ha debilitado a Francia, y en la que Alemania fortalecida política y económicamente ha actuado como banquera de Europa, y con la crisis se muestra como un implacable acreedor que busca el recobro a toda costa, y un socio insolidario, que impone sus propios intereses –caiga quien caiga- al amparo de su fortaleza político-económica.
De esta forma nos hemos quedado con la asombrosa sensación que de la predicada fraternidad europea sólo quedan los acordes del himno, y estamos despertando de un sueño utópico tornado en pesadilla neocolonial entre un eje centro europeo pangermánico (Alemania y Holanda) que se impone a una periferia en caída libre, en la que no hace de freno el autismo insular británico, ni la debilitada Francia.
Se nos dice que la actual crisis requería en España, y en otros países, haber devaluado la moneda, pero como tenemos el euro (controlado férreamente por Alemania, a la que no interesa la devaluación), no hay tal devaluación; de manera que la opción es devaluar en los costes salariales, y así los trabajadores y la clase media en general soporta el costo de la devaluación con sus sufrimientos, en tanto que el capital sigue indemne. Es decir, no se ha afectado lo más mínimo (mientras que si se hubiera devaluado la moneda, como en ocasiones anteriores, entre todos hubiéramos soportado el costo de la crisis). Luego, la pregunta está servida: ¿a quién beneficia este sistema?. Naturalmente al gran capital. En absoluto a los trabajadores, y clases medias. Sin embargo, se sustenta en una aparente democracia, en que la mayoría la detenta una ciudadanía compuesta por trabajadores y clases medias. Entonces, ¿cómo permiten que les hagan esto?.
Luego, aquí tenemos ya un importante y grave fallo democrático, basado en que se han hecho cesiones de soberanía estatal a favor de la UE (especialmente en materia económica y financiera), ante lo cual ¿qué nivel de incidencia o influencia tiene la ciudadanía?. Cada vez menos, pues la ciudadanía europea sólo vota periódicamente a candidaturas nacionales de eurodiputados, que luego se diluyen en los grupos parlamentarios europeos por afinidad ideológica. El resto de la gobernabilidad europea viene a ser diferida por parte de los ejecutivos nacionales, en un extraño y peculiar reparto.
Y ya se sabe, que no hay mejor forma de sustraer al control ciudadano una determinada acción de gobierno o una Institución que distanciarla de su ámbito, y sobre todo darle escasa participación política. ¡Tal es la actual construcción europea.!
La misma que ha acudido a “salvar el euro”, los bancos, pero ha abandonado a su suerte a millones de ciudadanos europeos (griegos, portugueses, irlandeses, italianos, españoles,  chipriotas, etc.).
Entonces, ¿por qué somos europeos?. Al menos en el actual formato de la UE. Quizá nos trajera más cuenta retornar al de la CEE, que demostró una eficacia que la UE tiene aún por demostrar, y dejaba plena soberanía en cada país para que se gobernaran como estimaran conveniente.
Alguien tendría que hacer seriamente esta pregunta, y propiciar un periodo de reflexión pública sobre la misma: ¿por qué somos europeos?. Y a partir de ahí decidir lo que más nos convenga.