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miércoles, 11 de septiembre de 2013

LA DIADA INDEPENDENTISTA QUE ESPAÑA NO PUEDE IGNORAR


Este 11 de septiembre, día de Cataluña, se ha puesto de manifiesto el gran alcance que tiene el sentimiento independentista catalán en una sociedad –como el resto de la española- frustrada como colectivo ante la grave crisis económica y política que padece el país, también Cataluña, que ve en la solución secesionista una salida a los problemas del país.
Ciertamente el sentimiento nacionalista catalán, en su desarrollo, siempre ha tenido una tendencia independentista, aunque no era un sentimiento mayoritario, pues este era más bien un sentimiento colectivo de identidad cultural que reivindicaba este hecho diferencial, y un grado razonable de autonomía política, que se llegó a alcanzar con la reinstauración democrática y de la Generalidad catalana en la culminación del proceso de desarrollo del Estado autonómico de la Constitución de 1978.
Pero la tentación del nacionalismo catalán de no verse acotado por un régimen de desarrollo autonómico amplio, casi federal, que agotara su propuesta política, junto con una mala gestión política del gobierno del Estado en relación con la cesión de competencias a Cataluña –pues mientras se negaban en público se concedían en privado, para apoyarse políticamente en los votos de CIU en Madrid- han llevado a una peligrosa e incontrolable deriva secesionista, que ha llegado a calar en profundidad con ocasión de la grave crisis económica que ha revelado el colapso político del modelo de la transición y la Constitución de 1978.
Así, en estos momentos de grave desempleo en España, de un gasto público incontrolable, de unos recortes públicos que generan el consiguiente malestar de la ciudadanía española –también la catalana-, con el consiguiente desprestigio de la clase política y de los partidos tradicionales, especialmente los de gobierno (PP y PSOE) que se encuentran inmersos en crisis de corrupción (caso Bárcenas –el PP- y caso de los ERE´S de Andalucía –el PSOE-), y que no acaban de reformular sus propuestas con liderazgos nuevos que los hagan de nuevo atrayentes para la ciudadanía, lo que conlleva una grave deriva política del sistema, que además es incapaz de dar respuesta a los múltiples problemas políticos que están planteados en el país.
Si además, CIU –partido de gobierno en Cataluña- también se encuentra afectado de casos de corrupción (Pallerol, Liceo, etc.), la estrategia de Artur Mas ha sido la huida hacia adelante, señalando el origen de los males que padecen la sociedad catalana –como la del resto de España- en Madrid, en su vinculación al Estado español, y ofreciendo una meta mesiánica salvadora de la irredenta Cataluña que pasaría por la independencia, ubicándola como un nuevo Estado independiente dentro de la UE, que le daría estabilidad. De forma que el pasado, el lastre que impide a Cataluña emerger de la crisis lo sitúa en Madrid, en su vinculación al Estado español, y el futuro, la liberación, la superación de todos los problemas de los catalanes los hace pasar, arteramente, por un proceso de independencia. Como si fuera el bálsamo que todo lo arregla.
En otro tiempo, ese discurso no se lo compraban a CIU, de hecho ni lo planteaba. Sin embargo, en la actualidad, en la desesperanza que se vive, con el fracaso de nuestros políticos, la falta de liderazgo, ha llegado uno que se ha postulado como el Mesías catalán y ha señalado al pueblo desorientado y harto, una salida a la crisis, una solución a sus problemas. Y esta vez, el pueblo, necesitado de soluciones salvíficas, mesiánicas, se lo ha comprado. De ahí ese gran apoyo a la acción de hoy de la cadena catalana separatista en el día de Cataluña.
Tal realidad, requiere una respuesta de Madrid, del gobierno de Rajoy, al que ya no le vale esconderse, ponerse de perfil ante esta problemática territorial, que a día de hoy plantea un grave reto al Estado, que este no puede ignorar. Como tampoco parece lógico el habitual silencio del Jefe del Estado en esta cuestión.  Algo que forma parte de otra de las causas que ha alimentado el sueño independentista catalán, que acabará contagiando al País Vasco y a Galicia, en lo que potencialmente es uno de los problemas más graves de España, junto con el económico y el colapso político actual del sistema constitucional de 1978, cuya sostenibilidad parece estar en cuestión, pese a los intentos de PP y PSOE de no acusar recibo de la sensación popular de hartazgo, fracaso y frustración ante la falta de resolución de los problemas del país, por parte de nuestros gobernantes.

El complejo de una clase política de la transición eludiendo la defensa de España dentro de la propia España, para evitar ser tachado de franquistas o fachas, ha dejado el campo abonado y dado vía libre a los nacionalismos periféricos disgregadores, pues mientras estos han trabajado en defensa de unas naciones dentro del Estado, para progresivamente ir postulando la salida de este, por parte de los sucesivos gobiernos españoles no se ha elaborado una política de defensa de la nación española, que cohesionara el gran proyecto estatal, que sólo ha sonado en la retórica de los discursos pero no ha constituido una política de acción concreta. Y claro, si el propio Estado no se defiende a sí mismo, el resultado calamitoso disolvente está servido, pues a día de hoy nadie negará que en España hemos entrado en una peligrosa espiral autodestructiva, frente a la que alguien tendrá que hacer algo, especialmente aquellos que tienen altas responsabilidades de Estado, y tras fijar los límites del alcance político –que están en la propia Constitución, e incluso negociar una nueva Constitución, o la reforma de la actual-. Todo lo que exceda, por vía de hechos consumados, como se pretende por parte del desleal gobierno catalán, debería de ser rechazado de plano por las autoridades que ostentan la responsabilidad de garantizar la legalidad constitucional –incluida su proceso de reforma-. No dar respuesta contundente y clara sólo servirá para seguir alimentando un sueño destructivo y pernicioso para la convivencia territorial en España, que se agravará aprovechando cualquier oportunidad interna o externa que la pueda inflamar.

sábado, 1 de diciembre de 2012

DERIVA DEL CATALANISMO SOBERANISTA TRAS EL FRACASO ELECTORAL



Las elecciones autonómicas catalanas han supuesto un fracaso para las tesis soberanistas, pues juntando todos los votos de los partidos que las postulaban no llegan al 50% del voto, aunque rozan esta proporción en escaños atribuidos. Pero con esa exigua mayoría no se puede legal ni racionalmente acometer una deriva secesionista, ya que falta  auténtico apoyo popular.
Aún así, contar enteramente el voto de CIU como voto soberanista es una excesiva concesión a la intención de voto de la base electoral de esta coalición nacionalista, pues representa a la burguesía de derechas catalana, que en absoluto coincide con los planteamientos políticos de ERC –voto de izquierda republicana- que por la frivolidad de la Dirección de CIU ha cogido una fuerza considerable pero poco compatible para coaligarse mutuamente, por su gran distancia en los respectivos planteamientos políticos.
Consecuentemente se constata el fracaso de Artur Más, tanto en la convocatoria de elecciones anticipadas, como en su planteamiento independentista, que le ha hecho perder más de una decena de diputados, pese a ganar pírricamente unas elecciones con un planteamiento secesionista que se compadece mal con los exiguos resultados electorales del mismo.
Así las cosas, si hubiera “vergüenza política”, Más debería haber presentado la dimisión de forma inmediata al cómputo del escrutinio electoral, y haberse retirado de la vida política, pues no sólo se ha equivocado de par a par, sino que ha llevado a cabo una nefasta política gubernamental con graves recortes sociales en una situación de precolapso de su autonomía, a cuya ayuda ha tenido que acudir el Estado poniendo ingentes sumas de dinero para seguir con los dispendiosos gastos del gobierno de Mas, el mismo que con desleal desvergüenza planteó una infame campaña electoral sobre la mentira que “España les robaba la cartera a los catalanes”. ¡Tiene bemoles…!.
Aún así, Más sigue todavía intentando formar gobierno y seguir como si no hubiera pasado nada. Incluso con la oferta del voto de ERC –condicionado a la próxima celebración de un referéndum independentista- trata de formar un gobierno minoritario y débil que será incapaz de sacar a Cataluña de la crisis, por lo que de la mano de la izquierda independentista catalana volverá a las andadas secesionistas, mientras el Gobierno de España trata de minorar el problema ignorándolo públicamente e inyectándole dinero disimuladamente, en una timorata medida política de gobierno, que en breve le volverá a afrentar pese a los apoyos económicos.
De igual modo, otros partidos como el PSC ha bajado en representación fruto de su ambigüedad política, en tanto que Ciudadanos ha subido, el PP se ha mantenido –si bien en el concurso de mayor número de votantes, ha bajado levemente en el porcentaje de voto- lo que también revela que no se puede estar en “misa y en la procesión”, pues pese a criticar a CIU apoya su investidura, sus presupuestos, y saca algunos nombramientos en cargos institucionales como la Diputación de Barcelona, y otros.
Por tanto, quedaría como conclusión que fallido el primer intento, el nacionalismo secesionista pasa a reorganizarse para acometer un nuevo intento próximamente con el anunciado referéndum. Lo cual, lejos de solucionar el conflicto, lo aplaza con signos de enquistamiento, ante la flojera del Gobierno del Estado que mira para otro lado.