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jueves, 21 de febrero de 2013

ENTRE EL SOCIALISMO REPUBLICANO Y EL “MONARQUICANO”



El socialismo español está tan desnortado en la actualidad, que no acaba de reconstruir su identidad, así pese a que el socialismo de toda la vida era republicano, resulta que su adaptabilidad, su pragmatismo de amplio espectro ha llegado a generar socialistas de pro –incluso en la propia Dirección- que se manifiestan monárquicos, o como a algunos les gusta decir: “monarquicanos” –en ese gusto por la ambigüedad adaptativa que tanta renta política le han sacado-.

Y hasta tal punto esto es así, que acaba de abrirse una polémica tras las declaraciones del secretario general de los socialistas catalanes, que en un gesto de sinceridad se ha metido en un jardín sobre sus deseos monárquicos de abdicación del Rey Juan Carlos a favor de urgir la accesión al trono del Príncipe Felipe, deseo del que rápidamente se ha desmarcado la Dirección socialista de Ferraz.

Un patinazo de este porte en estos momentos puede costar muchos votos, y consecuentes disgustos, aunque la mayoría de los socialistas tengan manifiestas “querencias republicanas”, parece que como dicen los snobs, ahora “no toca”.

Pero si ahora no toca, con la que está cayendo, de extensión de corrupción que afecta hasta a miembros de la propia Casa Real, a la mayoría de los Partidos Políticos, con cientos de cargos públicos imputados por delitos de corrupción, con una gravísima crisis económica con elevadísimas cifras de paro, con tensiones territoriales de naturaleza separatista en Cataluña y País Vasco que amenazan a la unidad del Estado, con una gravísima crisis política que presenta colapsado el sistema constitucional de la transición; entonces ¿para cuándo tocará?.

Como también se hace más que evidente, que toca urgentemente una renovación auténtica del PSOE –más allá del significado del acrónimo- en lo profundo de su definición ideológica, de su toma de posición europea (sin entreguismos europeístas), de su formulación socialdemócrata (de socialismo democrático constitucionalista, defensor de los derechos y libertades públicas) pro-laborista (interlocutor de la clase media trabajadora del país), internacionalista (en el sentido de apertura frente al cierre del nacionalismo localista excluyente). En definitiva las divisas identitarias e ideológicas de la socialdemocracia europea, que tanta necesidad requiere la ciudadanía continental de que se restablezca a la mayor urgencia, para contrapesar las arrasadoras políticas neoliberales que están desmontando la “Europa Social”.

Pues como el PSOE sea incapaz de hacer su necesaria catarsis para presentar un nuevo liderazgo renovado y fuerte, posiblemente serán otros los que ocupen el hueco que hasta ahora han tenido en el marco político español, pues lo demanda con urgencia la sociedad española –sus votantes y no votantes- dado que lo necesita hasta el propio sistema democrático.

Y sinceramente, el discurso presentado en el debate del estado de la Nación por el líder socialista no parece haber convencido ni a propios ni a extraños, además es todo un síntoma de su falta de liderazgo real el hecho que le abran un debate alternativo no previsto por él, desde sus propias filas, que le hacen perder la iniciativa del discurso de los suyos. Algo realmente preocupante, y sintomático de su falta real de liderazgo. Todo lo cual, habría de debatirse y solucionarse en el seno del propio PSOE, en un profundo análisis ideológico, de la situación, de posicionamiento y estrategia, que les haga salir del largo letargo en el que parece que han caído.

sábado, 5 de enero de 2013

UNA ENTREVISTA “REAL” O UNA ENTREVISTA “VIRTUAL”



TVE ha emitido una entrevista realizada por el veterano periodista Jesús Hermida al Rey Juan Carlos, con ocasión del septuagésimo quinto cumpleaños del monarca. Entrevista que tiene especial valor periodístico y documental por lo inusual de las mismas, así como por el estado de cosas que últimamente está viviendo el país y la propia monarquía.
Conociendo el perfil del entrevistador es fácil imaginar el estilo de entrevista de claro, abierto y expreso vasallaje, nada reprochable si se le pudiera aplicar aquello de que “lo cortés no quita lo valiente”. Pero me temo que no le puede ser de aplicación.
Hermida se movió por la estratosfera en todo momento, tal parece que después de haber retransmitido el famoso alunizaje americano en los sesenta se hubiera quedado él allí también. Todo era de un planteamiento general, inconcreto, casi metafísico. Nada de cuestiones concretas que preocupan al pueblo soberano.
Por parte del monarca se transmitió su buena voluntad,  su declarado sacrificio y esfuerzo personal, su amplia confianza en las capacidades del pueblo español, además de los conocidos tópicos al uso en tal tipo de conversación, que no ahonda en ningún tipo de análisis, y menos en propuestas concretas.
Ciertamente que entrevistar al Rey tiene gran complejidad, no tanto por las preguntas que se le puedan dirigir, sino por las respuestas y sus formulaciones. Dado que en su posición de árbitro de la vida política, cualquier respuesta puede siempre interpretarse como toma de posición concreta en una determinada opción política.
De hecho, ya ha mostrado su queja el Diputado de IU Gaspar Llamazares al interpretar que el Rey cruzó esa línea supuestamente prohibitiva al mostrar su disconformidad con los planteamientos secesionistas, de ruptura de la unidad nacional. ¡Algo que nos extraña que motive la queja del Diputado comunista!. Pues también el Rey es garante de la unidad de España, símbolo de su unión.
Además ¿cómo puede un Jefe de Estado –como es el caso del Rey- hablar de cuestiones de Estado sin que se interprete como toma de posición política?.
Para eso, habría que haber dejado a Hermida hablando y preguntando por “hechos generacionales”, que parece que era lo “políticamente correcto”. Pero también podemos pensar los ciudadanos que, entonces se trata de una “entrevista virtual”, incluso prescindible.
Por consiguiente, hemos de insistir en el valor que tiene la Jefatura del Estado en su configuración constitucional, que es algo más que mero símbolo virtual, para la defensa del Estado, de la Nación española, de su tradición –de la que la monarquía es depositaria-, para su afianzamiento frente a movimientos centrífugos, insolidarios y disgregadores de una unidad que ha de cuidarse y laborarse diariamente, pues solo así España mantendrá su fortaleza interior y exterior.