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domingo, 7 de febrero de 2016

VALORES DEMOCRÁTICOS ANTE UNA COMPLEJA INVESTIDURA


               
Camino del segundo mes tras las elecciones generales, seguimos sin un claro candidato para presidir el gobierno de España y en este tránsito se empiezan a evidenciar ciertos déficits democráticos de nuestra clase política, poco acostumbrada al diálogo político habitual, al estar acostumbrada al turno de partido de un sistema bipartidista –que sin estar superado, aparenta caduco-.
            En efecto, tras el episodio histórico de la transición política española en que los actores políticos de aquel momento antepusieron el interés común de los españoles al propio de cada formación política, acaso por el ansia de lograr una vuelta a la normalización democrática tras un cruento conflicto civil y cuarenta años de dictadura, apenas se ha practicado el famoso “consenso” con posterioridad, más allá de puntuales entendimientos entre los dos grandes partidos del sistema y el tácito consenso de unas prácticas  toleradas de compatibilidad público privada poco saneadas que han traído no pocos escándalos de corrupción política y confusión entre lo público y lo privado.
            En España hemos estado acostumbrados a gobiernos de mayorías absolutas en los que el partido gobernante ha ido progresivamente neutralizando los frenos y contrapesos de los distintos poderes del Estado hasta hacer prácticamente ineficaz la clásica división de poderes de los modernos Estados, según la formulación de Montesquieu. Y consecuentemente, el poder absoluto se ha ejercido con formas absolutistas, pasando el rodillo mayoritario por las minorías, salvo cuando se ha necesitado de alguna de estas (casualmente procedentes de los nacionalismos catalán y vasco) ante las que se ha claudicado en generosas concesiones  autonómicas –a cambio de su apoyo parlamentario-, que han propiciado el progresivo desmembramiento del Estado y el agravamiento de la cuestión territorial ante la negativa a seguir cesiones inasumibles.
            Así la sociedad española ha estado tradicionalmente dividida en un simbólico eje de derechas e izquierdas, representados  mayoritariamente por el PP y el PSOE, junto los nacionalismos catalán y vasco en los respectivos territorios. Emulándose así el sistema de “turno político” de la caducada restauración canovista, en la que se han mostrado relativamente acomodados PP y PSOE.
            Pero ha bastado la crudeza de la crisis económica de los últimos años, con los ajustes económicos al borde del colapso económico,  que tanto daño han hecho al tejido social, aunque hayan ayudado a cuadrar las cuentas públicas (en las que impúdica e injustamente se han incluido cuantiosas pérdidas económicas de las cajas de ahorros quebradas en manos de políticos del sistema) y la proliferación de casos de corrupción política, para que el cuerpo electoral haya despertado de su idílico letargo, apareciendo dos nuevas fuerzas políticas (a derechas e izquierdas, respectivamente), en la formulación de dos nuevos partidos políticos (CIUDADANOS y PODEMOS) que han esbozado la bandera de la regeneración pública ante la profusión de la corrupción política y el incremento de la brecha social por una crisis económica de la que no se acaba de salir. Por lo cual, la fragmentación del voto ha sido palpable, pasando de dos fuerzas políticas hegemónicas a las actuales cuatro (PP, C´S, PSOE y PODEMOS), siendo las demás meramente testimoniales, aunque por el reparto de votos y logro de escaños todas pueden llegar a contar en la configuración de cualquier opción de mayoría de gobierno.
            Sin embargo ante esta nueva situación, la respuesta de los principales actores políticos no ha estado a la altura de las circunstancias, como tampoco pudiera decirse que lo haya estado a un nivel de mínima responsabilidad política y democrática, pues los descartes de inicio, el señalamiento de “líneas rojas”, vetos y demás postureo político no parece que sea muy responsable ni muy sensato si de lograr acuerdos se trataba. Como tampoco lo ha sido quien ha descrito esta situación de forma alarmante, casi caótica, pues en una democracia caben también estas situaciones de difícil configuración de mayorías, por dispersión legítima del voto. Lo que lleva a la necesidad de entenderse para configurar un gobierno, que no ha de suponer que se imponga ningún programa político concreto, como tampoco empezar a poner condiciones inasumibles para romper arteramente la negociación.
            Tampoco ha ayudado mucho la argucia de los más votados, denominándose ganadores de las elecciones, puesto que aunque numéricamente lo sean, no es así en cuanto al objetivo de gobierno, ya que el sistema parlamentario de gobierno supone el voto para logro de escaños en las Cámaras legislativas, entre ellas el Congreso, del que ha de salir una mayoría de gobierno, que no ostentando la mayoría absoluta se puede conformar por la suma de fuerzas distintas a la más votada, lo cual es legítimo en este sistema de gobierno.  Pues postular pactos o reformas legales para que gobierne la lista más votada sería tanto como pervertir la naturaleza del sistema parlamentario de gobierno. Cuestión diferente es que se apueste por un cambio a un sistema presidencialista (en el que gana la lista más votada –en mayoría simple- , a doble vuelta). Pero esto es un sistema diferente, algo que es el abc de la teoría política, y que no debe de usarse pérfidamente para confundir a la ciudadanía.
            Por tanto, en ausencia de valores democráticos palpables en esta difícil configuración de gobierno, constatamos el déficit democrático en nuestro país, donde se ha gobernado abusando de las mayorías absolutas de espaldas a las minorías contribuyendo al deterioro político y dando lugar a posicionamientos inviables a la vez que poco democráticos y poco sensatos para la estabilidad política y social, aludiendo a la célebre manifestación de “… o yo, o el caos..” para seguidamente solicitar del contrario la generosidad y la responsabilidad de Estado de la que se muestra incapaz.

            Hace falta, pues, más prudencia, respeto por el adversario y por el país, más acercamientos, diálogo y negociación con mentalidad de consenso. En definitiva, valores democráticos, la prepotencia, la verdad absoluta y el trágala, son tics autoritarios y por ello poco democráticos.

martes, 22 de diciembre de 2015

LA REFLEXIÓN POST-ELECTORAL


           Tras la jornada electoral, concluida la larga campaña propagandística de las opciones en liza y vistos los desiguales resultados que arrojan las urnas, cabría hacer un análisis sereno y concienzudo de estos resultados que reflejan una dispersión del tradicional voto en diversas fuerzas políticas –algunas de ellas de nueva creación- y dan lugar a un Congreso fragmentado sin claras mayorías, que obligará a dialogar para hacer las necesarias componendas que se traduzcan en políticas concretas de gobierno, como se corresponde al sistema parlamentario que rige nuestro régimen constitucional.
            Ante esta realidad, no parece muy elegante confundir a la ciudadanía reclamando la formación de gobierno para el grupo más votado (que es la minoría mayoritaria, dado que ninguno ha logrado mayoría absoluta), y en razón a las reglas del juego democrático del sistema parlamentario (que elige diputados –no gobierno-) habrán de ser los diputados los que traten de generar una mayoría estable de gobierno en el seno de la cámara legislativa para la generación del ejecutivo. Y tal proceder –guste más o menos- es el que responde al sistema constitucional que se pactó en la transición, del que ya se sabía que conlleva épocas de mayor estabilidad e incluso mayorías absolutas y épocas de inestabilidad por la ausencia de tales mayorías, que han de generarse con el ejercicio paciente de diálogo y subsiguiente negociación para lograr acuerdos. En los primeros casos, se le critica por los “rodillos” de gobierno en los que una mayoría en el gobierno da la espalda a la oposición, hasta su casi total anulación (que apenas puede operativizar su labor constitucional de control de gobierno, dada la frágil división de poderes del Estado con la que se construyó y desarrolló el sistema constitucional español de la transición); y por el contrario, tenemos el polo opuesto, ausencia de mayorías y fragmentación parlamentaria con débil gobernabilidad. Cuestión distinta es que se planteara una revisión constitucional y un subsiguiente cambio hacia un sistema presidencialista.
            En tal marco constitucional, con una ley electoral que prima a los dos partidos más votados (junto a la concentración del voto –en un claro favorecimiento de nuestros ingenuos constituyentes, de los nacionalismos separatistas, pues ni con eso se han contentado-), nos lleva a una injusta hiper-representación política de los dos partidos más votados (de ahí que el sistema electoral favorezca de raíz el bipartidismo) y a los partidos nacionalistas (catalanes y vascos en permanente pugna soberana con el Estado Nacional de España) que los posiciona la mayoría de las veces como árbitros dirimentes de la formación del gobierno de España –del que paradójicamente pretenden desvincularse-, lo cual ha sido nocivo para España y en los momentos actuales puede resultar incluso letal.
            Por consiguiente, la formación de gobierno en esta situación tan fragmentada es muy complicada, requerirá mucha negociación, humildad, generosidad de miras, etc., sobre todo si no se quiere “rendir plaza” a los enemigos del Estado, cuyas condiciones para obtener su apoyo son en principio y quizá de forma invariable, contrarias a la esencia misma de la Nación Española. Lo cual, habría de prevenir a los próximos estadistas para un acuerdo de Estado de urgente reforma de la Constitución (sobre su sistema de gobierno, la legislación electoral, el sistema territorial del Estado y la defensa clara del “Estado Social” –que parece estar en el fondo de este complejo resultado electoral-).
            Dicho lo cual, cabría reflexionar sobre el cambio producido en la sociedad española para dar cabida a nuevos actores políticos en el marco de una profunda crisis económica y política. Pues tal hecho revela, que a una parte importante del cuerpo electoral no le han satisfecho las soluciones dadas por los partidos tradicionales de gobierno (PP y PSOE), en el caso de los socialistas por su trágico final –que negando la crisis, dejaron al país al borde del colapso económico y hubieron de plegarse a los “poderes fácticos mercantiles”-; y en el caso de los populares, por una gobernabilidad vicaria (según los dictados de Bruselas y Berlín, que ha primado los intereses de los acreedores de la deuda española a los propios españoles víctimas de la crisis económica), que carente de sensibilidad social hizo recortes sociales (cuando más necesarios eran los servicios públicos) y rescató económicamente a parte de la banca española, condonando fiscalmente, también a grandes defraudadores fiscales, manteniendo un sistema fiscal profundamente injusto y una arrogancia de gobierno que le ha indispuesto con parte de los actores políticos de la oposición y de los territorios periféricos en contestación (Cataluña, País Vasco, etc.), que ahora le cierra puertas para los necesarios acuerdos de gobernabilidad.
            Pero sobre todo, por la comprensiva –y hasta condescendiente- actitud en relación con la corrupción política de ambas formaciones, a una de las cuales se le ha colado hasta el “tuétano” la infección, pese a su indecente disimulo. Todo lo cual, ha estado reportando a la ciudadanía un “mensaje político pre-fabricado”, artificial, de poca convicción y solidez, en definitiva poco creíble. De ahí la pérdida de votos de ambas formaciones y del consecuente protagonismo en la vida política actual, que le obliga a compartir espacio y poder político con nuevas formaciones que han surgido del “tremendo enfado popular” por tal grado de “autismo político”, falto de coherencia y sinceridad.
            Y es que si al PP le envolvían sus casos de corrupción nacional, madrileño, valenciano, etc; al PSOE le ocurría lo mismo con los ERE´S de Andalucía. Pero sobre todo, ha sido su falta de reflejos políticos para reaccionar con rapidez contra estos hechos, junto al distanciamiento de la calle, que ha reflejado hasta insensibilidad en casos tan dramáticos como los desahucios hipotecarios (sin dar alternativas sociales al problema de la vivienda, que se reconoce como mero “adorno constitucional”, y lo que es peor, negándose a un cambio de la ley hipotecaria que reconozca la “dación en pago”).
            Sin embargo, viendo la génesis y trayectoria de las dos nuevas alternativas en liza (CIUDADANOS y PODEMOS) habremos de convenir que son dos soluciones de repuesto por la derecha y por la izquierda, respectivamente, que obligará a PP y PSOE a definir mejor sus posiciones y a hacer apuestas políticas más claras, dado que la ambigüedad habitual en la que han estado moviendo (tanto por la derecha –el PP- como por la izquierda –el PSOE-) no da la respuesta política que esperaba su base electoral, de sintiéndose abandonada ha ido al reclamo de las nuevas formaciones.
            Aunque tanto CIUDADANOS como PODEMOS habrán de ajustar mejor sus posicionamientos, ya que mientras la primera ha jugado a un centro izquierda para “pesca electoral” por el centro en ambos “caladeros” de derecha e izquierda, su naturaleza política liberal le ubica indefectiblemente en un centro derecha, lo que obliga al PP a recomponerse mejor en su ámbito de derechas, o a fagocitar a la formación de Rivera, si sigue mostrando su imprecisión neófita, falta de vertebración y compromiso ideológico (ya que no puede ser un refugio de “fugas ambidiestras”), ni como aún se muestra un “partido de aluvión” –mero cartel electoral-.
            Por su parte PODEMOS –que también jugó al enmascaramiento ideológico, con su inicial idea de “transversalidad”- tiene la facilidad de llegar a los “desheredados” de la crisis, acaso analiza adecuadamente la situación política y social (pues no le faltan expertos sociales en sus filas), pero su génesis asamblearia puede darle algún que otro problema de liderazgo, además de que para recomponer la izquierda española (que sería la gran empresa que habrían de acometer) habrían de abandonar cierta “mitología de la épica comunista” y girar hacia un “eurosocialismo” propio de los Estados del Norte de Europa que asiente el “Estado del Bienestar” a todo trance y defienda a la clase trabajadora de este país sin ambages y con dignidad.

            De unos y otros depende su futuro próximo en la escena política española y sobre todo el destino de los españoles que ya va siendo hora que merezcamos justicia, dignidad, paz y respeto.

viernes, 13 de marzo de 2015

EN LA BÚSQUEDA DEL “CENTRO PERDIDO”



          Llegamos a un nuevo periodo electoral en nuestro país en unas condiciones extraordinarias, que lo hacen hasta cierto punto novedoso, por cuanto que parece desmoronarse el tradicional bipartidismo en el que se venía asentando la gobernanza española desde la transición evocando, en cierto modo, la histórica restauración monárquica canovista de finales del S. XIX y principios del XX.
            Ese bipartidismo representado por el PP y el PSOE (que venía a aglutinar a las sensibilidades políticas de derecha –más conservadoras- o de izquierda – más progresistas-), cuyos máximos dirigentes pronto descubrieron allá por los años ochenta del siglo pasado, que en España las elecciones se ganaban por el “centro” político, e hicieron grandes esfuerzos ideológicos y de comunicación para aparentarse “centrados” (enfatizando el PP ser “centro derecha” y el PSOE “centro izquierda”).
            En el momento actual, en que el PP –más allá de su discurso electoralista autojustificativo- ha cogido la bandera del neoliberalismo (en concordancia con el stablishment político-económico de la UE), y el PSOE ha perdido su identidad en la práxis política en la que no le queda apenas margen que adaptarse a la marcada vía del neoliberalismo económico, han emergido nuevas formaciones políticas que tratan de recoger el desencanto de ambos grupos políticos antes hegemónicos, y de paso dar un nuevo tratamiento político, unas nuevas propuestas (acaso no tan novedosas en la práctica), y como el gran “caladero de votos” estaba en el “centro político”, también se autodefinen de centro y se reivindican como tales.
            Así en ese punto encontramos a dos formaciones políticas (nacidas en el contexto comentado): CIUDADANOS y UPyD, que tras debatir sobre una posible fusión o coalición electoral han acabado por rechazar tal hipótesis, y concurren con propia marca y por separado a las elecciones.
            Empezando por el más antiguo, UPyD que liderado por la ex socialista Rosa Díez, se creó como reformulación socialdemócrata ante un PSOE sin rumbo (de la época de Zapatero) y concitó la simpatía de sectores de la intelectualidad de nuestro país, tratando de combinar una ideología “liberal radical” (afrancesada – ilustrada) con una de tipo socialdemócrata, que ideológicamente le posicionaría en el espectro político de “centro izquierda”, dentro de un paradigma político hipotéticamente comunitario – social, habiendo hecho una discreta y presentable labor de oposición (teniendo en cuenta la poca representación política alcanzada)en la que han emprendido acciones judiciales en los grandes casos de corrupción política y financiera, con un planteamiento de Estado-Nación claro en defensa de los derechos de la ciudadanía, así como de un Estado-Social y Democrático (según definición constitucional), habiéndose vertebrado en todo el territorio nacional en el que tiene estructura y organización.
            Por su parte CIUDADANOS, liderado por Albert Rivera, viene a ser una reedición de un proyecto inicialmente autóctono (circunscrito a Cataluña, que no por ello catalanista, ni catalán en su posterior extensión territorial), viene a ser una reformulación pragmática del PP apelando a la defensa de las clases medias, de una ciudadanía desencantada, que se ubica en un escaso programa político de porte liberal (de hecho pactó con el pequeño partido liberal: CDL, que se ha integrado en sus filas), en el que se desliza la idea de cierto desplazamiento de la política a la gestión (es decir: centrar la política – lo político en una eficaz gestión de lo público), como si la política (la comprensión de lo público, del Estado, de la justicia, de la democracia, de la igualdad, de la ciudadanía) fuera poco menos que literatura de clase (de políticos para políticos), poniendo énfasis en la gestión de lo público como el núcleo de interés ciudadano (como si la gobernanza de las instituciones públicas fueran parangonables a la de una comunidad de propietarios). Además, por su improvisación al salto nacional, carece de vertebración territorial. Algo que no aparenta importancia, pero que la tiene y mucho, pues de la comprensión del mundo, de lo público y privado, derivarán posiciones políticas como la de primar servicios públicos o reducirlos (apostando por el Estado de mínimo de porte liberal), etc.
            En cualquier caso, dicho esto a modo meramente enunciativo, pues su desarrollo daría para un análisis mucho más extenso, habrían de ser los ciudadanos responsables de su presente y futuro, los que escudriñaran los programas, los talantes y las acciones para que su voto sea una decisión personal y responsable, de madurez democrática.
            Consecuente con lo dicho, resulta la observación de las nuevas encuestas electorales que le dan una caída en intención de voto al bipartidismo, en tanto que recogen una espectacular subida de formaciones como la de CIUDADANOS, que supuestamente recogería votos en el caladero de desencantados de centro y derecha (especialmente del PP), porque digan lo que digan sus representantes, esta formación política está siendo claramente identificada en el paradigma liberal-conservador (derecha) por parte de la mayoría de la ciudadanía, lo cual les presenta como una alternativa clara al PP, acaso una reedición del PP que incapaz de hacer su propia regeneración política interna, se la van a hacer desde CIUDADANOS, con los que posteriormente cabría la alta posibilidad de que se establecieran pactos políticos y hasta de gobierno.

            Sin embargo, UPyD no ha despegado electoralmente como hubiera sido de prever, puesto que la aparición de PODEMOS (en la izquierda, con sus planteamientos de transversalidad política, junto con una discreta reformulación del PSOE con Pedro Sánchez) e incluso con algunos trasvases a CIUDADANOS (por la derecha), le están dificultando su progresión en el abanico de las opciones políticas españolas, ante lo que habría de redefinir mejor su posición y exponerla con mayor claridad. Si bien, en un horizonte más o menos inmediato no apreciamos su posible encaje o entendimiento político ulterior con otras fuerzas, ya que es menos previsible que en el caso de CIUDADANOS, a la vista de la actual situación.

miércoles, 28 de mayo de 2014

LA UE Y EL BIPARTIDISMO ESPAÑOL EN LA ENCRUCIJADA


Las elecciones europeas del pasado fin de semana han reflejado el  progresivo divorcio de la ciudadanía respecto de la construcción europea que se ha ido elaborando a sus espaldas, al tiempo que también refleja el enfado por las duras medidas de ajuste anticrisis impuestas por Merkel al frente de la UE, que está dañando en bienestar de la ciudadanía europea y desnaturalizando el inicial proyecto continental de una Europa de los ciudadanos.
Por consiguiente, votación en doble clave (europea y nacional), en la clave europea se constata la diseminación del voto y el incremento del euroescepticismo (especialmente de extrema derecha) que en países como en Francia ha obtenido significativos porcentajes de voto que puede hacer peligrar el propio proyecto europeo, por sus habituales planteamientos nacionalistas, insolidarios, y de repulsa de la inmigración. Junto a los cuales, también ha habido un importante voto de izquierdas que cuestiona la actual configuración burocrática y economicista europea, que se plantea una revisión del proyecto hacia posiciones más sociales y teóricamente más solidarias, contrarias al capitalismo financiero del neoliberalismo que estando en el origen de la crisis económica, pretende señalar la salida a la misma desmontando el bienestar social por el que Europa se distinguía en el mundo.
Así, pese a que haya ganado el PPE y se haya recuperado ligeramente la socialdemocracia, entre los cuales tienen mayoría aritmética suficiente para la gobernabilidad europea, no es menos cierto, que el voto de protesta representado por las demás alternativas (a la derecha e izquierda) deben reportar un acuse de recibo en Bruselas, en la reorientación del proceso de construcción de la UE que implique más a la ciudadanía, que la haga más democrática y participativa, pero sobre todo más solidaria de lo que se ha mostrado en plena crisis económica con los países en dificultades, a los que se ha rescatado en unas condiciones de neocolonialismo que está arrasando las economías locales, paralizando su comercio, empobreciendo a la gente y cargándose a la clase media de los mismos.
Por otra parte, en clave nacional, hay un fenómeno emergente que es la irrupción del nuevo Partido PODEMOS, liderado por varios jóvenes profesores de CC. Políticas de la Complutense, y votado por casi un millón y medio de personas, que con un planteamiento claramente de izquierdas (social, republicano participativo, contra el bipartidismo endogámico PP-PSOE) trata de canalizar políticamente el voto de los indignados –que parece haberse organizado finalmente tras la denominada “revolución silenciosa” del 15M-, y que ha levantado una auténtica oleada de reacciones a favor –por parte de amplios sectores de la población que se siente identificada con una necesidad de regeneración de la vida política española-, y en contra –por parte de sectores de votantes próximos al PP-PSOE, que ven peligrar el bloque habitual de gobierno bipartidista de la transición, que se ha ido repartiendo todo el poder político de forma cerrada, rompiendo la división de poderes, favorecido por una legislación electoral ad hoc-. Estos últimos han empezado a dar muestras de cierto nerviosismo, ante la probabilidad que este grupo político siga en ascenso en las propias citas electorales. Al propio tiempo, dada la continua caída electoral del PSOE, y ante la probabilidad que pudiera ser desplazado por IU y PODEMOS, ha generado un terremoto interno con dimisión de su Secretario General y  sucesivos líderes, así como una profunda controversia interna, que no hace sino confirmar lo que apreciamos de “cierre en falso” de su crisis interna en el pasado Congreso socialista, que ha roto las “costuras” que arteramente se tejieron para que el aparato siguiera salvando los muebles, pero que no parecen convencer a sus votantes.
Con todo, creemos que el PP –que ha ganado aritméticamente las elecciones, aunque no se pueda decir tanto en términos políticos, por la pérdida ostensible de votos padecida- habrá de reflexionar, lo mismo que lo debe hacer el PSOE (sumido ya en una nueva crisis interna, que no es más que otro episodio de la que viene padeciendo), y tomar buena nota de lo que significa este nuevo planteamiento del electorado hacia una izquierda no pactista, sino abiertamente reivindicativa, que les debe obligar a replantearse su acción política próxima desacelerando el proceso de ajustes y recortes en el ámbito social (para dirigirlos a otros ámbitos que hasta ahora han sido exonerados de las cargas de la crisis), evitando así un mayor tensionamiento social que incrementaría el voto de PODEMOS e incluso de IU.

Y en cuanto al PSOE, tendría que acabar de poner en práctica las archimencionadas elecciones primarias y llevar a cabo un serio proceso congresual de reformulación ideológica y metodológica, que acabe por cancelar la “política del aparato”, del politburó, endogámica, clientelar que ha dado la espalda a la ciudadanía.

domingo, 9 de marzo de 2014

¿ESPERANZA AGUIRRE LE DISPUTA LA ALCALDÍA A ANA BOTELLA?


Informaciones dignas de crédito apuntan a una guerra intestina en el PP madrileño por alzarse con la candidatura para la alcaldía de Madrid, señalando a Esperanza Aguirre como la que lidera la alternativa a la actual alcaldesa por sustitución Ana Botella, en lo que podría ser un duelo de titanes, pues conocida es la combatividad política de Aguirre y no menos conocida es la fuerza política del ex presidente Aznar que es lógico pensar que activaría toda su influencia para afianzar a su mujer.
Dicho lo cual, no podemos dejar pasar por alto la intrigante figura política de Esperanza Aguirre, quien tras de haber formado parte del gobierno con Aznar, y de haber desempeñado altos cargos del Estado, desembarcó en la presidencia de la Comunidad de Madrid, donde fue asentando un liderazgo personal, que antes no tenía desde puestos más técnicos y alejados de la ciudadanía, sin embargo el estar al frente del ejecutivo de la Comunidad madrileña le dio la oportunidad de mantener un contacto de proximidad con la población, algo en lo que Esperanza Aguirre cautiva a mucha gente con su desenvoltura y cercanía, no exenta de alguna que otra ocurrencia.
Pero más allá de esa cualidad, que aún le confiere un halo de triunfo por su populismo y carácter personal desenfadado, no se puede dejar de considerar algunos peculiares aspectos de su gobernanza de Madrid, de la que se quitó de en medio astutamente –so pretexto de una enfermedad- que no le ha impedido seguir estando presente en la actualidad política madrileña y nacional.
Incluso sus conocidas malas relaciones con  – el entonces alcalde de Madrid, y hoy ministro de justicia- Alberto Ruíz Gallardón, y la pugna que mantuvieron entre ellos con sus secuaces por el control del partido en la capital de España, no le hizo ningún favor, pues generó serias fisuras internas entre compañeros de partido, que se fueron complicando y haciendo bandos irreconciliables.
Además algunos de sus más próximos compañeros políticos se han visto afectados por sospechas de corrupción e incluso de posible involucración en la trama Gurtel. No pudiendo dejar de lado, en esa guerra de “cainismo político” el affaire no aclarado del supuesto espionaje político.
Sin embargo, entre tanto, Esperanza se mostraba como “verso suelto” con sus seguidores en el PP nacional, manteniendo el poder del PP madrileño (del que sigue ostentando la presidencia), y que pese a sus declaraciones de alivio por haber vuelto a la normalidad de la vida fuera de la política institucional, pocos creyeron en la sinceridad de esas palabras.
Pero también hay que recordar que la “lideresa madrileña” –como le llamaba algún sector de la prensa matritense- también mantuvo sus diferencias políticas con Rajoy, cuando insistiendo en soluciones liberales, este recomendó a los que así pensaran marcharse al partido liberal.
Por consiguiente, a sus habituales enemigos políticos internos –por coincidencia de intereses en el PP de Madrid- habría que añadir a aquellos que ni ideológica ni personalmente empatizan con Aguirre, y por si fuera poco, si emprende esta batalla por la candidatura de la alcaldía madrileña acabará enfrentándose a un auténtico poder fáctico del PP (Aznar y su séquito), nada despreciable para quien quiera seguir posicionado en un Partido como el PP en el que gobiernan los cuadros directivos (una elite política interna que controla todo el aparato de poder). Por lo cual creemos que esta maniobra requiere más de una pensada por parte de quien la intente, y especialmente si como dicen, lo está pretendiendo Esperanza Aguirre.

¿Y por qué el cambio?. Ante la sospecha de que Ana Botella –que no tiene ese tirón populista de Aguirre- y a la que no le ha acompañado el tino político y la suerte como regidora de la capital de España, parece que no lograría la mayoría absoluta, que sí parece que podría conseguir Aguirre. Aunque no le daría tanta credibilidad a esas posibles encuestas, dado que aún queda más de un año para el proceso electoral, y aún pueden suceder muchas cosas tanto en Madrid como en el contexto político nacional. Pero si esas informaciones son ciertas, el PP tiene una nueva turbulencia interna, a las ya existentes.

miércoles, 15 de enero de 2014

INDICIOS DE DESMEMBRACIÓN DE LA DERECHA ESPAÑOLA

            

            La aparición pública del Partido VOX promovido por significados disidentes del PP, entre los que se encuentran Santiago Abascal, Ortega Lara –de forma explícita- y Vidal Cuadras –de forma implícita-, junto con importantes líderes de las asociaciones de víctimas del terrorismo, y el conocido político liberal de la UCD, Ignacio Camuñas, están ahormando esta formación política con la intención de recoger a un considerable sector de la derecha sociológica española descontentos con el actual gobierno de Rajoy.
            Ciertamente no es frecuente que haya desmembración de un partido cuando ostenta el poder, y mucho menos cuando lo ejerce con mayoría absoluta, como actualmente es el caso del PP, pero errores políticos de bulto en la agenda política del presidente Rajoy están llevando a un general descontento, entre la población –motivado por los recortes sociales ante la crisis económica, y el sesgo ideológico con el que se ha acometido su afrontamiento por el gobierno de Rajoy-, y en especial entre los votantes del PP en temas tan sensibles como el aborto, la política antiterrorista, la cuestión territorial del Estado (unidad de España), e incluso también los casos de corrupción con particular referencia a los casos Gurtel, Bárcenas y Bankia.
            Por ello, no es de extrañar que ante tanta tensión y elasticidad de las costuras acaben en indeseadas rupturas, pues en democracia se trata de aunar voluntades para hacer efectiva una determinada política sobre la base una previa ideología, por lo que la unión hace la fuerza, en lo que se refiere al logro electoral. Si bien, tal unión aunque no pueda pretenderse la identidad, sí al menos ha de hacer planteamientos compatibles con su confesa ideología que es la que le ha llevado a conseguir el apoyo electoral de la ciudadanía, a la que no se puede, ni se debe engañar, y menos aún a la propia militancia –por satisfecha que se encuentre en el reparto del “botín electoral”-, pues cualquier persona para sentirse tal y ejercer su legítima ciudadanía ha de construir su propio discurso vital, y conformar un guion existencial conforme a ello, que no puede abandonar ante las primeras dificultades, como parece haberlo hecho el PP.
            Algo que sabe muy bien Aznar, cuyo principal mérito político, a mi entender, fue el poder unificar y lograr un discurso ideológico coherente con sus consecuentes políticas que sirviera para la derecha y el centro derecha del espectro político nacional, lo que le supuso el logro de la victoria electoral frente a un PSOE instalado en el poder cerca de una quincena de años, con un líder como Felipe González, que pese a su declive político había ejercido un liderazgo casi carismático en la España de los ochenta.
            Por tanto, cualquier desmembración supone restar votos (el camino inverso al que se ha de seguir si se quiere ganar las elecciones en España, que tradicionalmente se han ganado por el centro), y en la situación actual, ni el PP con una mayoría absoluta en fase descendente –según las encuestas-, no parece que le sobre tanta fuerza como parece estar dispuesto a dilapidar la torpeza política de Rajoy y los sucesos de corrupción que ensombrecen el proyecto político que representa.
            Así un partido de derechas en España (y el PP lo es), podría suponer fácilmente que ciertas políticas que abordan sus pilares ideológicos son inabordables, pues como mínimo se iban a malinterpretar. Tal ha sido la asunción de la excarcelación de presos de ETA en lo que aparenta un guion pactado (entre bambalinas) como supuesta política de Estado, que supondría la asunción del supuesto proceso de paz iniciado por el Gobierno socialista de ZP; y por consiguiente, el tener que desdecirse de gran parte de la crítica política con que la oposición del PP entonces espetó al Gobierno de Zapatero, y hacer “malabarismos políticos” para no disgustar a las víctimas del terrorismo y a numerosos sectores de sus votantes naturales, a los que hoy por hoy, no han parecido convencer, dados los abandonos de Maria San Gil, Ortega Lara y Santiago Abascal, entre otros.
            Si todo esto fuera poco, la unidad de España cuestionada, tanto en Cataluña, como en el País Vasco, con escasa y débil respuesta gubernamental; además la cuestión lingüística asumida ambiguamente según la disposición de los barones autóctonos sobre el tema, que hacen incoherente la defensa estatal de la lengua española que se hace desde el PP nacional.
            Por otra parte, la cuestión del aborto es otra de las cuestiones en que el PP pretendía mostrarse como garante del tradicional orden moral, aparentando asumir las proyectivas de la jerarquía eclesiástica, para conformar a su electorado católico más tradicionalista y a los movimientos próvida, que pronto se han visto defraudados cuando tras dos años de legislatura el Ministro de Justicia presenta un proyecto más restrictivo de ley de aborto que la vigente ley socialista, que nuevamente “rompe las costuras” internas tejidas por el PP con su base electoral, y pone de manifiesto las contradicciones internas entre grupos ideológicos distintos que apenas llegan a converger en la política económica neoliberal de desregulación, privatización de servicios públicos, y sumisión al ídolo del mercado.

            Con esos mimbres se han ido generando internas desafecciones, y ello ha motivado la emergencia de nuevas alternativas –sobre sensibilidades no bien atendidas- que pueden generar la fragmentación del voto de la derecha y del centro derecha, que tendrían que alertar a sus dirigentes sobre la pérdida de poder, y sobre todo la potencial pérdida de un extraordinario logro histórico de reunificación política de la derecha sociológica.

domingo, 19 de mayo de 2013

PP Y PSOE SUPERADOS POR LA CRISIS



La crisis económica ha levantado la latente crisis política, que se agravan por mutua retroalimentación, dado que la ineficacia de las Instituciones democráticas españolas agravan el problema que se generó en el ámbito económico al mostrarse incapaces de dar soluciones eficaces e ir perdiendo progresivamente el apoyo social.
Y es que la crisis económica, al activar la subsiguiente crisis política, ha puesto de manifiesto que el sistema político de la transición está agotado. Algo así a lo que le sucedió al sistema de la restauración canovista, que con el transcurso del tiempo se mostró superado por los acontecimientos políticos y las demandas sociales.
El razonamiento es de “cajón de madera”, ya que se diseñó una democracia limitada, con una ley electoral que primaba los partidos mayoritarios –y por excepción, o mejor concesión a los nacionalistas catalanes y vascos- también a los nacionalismos periféricos, siendo así que el sistema de hecho acababa siendo –como lo ha sido- bipartidista con acceso al gobierno del PSOE- PP, tolerando los “feudos soberanos” de los nacionalistas catalanes y vascos, con los cuales se ha negociado y transigido a extremos peligrosos para la unidad del Estado, como estamos evidenciando con el discurrir del tiempo.
Naturalmente, el sistema requería incorporar de facto a los poderes fácticos más influyentes (Patronal, Sindicatos más representativos, banca, y grupos de prensa de oligarcas políticos –económicos), los cuales, en un pacto tácito, no escrito, han ido sosteniendo el sistema durante estas tres décadas.
De tal manera que el sistema reflejaba las formas del viejo sistema canovista de la restauración, al tiempo que incorporaba un peculiar corporativismo –a modo franquista- institucionalizando a algunos de esos poderes fácticos (especialmente a la CEOE, a UGT y CCOO para los que los presupuestos generales del Estado siempre han contemplado pago por servicios prestados, de una u otra forma). Tal es así, que el sistema financiero que dependía del Estado (Sistema de las Cajas de Ahorro, que ha zozobrado con la crisis económica) hacía reparto de su poder entre los políticos mayoritarios, la patronal y los sindicatos –que ahora patética e irresponsablemente dicen que no estaban convenientemente informados del estado real de las entidades de crédito y ahorro-.
Por tanto, no es de extrañar que ante la potencial quiebra del gran parte del sistema financiero de cajas de ahorro, hayan hecho “piña” todos en defensa del rescate, o sea de la socialización de las pérdidas, con algún que otro artero disimulo, pero lo cierto es que se ha cargado al país con una deuda  superior a los 282.000 millones de euros por la operación rescate a la banca  (entre créditos europeos, ayudas del FROB y avales públicos), que los españoles no teníamos por qué asumir, pues eran deudas privadas.
Además de los centenares de casos de corrupción, de una justicia que no responde ni con rapidez ni con eficacia a enjuiciar, corregir y sancionar estas conductas.
Y sobre todo, con una evidencia, genuina de nuestra particular “democracia de baja calidad”, que resulta de la constatación práctica de la falta de división de poderes (quedando muy claro en los poderes ejecutivo y legislativo, y más que aparente en el poder judicial, ante la designación política del Consejo del Poder Judicial), junto con la dependencia gubernamental de la Fiscalía, que por su condición jerárquica actúa de forma vicaria.
Así las cosas, resulta fácil comprender cómo cualquier contratiempo de entidad, como lo ha sido la crisis económica, ha generado un auténtico tsunami en un sistema agrietado. Pues para acabar de componer el cuadro político-institucional de la España de la transición, nos falta por referirnos al novedoso ingenio autonómico, que no sólo no arregló los problemas territoriales con Cataluña y País Vasco, sino que los ha agudizado y ha extendido un modelo de Estado casi ingobernable y financieramente inviable, pues sin ser federal, contiene 17 pequeños Estados defectuosamente articulados, que nos lleva a reconfirmar aquel diagnóstico orteguiano de la “España invertebrada”, en la que el nacionalismo catalán y vasco suelen conformar una particular “quinta columna” disgregadora de la necesaria unidad del Estado, distorsionadora hacia el interior y el exterior. Dificultando la gobernabilidad del país a extremos insospechados, que nos restan credibilidad exterior y generan el desaliento interior, pero que han sido consentidos como efectos del sistema por el bipartidismo del PP-PSOE, que en la oposición se fustigan en la plaza pública, para luego en el poder seguir idéntico guión.
Como idéntico ha sido el guión seguido por Rajoy cuando llegó a la Moncloa –con una mayoría ingente, que parece haber perdido en poco más de un año en el poder-, tras de haber criticado a Zapatero hasta el hartazgo, para luego continuar con el mismo recetario que aquel aplicó y que le reportó la mayor pérdida de votos del PSOE en la reciente democracia, y de la que aún no ha logrado levantar cabeza –quedando actualmente inhabilitados para una auténtica oposición y presentar cualquier alternativa creíble-.

sábado, 1 de diciembre de 2012

DERIVA DEL CATALANISMO SOBERANISTA TRAS EL FRACASO ELECTORAL



Las elecciones autonómicas catalanas han supuesto un fracaso para las tesis soberanistas, pues juntando todos los votos de los partidos que las postulaban no llegan al 50% del voto, aunque rozan esta proporción en escaños atribuidos. Pero con esa exigua mayoría no se puede legal ni racionalmente acometer una deriva secesionista, ya que falta  auténtico apoyo popular.
Aún así, contar enteramente el voto de CIU como voto soberanista es una excesiva concesión a la intención de voto de la base electoral de esta coalición nacionalista, pues representa a la burguesía de derechas catalana, que en absoluto coincide con los planteamientos políticos de ERC –voto de izquierda republicana- que por la frivolidad de la Dirección de CIU ha cogido una fuerza considerable pero poco compatible para coaligarse mutuamente, por su gran distancia en los respectivos planteamientos políticos.
Consecuentemente se constata el fracaso de Artur Más, tanto en la convocatoria de elecciones anticipadas, como en su planteamiento independentista, que le ha hecho perder más de una decena de diputados, pese a ganar pírricamente unas elecciones con un planteamiento secesionista que se compadece mal con los exiguos resultados electorales del mismo.
Así las cosas, si hubiera “vergüenza política”, Más debería haber presentado la dimisión de forma inmediata al cómputo del escrutinio electoral, y haberse retirado de la vida política, pues no sólo se ha equivocado de par a par, sino que ha llevado a cabo una nefasta política gubernamental con graves recortes sociales en una situación de precolapso de su autonomía, a cuya ayuda ha tenido que acudir el Estado poniendo ingentes sumas de dinero para seguir con los dispendiosos gastos del gobierno de Mas, el mismo que con desleal desvergüenza planteó una infame campaña electoral sobre la mentira que “España les robaba la cartera a los catalanes”. ¡Tiene bemoles…!.
Aún así, Más sigue todavía intentando formar gobierno y seguir como si no hubiera pasado nada. Incluso con la oferta del voto de ERC –condicionado a la próxima celebración de un referéndum independentista- trata de formar un gobierno minoritario y débil que será incapaz de sacar a Cataluña de la crisis, por lo que de la mano de la izquierda independentista catalana volverá a las andadas secesionistas, mientras el Gobierno de España trata de minorar el problema ignorándolo públicamente e inyectándole dinero disimuladamente, en una timorata medida política de gobierno, que en breve le volverá a afrentar pese a los apoyos económicos.
De igual modo, otros partidos como el PSC ha bajado en representación fruto de su ambigüedad política, en tanto que Ciudadanos ha subido, el PP se ha mantenido –si bien en el concurso de mayor número de votantes, ha bajado levemente en el porcentaje de voto- lo que también revela que no se puede estar en “misa y en la procesión”, pues pese a criticar a CIU apoya su investidura, sus presupuestos, y saca algunos nombramientos en cargos institucionales como la Diputación de Barcelona, y otros.
Por tanto, quedaría como conclusión que fallido el primer intento, el nacionalismo secesionista pasa a reorganizarse para acometer un nuevo intento próximamente con el anunciado referéndum. Lo cual, lejos de solucionar el conflicto, lo aplaza con signos de enquistamiento, ante la flojera del Gobierno del Estado que mira para otro lado.

sábado, 22 de septiembre de 2012

IZQUIERDA DESUNIDA Y DEMÁS EFECTOS COLATERALES DE LA CRISIS



La profunda crisis económica y la desafección ciudadana de la clase política dirigente está trayendo una importante crisis política, de consecuencias actualmente imprevisibles, pues la ciudadanía ha constatado que las instituciones políticas, formaciones políticas habituales y sindicatos no están a la altura de los problemas planteados, antes al contrario, o no los abordan con acierto y eficacia, o yerran clamorosamente en diagnósticos y tratamientos.
Consecuentemente se está cuestionando algo más que la labor de este o aquel grupo político, más bien se está cuestionando el actual sistema democrático con fórmulas de participación social alternativa que pretende el rescate de la democracia de las instancias políticas profesionalizadas que sólo escuchan al pueblo, supuestamente soberano, cada cuatro años; llegando algunas, incluso a ganar las elecciones con un programa virtual, dado que tan pronto alcanzan el poder se olvidan del programa con el que han obtenido el apoyo popular y gobiernan con objetivos y preferencias distintas y distantes de las que vendieron a la ciudadanía. Algo, que naturalmente, sectores de ciudadanía consideran un engaño político, una burla democrática. Sobre todo, cuando no se somete el actual programa de gobierno a la voluntad popular a la que se le hizo otro tipo de planteamientos y promesas.
Entre tanto, las primeras formaciones que empiezan a “romper costuras” son las insertas en IU, amalgama de grupos políticos de izquierdas que arroparon al PCE –que con la caída de los regímenes comunistas del Este de Europa perdió ámbito electoral-, y que con escasa fuerza ha tenido una representación poco más que testimonial en los últimos años.
Sin embargo, ante el desmoronamiento electoral del PSOE, IU mejoró los resultados electorales de los últimos tiempos, pero parece ser que la propia crisis, las divisiones internas dentro de la coalición, e incluso algunos protagonismos de los “destronados” está haciendo mella en la formación de Cayo Lara; pues el anuncio de creación de un nuevo partido político con el nombre de Izquierda Abierta (IA), afín a IU hasta en la denominación, patrocinada por el anterior Coordinador de IU Gaspar Llamazares, y a la sazón diputado por dicha formación, no ha dejado de sorprendernos, aunque se entienda que toda crisis supone incrementos de tensión, y sobre todo búsqueda de alternativas por pura necesidad de supervivencia. Aunque esperamos, que en el presente caso, no sea sólo por pura estrategia personal del Llamazares y sus secuaces políticos, pues la división tampoco es muy recomendable en los actuales momentos.
Nada se ha comunicado sobre auténticas disensiones en el seno de IU, o diferencias de criterios políticos que justifiquen la escisión. ¿O acaso será una nueva facción dentro de la propia IU?. En consecuencia, no apreciamos las razones para este singular y súbito desmarque, que ha supuesto esta aparición de IA sin que haya dado tiempo a Llamazares a aclararse en relación con el escaño de diputado que alcanzó bajo las siglas y programa de IU. ¿Mero protagonismo?, ¿diferencias personales?. El tiempo lo dirá.
Pero al propio tiempo, y casi de forma simultánea con la nueva deriva de Llamazares, otro camarada suyo y antiguo Coordinador de IU, Julio Anguita, ha presentado un nuevo movimiento, pues da la impresión que se trate más bien de un movimiento social que de un partido político, según sus propias palabras, denominado FRENTE CÍVICO con parecidas pretensiones de reconducir el malestar popular de la calle hacia fórmulas democráticas más participativas que las actuales de los cerrados aparatos de los partidos políticos. Si bien, lo que no está muy claro es cómo va a hacer valer políticamente esa fuerza, si no se articula como partido político, pues las iniciativas legislativas populares ya conocemos el corto recorrido y la nula eficacia que tienen, y la actividad extraparlamentaria actualmente no cuenta en la agenda de Gobierno, salvo que consiga una contestación popular grande en la calle, lo cual es difícil y peligroso, entre otras cosas por sus imprevisibles consecuencias.
En todo caso, a diferencia de Llamazares más acomodado al stablishment político que Anguita, este último no deja de ser un político de profundas convicciones –que equivocadas o no- defiende con la grandeza del que cree en ellas, y con la legitimidad del que lejos de acomodarse en el cargo político tuvo la grandeza política y la generosidad humana de renunciar a emolumentos públicos que le correspondían por sus cargos políticos desempeñados, una vez abandonados los mismos. Además que con su característica oratoria pedagógica, que une a sus convicciones, conecta directamente con el sector de la sociedad española peor tratado por la crisis y por los poderes públicos (clase media y trabajadora española), lo que nos hace albergar un largo recorrido a su iniciativa.
De ahí, que Cayo Lara y los militantes de IU hayan de empezar a hacer autocrítica de los motivos que han dado lugar a que dos de sus primeros “espadas” hayan optado súbitamente y al tiempo por proyectos alternativos a su propia formación política. ¿Acaso está esclerotizada?. Sería bueno, que dieran su parecer sobre estas novedades políticas de su propio entorno, y sobre todo el futuro al que se encaminan con los nuevos experimentos en su alrededor.
Pero estas iniciativas, aunque casualmente son del entorno de IU, posiblemente no serán las únicas en aparecer –dado que es propio de las crisis, y del colapso de las formaciones institucionalizadas y partidos burocratizados-; así no sería extraño ver alguna iniciativa en el entorno del PSOE (del que ya emergió con cierto éxito UPyD) y especialmente con la profunda caída electoral que tuvo y cuya crisis interna aún no se ha desenvuelto en su profundo calado, por las medidas de contención del aparato del partido, que le funcionaron a Rubalcaba tanto en Ferraz como en algunas federaciones regionales donde algunos sectores de la militancia están mostrando su discrepancia y su hartazgo ante el acomodo y pusilanimidad política de muchos de sus dirigentes.
Sin embargo, en el PP que llegó supervictorioso en Noviembre pasado y cuyo activo electoral de la victoria casi ha dilapidado en poco más de nueve meses de gobernanza errática, de espaldas a su propio electorado e incluso a la ciudadanía con el agravamiento de la crisis económica que han sido incapaces siquiera de controlar, ya ha aparecido un experimento electoral  de la mano de Mario Conde que en competencia con el PP aspira a “pescar en los mismos caladeros” de votos de la derecha y centro derecha española, con abiertas críticas a la gestión gubernamental del PP sobre la crisis y con el apoyo de alguna significativa cadena de televisión, radio y prensa escrita, que se incardina entre la derecha sociológica tradicional española.
Por tanto, o se espabilan los partidos tradicionales, o les “crecerá la hierba a sus piés”, precisamente por pura necesidad que plantea el grave deterioro de la situación económica, social y política, con más que aparente pérdida de soberanía nacional, e incremento de las acciones separatistas de los nacionalismos periféricos catalán y vasco –al que podría unirse el gallego- estos últimos con comicios a la vista que cambiarán el mapa geopolítico en esos territorios de forma no precisamente tranquilizadora para el conjunto de España.

lunes, 26 de marzo de 2012

ANDALUCÍA, ASTURIAS Y LOS PRESUPUESTOS: TRIPLE ERROR DE LA ESTRATEGIA DEL PP


 Los desafortunados resultados electorales obtenidos por el PP en Andalucía y Asturias, revelan un triple error de los estrategas de Génova, ya que por un lado, fueron incapaces de arreglar los problemas internos en la Dirección asturiana popular –evitando que Cascos marchara con otro proyecto-, y por otro lado, ha también ha evidenciado que el bajo perfil de su campaña en Andalucía ha desmovilizado a casi medio millón de sus votantes, y ello pese a la estrategia de demorar los Presupuestos Generales del Estado para no ahuyentar el voto.
Y es que una vez más, se demuestra que ni las encuestas, ni las estrategias políticas, son capaces de reconducir la voluntad de un electorado, cada vez más escamado de la prédica política al uso. Lo que demuestra que la ciudadanía ya ha alcanzado la “mayoría de edad democrática en nuestro País”.
El caso asturiano es el clásico de “peleas de familia”, donde la derecha se ha dividido en dos opciones, más personales o parroquiales que propiamente ideológicas, con lo que ello ha supuesto de división de fuerzas y dispersión del voto, que según los datos escrutados –y los aún por escrutar, del voto por correo-, dejan la gobernabilidad asturiana en el aire, pues aunque el PSOE ha sido la fuerza más votada, sin embargo la pinza entre FORO y PP pudiera –de confirmarse el escrutinio- ser la fuerza de gobierno en el principado. Algo que plantea la futilidad y el error político del PP, al no dar cabida a su antiguo dirigente, a favor de “cabildillos locales”; cuando Cascos conocedor de su tirón entre gran parte de la militancia y la ciudadanía asturiana, no se achicó a las órdenes de Génova y se marchó para liderar otra formación con tintes algo regionalistas para marcar cierta diferencia de identidad entre su propio electorado – cogido del habitual del PP-. Y donde antes Génova no dio “cuartelillo” a Cascos, ahora no tiene más remedio que ponerse en sus manos si quieren que la derecha retome el poder en Asturias. ¡Menudo chasco…!.
El caso andaluz es distinto, aunque el candidato es el de casi siempre (Arenas), que se presentaba por cuarta vez, y por cuarta vez ha perdido la posibilidad de acceso al gobierno andaluz. Lo cual, daba cuenta de la dificultad de la empresa, donde la sociología andaluza ha acogido tradicional y democráticamente siempre mejor a la izquierda, en un medio rural antiguo donde el contraste entre el terrateniente y los labradores resulta ser aún importante y vigente.
Aunque las tres décadas de gobierno de izquierdas, con su consiguiente desgaste, la reciente pérdida del Gobierno del Estado, y los casos de corrupción andaluza, que dieron lugar a anunciar un “vuelco electoral” en las encuestas, sin embargo no han sido suficientes para convencer al electorado andaluz, de forma mayoritaria, en la necesidad de un cambio político.
Sin embargo, hay otro dato no menor, que deriva de la contemplación de que en las elecciones generales de noviembre pasado, el PP obtuvo en Andalucía dos millones de votos –con los que habría conseguido la mayoría absoluta para gobernar desde el palacio de San Telmo-, pero que paradójicamente cuando se esperaba su concurrencia en las urnas para hacer efectivo un supuesto cambio, sin embargo se ha descolgado nada más y nada menos, que medio millón de votos. ¿Qué ha pasado para que este dato se haya dado?.
¿Acaso el bajo tono político de la campaña electoral, su escasa atracción del voto propio?, ¿quizá los recortes económicos practicados desde el Gobierno Central del PP?, ¿probablemente el triunfalismo tácito del PP ante unas encuestas tan favorables?. Eso es algo que los estrategas de campaña del PP habrán de estudiar con cauteloso detalle para evitar volver a errar en futuras acciones. Pero es evidente, que se ha dado una importante desafección del voto popular en estos tres meses, que no ha sido capaz de movilizar y afianzar la campaña política de Arenas, mientras que el voto socialista sí ha respondido con fidelidad al resultante de las últimas generales.
Ahora bien, lo que sí pone de manifiesto es que Andalucía tiene una mayoría absoluta de izquierdas, que si consigue pactar gobierno –como parece-, hará de “cabeza de puente” de oposición política al Gobierno Central de Rajoy, siendo así cabeza de contestación social de izquierdas a las políticas liberales de derechas, que probablemente puedan conllevar un contrapeso en la acción de gobierno de Rajoy –que en las propias Cámaras legislativas no tiene, por ostentar una cómoda mayoría absoluta-, pero que evidencia que una parte importante de la ciudadanía española no comparte ciertos recortes sociales, lo que habrá de dotar de mayor cautela, diálogo y consenso la acción de gobierno de la Moncloa.
Y sobre todo, parece claro que el PP no tiene líder en Arenas para regir Andalucía, con esta cuarta derrota, no parece que sea recomendable seguir apostando por él para sucesivas campañas. Por lo cual, se habría de abrir un periodo sucesorio en el PP andaluz para encontrar un nuevo líder que sea capaz de conseguir los logros electorales que se le niegan de forma tan persistente al veterano Arenas.
Por último, quedaría dejar constancia de la inutilidad de la estrategia de “esconder” el proyecto político derivado de los ajustes económicos, demorando artera pero peligrosamente los presupuestos generales del Estado para no perjudicar los intereses electorales del PP andaluz, con el costo político que ha conllevado en la UE y el propio económico en la prima de riesgo de los mercados. ¡Gran paradoja…!, de quienes urgían la marcha del presidente Zapatero, para poder tomar medidas urgentes en orden a enderezar la economía española, y que una vez en el poder, no tienen prisa en hacerlo por intereses electoralistas regionales. Algo que aparenta ser, cuanto menos, irresponsable, e inmoral. Y para colmo, de nada les ha servido, habiéndonos perjudicado a todos en la credibilidad como Nación.

martes, 8 de noviembre de 2011

RAJOY – RUBALCABA UN DEBATE LIGHT


Ayer se celebró el anunciado debate culmen de la campaña electoral entre los líderes de las dos principales fuerzas políticas, Alfredo Pérez Rubalcaba (PSOE) y Mariano Rajoy (PP), entre los fastos preparados por los máximos gurús de los medios audiovisuales de la Academia de TV, moderados por Manuel Campo Vidal.
El evento aunque despertó el tradicional interés informativo, y en particular por la difícil situación económica y política de la UE, sin embargo apenas se entró en profundidad de los principales problemas que aquejan a los españoles. Sirviéndose un “producto light”, en el más puro sentido electoralista, sin que ninguna de las partes profundizara realmente en sus análisis, ni mucho menos en sus fórmulas para solucionar la problemática que se iba enunciando.
Con todo, resulta que el representante socialista tenía de partida una difícil labor, dada la torpeza de su gobierno en el afrontamiento de la crisis económica, que nos ha supuesto ser el país con mayor paro laboral de la UE. Además que el afrontamiento de la agenda política de Zapatero por mor de presumir de progresismo de salón, sin embargo no ha tenido una decidida defensa social, como prueba el hecho de la última deriva de su política laboral que le supuso la respuesta sindical de una Huelga General. Lo cual, ha supuesto que cunda el desencanto en los sectores de la izquierda política –que mayoritariamente ha representado el PSOE-, pues este sector social no se considera adecuadamente atendido por los socialistas con las políticas de los últimos años, habiendo dado como consecuencia una importante desmovilización del voto de izquierdas, como se puso de manifiesto en las pasadas elecciones autonómicas, en las que triunfó abrumadoramente la derecha. Por tanto, difícil labor la encomendada a Rubalcaba para que se haga merecedor del voto de ese sector desmoralizado, desmotivado, con sentimientos de abandono y pérdida en la crisis.
Por su parte, el representante del PP afrontaba el debate acariciando el triunfo anunciado por las encuestas, aunque más que por mérito propio y de su grupo, por el puro desgaste del gobierno socialista, a los que tampoco les ha prestado apoyo eficaz como oposición en esta difícil situación. Pero que sin embargo, para asegurarse el triunfo, no acaba de desvelar los procedimientos que piensa emplear en la acción de gobierno para salir de la crisis, con el fin de no asustar a la clientela política, y de no movilizar el voto en contra de la izquierda desmovilizada.
Sin embargo, fue a ese punto oscuro al que dedicó su empeño Rubalcaba para poner en claro ciertos puntos del programa de gobierno popular que –dentro de su redacción ambigua- pudieran entenderse como modificaciones al sistema de protección del desempleo, a las pensiones, o a la financiación de la sanidad y la educación; así como a las propuestas de reforma de la negociación laboral que hace el PP, que los socialistas califican de cesiones a la patronal y desarme de la protección social y laboral de los trabajadores. Siendo en esto muy hábil Rubalcaba, pues consiguió sacar de su guión a Rajoy y llevarlo varias veces a esos puntos conflictivos que no fue capaz, o no quiso aclarar.
Pero eso no exonera, la fácil crítica –por evidente- del fracaso de las políticas de empleo socialistas, cuyo anterior lema, para más Inri era “por el pleno empleo”, que ha podido pasar a la historia más como un brindis al sol que como una realidad lograda, por los perniciosos resultados conseguidos, que no pueden dejar indemne a cualquiera.
Más allá de todo esto, apenas se pudo evidenciar que se trataba de dos formulaciones distintas para acometer la crisis económica, la de la predicada austeridad del PP, y la de una austeridad amortiguada para preservar el “Estado del Bienestar” del PSOE. Cada una de estas formulaciones tiene sus pros y contras respectivos, y en todo caso, requiere de una mayor concreción que la que se dio por parte de ambos candidatos, así como precisa la colaboración de la ciudadanía  y de los poderes del Estado –agentes sociales, fuerzas políticas e Instituciones Públicas-, de forma consensuada a modo de un necesario “pacto de Estado” que fije el rumbo de la nave estatal sin mayor demora, con todo el impulso posible. Pero sin que se “quemen motores” en el esfuerzo, pues no sería justo ni razonable.
Así las cosas, cada cual que reflexione la fórmula con la que se identifica, por considerarla más razonable para aplicarlas en el momento presente, y de forma decidida emita su voto.
En este punto, partimos del análisis de lo que apreciamos en el debate, según la “fórmula a dos” –de los partidos más representativos-. Pero también no podemos, ni queremos obviar las múltiples opciones que ofrecen otras fuerzas políticas con menor representación, cuyos mensajes están al alcance de cualquier ciudadano mínimamente interesado en informarse, especialmente en la actualidad con los medios informáticos y las nuevas tecnologías de la información que facilitan todo tipo de aporte documental de cualquier tipo de fenómeno social. Aunque habrán de considerar, que por imponderables legales – más concretamente de la ley electoral vigente- el voto individual no suele tener el mismo valor efectivo según la opción, o el lugar donde se emita. De forma, que quien emita su voto a las opciones minoritarias, salvo que resultaran finalmente mayoritarias, su peso específico quedaría diluido, al perder valor relativo, respecto de los que se formulen a las fuerzas mayoritarias –que resultan primadas en el cómputo resultante de la ley electoral-. Detalle que también habrán de tener en cuenta aquellos votantes no especialmente comprometidos, ni cautivados por ninguna fuerza política concreta, pero sí orientados en cuanto al sentido del voto dentro del espectro político de izquierda y derecha; en cuyo caso, habrán de tomar en consideración el denominado “voto útil”, entregando su voto a alguna de las dos fuerzas mayoritarias que representan las dos grandes formulaciones a las que nos hemos referido.
Con todo, no nos parece que el debate haya sido determinante para un vuelco en la intención de voto. Si bien, creemos que la estrategia de Rubalcaba de poner en evidencia ciertos riesgos sociales en los cambios atisbados en el programa del PP, ha podido llegar a lograr su pretensión de movilizar el voto de izquierdas desmotivado, aunque no lo haya logrado plenamente. Y así será determinante, la vivida necesidad de cambio en la adopción de medidas eficaces de nos saquen de la crisis y activen la vida económica, algo en lo que parece que también el PP ha conseguido el objetivo de presentar esa necesidad ante la opinión pública, unida con un cambio de gobierno. Sentimiento que irá creciendo en la medida en que se agrave la situación de la UE con Grecia e Italia en situación comprometida, que puede arrastrar también a España, y que por desgracia lejos de arreglarse, por días se va agravando. Lo que revela la importancia de los errores del actual gobierno socialista en su gestión de la crisis, y por ende la necesidad de un cambio.