martes, 26 de junio de 2012

APAGÓN DE LUCES Y DESPIDO DE TAQUÍGRAFOS



En democracia se ha hecho célebre la frase “luz y taquígrafos” con referencia a la necesidad de transparencia de la vida pública, esa misma transparencia que tanto han cacareado los políticos cuando les ha interesado; y de la que prescinden cuando no les interesa, especialmente si suponen que no saldrían airosos de la críticas de la oposición, que también tiene su importante labor de control en toda democracia seria que se precie.
 Nos encontramos con que este año los españoles nos quedaremos sin la habitual sesión del Congreso sobre el “Estado de la Nación”, pues el presidente Rajoy en plena zozobra económica del país, cuya situación real aún no ha explicado a los representantes del pueblo, ha preferido mantener la opacidad sobre su gestión interna y externa de la crisis, en la que nos rescatan –pero no es un rescate-, se presta al Estado –pero es cosa de los bancos y para los bancos, por lo que no nos va a costar al contribuyente-, y además es un préstamo sin condiciones –pero se le conocen requisitos de interés, de plazo, carencia, y hasta exigencias macroeconómicas de política económica-. Y aún así, no le parece necesario a Rajoy aclarar en la sede de la soberanía popular, todo este galimatías de medias verdades, y auténticas mentiras. ¿Qué hay en todo ello que no conviene que se sepa a los cuatro vientos?. ¿Qué trata de taparse, en una mediocre gestión, digna de mejor ocasión?. 
Han transcurrido poco más de quince días desde que el Gobierno de Rajoy nos vendiera la ayuda europea a la banca, con todo tipo de eufemismos optimistas, y lo presentara como un triunfo para consumo interno –lo que le costó más de un reproche y mosqueos en la UE prestamista forzada, ante la gravedad y contumaz realidad-; y sin embargo, aquello que era poco menos que el “euromillón” para España, aún está negociándose, y vamos descubriendo que es una nueva hipoteca sobre el futuro de nuestro país para salvar un sistema bancario codicioso, incompetente e insolidario con la propia población española, que acaba siendo avalista de su recuperación, en tanto la banca permanece inmisericorde ante sus deudores hipotecarios a los que desaloja de sus hogares sin mayor reparo ético.
Pero aún así, estando el país en grave emergencia económica y social, para Rajoy no resulta necesario ningún debate en el Congreso de los Diputados; eso sería tanto como “darle cuartelillo” a la oposición, que no parece serle digno de ello; pues tampoco se siente ni legal, ni políticamente obligado a explicar nada.
Tenemos en ciernes un amplio recorte del sector público, una importante batería se subida de impuestos, para ajustarse a la realidad económica actual. Pero a Rajoy tampoco le merece la pena explicarse sobre sus proyectos políticos inmediatos, debatirlos y analizarlos. ¡Qué más da..., si tiene el “rodillo” de la mayoría absoluta!; ¿a qué teme?, ¿o acaso desprecia el parecer de la oposición sobre todos estos temas?. Tal actitud revela un talante autoritario y poco democrático.
Al propio tiempo estamos asistiendo a una de las mayores crisis habidas en el Poder Judicial, tercer poder constitucional del Estado, con el “acoso y derribo” por parte del órgano de los jueces a su presidente, hasta conseguir su dimisión. Algo insólito en doscientos años de vida del poder judicial en su versión moderna de Tribunal Supremo. Pero tampoco parece que sea necesario debatir nada.
Ha habido un relevo con modificación del régimen de nombramientos en el Ente Público RTVE, acomodado a la nueva mayoría absoluta del PP, que ha hecho su particular desembarque. Pero tampoco, resulta ser objeto de debate parlamentario.
Desconocemos el plan definitivo de reestructuración del sector bancario, que ahora posiblemente lo reajusten nuestros acreedores europeos. Y tampoco resulta haber el menor interés por su debate.
Estamos en pleno proceso de reestructuración o desmontaje del “Estado del Bienestar”, con un cuestionado sistema autonómico, pero sigue sin ser motivo de debate.
Todo ello, que hace que pensemos en que se ha producido un “apagón de luces y despido de taquígrafos”, es un mal síntoma del estado real de nuestra democracia, pues este nivel de opacidad en asuntos tan decisivos e importantes para la vida pública como los aludidos, supone que se le tengan que poner serios reparos a los usos democráticos del presidente Rajoy.
Rajoy no debe olvidarse que es el presidente del Gobierno de España, que representa institucionalmente a todos los españoles, y políticamente debe someterse a control parlamentario –que para mayor paradoja, supera numéricamente por su mayoría absoluta-, pues lo mismo que se hace camino al andar, la democracia se desarrolla con sus rituales y formas que son necesarias para la salud del sistema. Por ello, creemos que es más que necesario el “debate del Estado de la Nación” que se trata de escamotear.

viernes, 15 de junio de 2012

UNA GRECIA DESESPERANZADA EN BUSCA DE SU FUTURO



Grecia está atravesando una de las etapas más oscuras de su historia reciente, con una situación de quiebra económica, apenas sustentada por las cordadas de sus acreedores para evitar perder lo prestado, pero que no considera con realismo el sufrimiento del pueblo heleno ante las draconianas condiciones impuestas por aquellos, que están determinando que el propio pueblo se plantee aquello de que “de perdidos al río”.
En tales circunstancias acude Grecia a una nueva cita electoral este fin de semana, en cuya base decisoria está un gran dilema que pronto se despejará y que traerá consecuencias para gran parte de Europa.
Por un lado, se trataría de continuar en la UE siendo neocolonizados –aunque eufemísticamente se hable de “rescate”, o “intervención”-, en que la nueva potencia colonial en el nombre de la banca acreedora de los griegos, les marcará el surco del que no se podrán salir, so pena de que los acaben abandonando y asfixiando económicamente.
Por otro lado, se procuraría la liberación de las ataduras de la inmensa deuda que les condiciona el presente y el futuro; el reconocimiento de la impotencia, de la auténtica insolvencia, y volver a empezar por sus propios medios –pues el precio de esa verdad, de recuperar la libertad como país, es el abandono a las “tinieblas externas”-. Aunque no siendo el único país en haber quebrado, tras un periodo inicial difícil, se acaba recuperando la actividad.
La diferencia entre una y otra posición apenas radica en algo importantísimo, que se llama libertad, soberanía del pueblo griego, aunque se hayan de reconocer errores pasados, pero no se pueden perpetuar si la asunción del pago de la deuda –vía ayudas- no da apenas para vivir a un pueblo que se siente estafado y esclavizado, para finalmente ser abandonado a su suerte. ¿Esa es la solidaridad de la UE con sus propios socios?.
En consecuencia, tal grado de desesperanza, lleva a prever un ascenso de las posiciones antieuropeas, en la forma en que la propia UE se ha posicionado –construida a medio camino, sin apenas explicar el rumbo y el proyecto a la ciudadanía- y mostrado incapaz de arreglar los problemas económicos en la zona euro.
Especial atención hay que prestar al izquierdista Alexis Tsipras que ha acabado moderando su discurso de ruptura con la UE, para plantear otro de renegociación de las condiciones de la deuda, ante la evidencia que Grecia no puede salir adelante en las presentes condiciones. Y sobre todo, porque Tsipras plantea algo que late en la conciencia de muchos europeos, aunque la socialdemocracia europea no acaba de abanderarlo, y que pasaría por la pretensión de reforma profunda de una UE  de las finanzas, de porte neoliberal, por otra más social.
El éxito del discurso de Tsipras radica en que en estos momentos ha sido el único político capaz de articular un mensaje con eco social que plantea un rumbo político definido y claro, más allá del aturdimiento del resto de la clase política ante el imperativo de tener que gobernar al dictado de los acreedores, subvirtiendo así el principio de soberanía nacional, que ha de ser sagrado en cualquier democracia que se precie.
En cualquier caso, asistiremos a un histórico pronunciamiento de la sociedad griega; y sobre todo, dadas las dramáticas circunstancias, a los españoles, italianos, portugueses,  e irlandeses nos podría servir de ensayo experimental para nuevas tomas de posición soberanas, que si lo fueran de conjunto en el seno de la UE aún tendrían más éxito. Pues en definitiva, la desesperanza de los griegos es compartida por muchos ciudadanos de los países intervenidos o apunto de serlo, y el “sueño europeo” se empieza a convertir en una “pesadilla” de la que hay que despertar ya, resolviendo el problema de fondo –por vía de reformas internas y comunitarias-, o abandonando un tren que lleva una velocidad y tiene un costo que no nos lo podemos permitir, pues los que llevan billete de primera tienen poco interés por la confortabilidad de los pasajeros de segunda. Amen que dicho simil ferroviario, supone un mal comienzo para una sociedad de naciones, en las que unos se imponen sobre otros, o se desentienden de los problemas que les acarrean algunos imponderables de la sociedad.

domingo, 10 de junio de 2012

EL “SUAVE” RESCATE DE ESPAÑA



Finalmente ha sucedido lo esperado, aunque indeseado, y multidesmentido rescate a España, que se presenta como un “rescate a la banca española”, pero que es la primera edición de una intervención europea, que si no se remedia, acabaremos por padecer en unos meses. Y ello, aunque los eufemismos gubernamentales en España no quieren oír hablar de rescate, sino de línea de crédito a la banca, por mera estrategia política, aunque veremos lo que piensan los mercados.
Pese al planteamiento del ministro de Economía español sobre la ayuda de la UE a la banca española, hemos de reconocer –ateniéndonos a la realidad de los hechos- que ese crédito se entrega al FROB –institución gubernamental- y se avalará con cargo al Erario Público –pues nos lo computan como gasto público, que lo incrementa considerablemente-, para que el FROB lo vaya entregando a las entidades bancarias con problemas económicos (desconocemos si será un mero crédito, o será la fórmula de Bakia –por compra de acciones, con lo que no sería crédito sino participación en la propiedad del negocio-).
Además el ministro de Economía español dijo que no representará ningún tipo de condición de política económica española. ¡Inaudito…!. Seguro que no se lo cree ni él. Puesto, que las condiciones se demoran a próximas reuniones, pero de hecho, por ahí van circulando recomendaciones previas de Bruselas sobre ajustes económicos urgentes que habría de emprender nuestro país.
Todo esto ha venido en medio de una serie de declaraciones gubernamentales negando la mayor de cualquier tipo de rescate, hasta antes de ayer, lo que unido a este tipo de disimulos, nos lleva a preguntar ¿por qué actúa así nuestro Gobierno?. ¿Improvisa?, ¿se le ha escapado la situación económica de las manos?, ¿están operando imposiciones de la UE?, ¿esta sería la primera fase de una potencial intervención?. Ninguna de esas preguntas –y otras semejantes- deberían de quedar sin respuesta razonable por parte de Madrid y Bruselas de consuno; pues de lo contrario, se acabará acusando recibo en los mercados, y podríamos entrar en una espiral imparable, en que pese a este dinero europeo, España pudiera perder credibilidad mercantil para poder colocar su deuda de forma habitual, y eso sería nefasto para nuestra economía y también para la europea.
Por otra parte, la gestión política de la crisis económica del Gobierno de Rajoy no está siendo todo lo eficaz que hubiera sido deseable, ya que el desajuste autonómico aireado en el extranjero, con incrementos progresivos de deuda, ni el affaire de Bankia se han llevado bien; y eso ha minado la maltrecha confianza en la “marca España”, y ha acabado por desencadenar este tipo de acciones de rescate, que de otra forma se hubiera podido evitar, pero tal como se han sucedido los acontecimientos, especialmente en el último mes y medio, era poco menos que esperable.
De igual modo, que nadie piense que este crédito de ayuda europeo no lleva contraprestaciones, más allá de los intereses comerciales, pues los ajustes económicos habrán de llevarse a término; o de lo contrario, lo único que supondrá este crédito es prorrogar una inevitable situación final de insolvencia. Por lo que habrá que estar muy atentos a las medidas económicas que el Gobierno de Rajoy adopte en las próximas fechas.
En cualquier caso, dadas las circunstancias, esta ayuda viene a nuestra economía como “agua de mayo”; pero que no nos confundan las apariencias, pues si ha sido así formulado el inicial rescate, no quiere decir que lo peor haya pasado ya. Puede haber pasado si se manejan bien los resortes gubernamentales de la política económica, lo cual sigue requiriendo drásticos ajustes del gasto público –no debiendo descartar la reforma del sistema autonómico-, y medidas de activación económica que permitan generar mayores ingresos para pagar la ingente deuda pública que hemos generado –que dicho sea de paso, se encuentra al límite de la solvencia real de nuestro país-. Por lo que hemos de entender que estas medidas y las subsiguientes que se adopten, son medidas al límite de nuestras posibilidades para intentar evitar una quiebra, de la que hemos sido incapaces de alejarnos hasta ahora, y veremos si lo conseguimos.

domingo, 3 de junio de 2012

¿Qué vida se garantiza a los españoles, portugueses, irlandeses y griegos en el euro?



La crisis económica que amenaza al euro y que lleva a intervenir economías nacionales de la zona monetaria europea, parece que está llegando a un desenlace, ante la evidencia que las cosas no pueden continuar así, con economías semicolapsadas, escasez de crédito, elevadas cifras de paro y diferenciales de la prima de riesgo privativas para sus economías.
Por tanto, todo apunta que se acerca el inquietante desenlace, bien en forma de solución conjunta desde la UE para salvar estas economías, bien para que estas acaben por abandonar el euro, ante la imposibilidad de seguir los requerimientos de la autoridad monetaria europea.
Así, aunque decidirán los de siempre, los poderosos –hoy llamados “mercados”-, puede que el sueño europeo esté llegando a su fin. Como ya está en sus estertores el “Estado del Bienestar” que alguien ha decidido, desde su poderosa “torre de marfil” que es un exquisito menú impropio de pobres, pues dicen que no nos lo podemos pagar. Naturalmente, aunque pueda haber algo de razón en ello, no es menos cierto que tal afirmación atufa a un egoísmo digno de mejor empeño, pues tampoco se ha hecho un análisis serio y profundo de los gastos que tenemos y hemos venido manteniendo cuáles de los mismos son prescindibles, sino que se ha ido directamente contra los pocos beneficios alcanzados por las clases medias y trabajadora después de años de fatigas con algunos logros.
Por tanto, en esta opacidad, en que el pueblo está prácticamente al margen de lo que está sucediendo, salvo para sufrir las consecuencias de una nefasta gestión de la crisis por parte de nuestros políticos, y aún peor, por parte de los euroburócratas que abordan el problema desde una frialdad y una estrechez de miras que pone de manifiesto la lamentable ausencia de un liderazgo político europeo que fije rumbo a esta utopía confederal que lleva más de dos décadas en proceso de construcción no culminada; que es uno de los motivos de la actual crisis que padecemos, por faltar la política fiscal común que debiera haber acompañado a la monetaria.
En cualquier caso, aparte lo que hagan los poderosos de Europa y de cómo gestione Rajoy sus cartas –pues aparenta haber amagado con abandonar las propias iniciativas hasta la cumbre europea de finales de mes, algo que probablemente no aguante la situación y que posiblemente incluso la precipiten-; la cuestión es ¿qué nos espera en la UE intervenidos o semi-intervenidos?, pues resulta claro que la banca española ha sido un problema añadido que finalmente nos precipita a tener que ser, al menos “remolcados”. De entrada parece que ponen duras condiciones de ajuste del gasto público –le duela a quien le duela, y sea justo o injusto, pues de nuevo el dinero es lo único importante-, recorte de prestaciones sociales de paro, recorte posible de pensiones con prolongación de la edad máxima de jubilación, y toda una retahíla de medidas que nos llevarán a tener que subir impuestos y estar debiendo dinero durante más de una década, lo que lleva a hipotecar nuestro futuro en un par de décadas mínimo. Y siempre con la “espada de Damocles” ante cualquier desvío del rumbo marcado. Algo que podría definirse como una “neoesclavitud”, o quizá más suave, una “neocolonización”. Que tras la II Guerra Mundial no se instaló en Europa para evitar la crisis bélica con raíces en las duras indemnizaciones y sanciones de guerra impuestas a los alemanes en el Pacto de Versalles. Y sin embargo se optó por la creación de la CEE, tras la implicación activa de EEUU en el Plan Marshall de rescate al viejo continente asolado por los destrozos de la guerra. ¡Qué pronto se ha olvidado…!.
 Hemos de despertar de la utopía europea, pues esto deja de ser un sueño de libertad, de progreso e igualdad, para convertirse en una pesadilla de mercadeo infame, y sálvese quien pueda, con la complicidad de la mediocridad de los políticos nacionales.
Naturalmente, en ese horizonte hablar de nuestros socios europeos sería un sarcasmo. Pues no se han mostrado socios, sino rigurosos y cicateros administradores, de unas deudas que el propio sistema –por injusto, incompleto e inadecuado- ha propiciado, junto con una irresponsable actuación de nuestra clase dirigente, que tampoco ha desempeñado bien sus obligaciones de control y buena administración en los distintos gobiernos y mesogobiernos territoriales y locales.
¿Cuál sería la alternativa?. A estas alturas, prácticamente sería una, la de abandonar el euro. Aunque quizá cabría establecer urgentes contactos con los países que están como España (Italia, Grecia, Portugal, e Irlanda), con acercamiento al Gobierno Francés de Hollande, para hacer un planteamiento común en Bruselas.
Si no fuera posible, la alternativa sería el abandono de la moneda europea por parte de España, que recuperaría el control monetario y podría proceder a la necesaria devaluación de la moneda, como se hizo en numerosos episodios análogos en nuestra historia reciente (la última por Solchaga en la mitad de los ochenta), renegociando la deuda con medidas de quita y espera, evitando este sufrimiento económico, aunque trajera consecuencias inflacionistas, y perjudicara la competitividad. ¿Qué competitividad creen que podemos tener con la “losa” de una gran deuda financiera?, aparte que nuestros intereses –visto lo visto- hemos de defenderlos nosotros, algo que no garantiza una intervención económica, en que nuestros antiguos socios –actuales acreedores, y competidores comerciales- tratarán de  reconducirnos por los cauces que les sean más interesantes, que no tienen que ser los que más nos convengan. Además, ¿qué tipo de ejercicio soberano es ese que supone una posición doblegada a los dictados externos?.
En el ámbito económico, incluso habría sectores como el turismo o el inmobiliario que se recuperarían con facilidad ante una devaluación de la peseta, e incluso nuestras exportaciones  podrían beneficiarse, especialmente de aquellos productos propios.
Por consiguiente, no hagamos caso a los agoreros que nos anuncian que “tras ellos está el diluvio”. ¡Sólo se trata de ajustes macroeconómicos de índole monetaria, y no son los primeros!.

sábado, 26 de mayo de 2012

¿POR QUÉ NO PUEDE QUEBRAR UN BANCO?



De nuevo el indisimulable problema bancario español viene a recrudecer la crisis del país, una crisis que en gran parte tiene su origen en el estado de nuestro sector financiero, que por lo que estamos viendo, no ha dicho la verdad ni por equivocación, pues el agujero de nuestra banca se ha mantenido disimuladamente oculto, y sólo cuando alguna entidad se ha desmoronado, como ahora el caso de Bankia, nos enteramos –por entregas- de las ingentes cantidades de dinero que necesita para ser reflotada, que en su caso ya va por más de 23.000 millones de euros.
Tal cantidad que, según parece está dispuesto a poner el Estado, neutraliza el ahorro que pudiera conseguirse de los recortes en sanidad y educación, según los mejores cálculos, pues lo duplica con creces. Y hace que la ciudadanía, a la que se le ha estado pidiendo comprensión y duros esfuerzos económicos, se pregunte no sólo sobre la racionalidad y coherencia de tal discurso cicatero con los servicios públicos –servicios de todos-, ante el espontáneo y generoso gesto con la banca –que son negocios privados, de unos pocos-; pues aparenta hacer ineficaz la labor de ahorro y su consiguiente sacrificio social; pero sobre todo, pone de manifiesto un dilema ético, no resuelto que le resta legitimidad a la actual acción de gobierno, por lo inmoral e injusto que supone exigir sacrificios a la población –a la que se le recortan servicios públicos de primera necesidad-, entre tanto para la banca nunca falta la disposición de inyectar cantidades astronómicas de dinero público, sin que tales medidas pasen tampoco por el tamiz democrático de su decisión en las Cámaras Legislativas –sede de la soberanía popular-, a través de un debate razonado y sereno sobre la auténtica necesidad pública de acometer unas obligaciones inicialmente privadas asumidas por una entidad privada.
Pues no se entiende bien, que el Gobierno esté con un discurso casi apocalíptico de sustanciales recortes, so pretexto de la falta de dinero para la atención sanitaria de las personas en España (nacionales o inmigrantes), se hayan subido las tasas universitarias, reducido el potencial de becas, ajustado los presupuestos para investigación, y lo que es peor, reduciendo el sector público con despidos de empleados públicos, manteniendo asfixiadas financieramente a las Instituciones Públicas, muchas de las cuales no pueden hacer frente a sus propios pagos, y a renglón seguido se esté dispuesto a apuntalar una entidad bancaria privada inyectándole ingentes cantidades de dinero público para que no quiebre. ¿De dónde sale ese dinero?, ¿qué costo real va a tener sobre el sector público español, y sobre la ciudadanía?, ¿qué proyectos públicos se habrán de abandonar o postergar por esta imprevisión?. Y sobre todo, ¿alguien entiende esto?.
Aparte que va a llegar un momento en que, ni siquiera el Estado pueda hacerse cargo de la solvencia de entidades bancarias insolventes, ante el cúmulo de entidades que se vienen demostrando en graves dificultades (Caja Castilla la Mancha, CAM, Cajasur, Caixa Tarrasa, Caixa Sabadell, Caixa Cataluña, y ahora Bankia –que como se sabe es el resultante de otra serie de Cajas, algunas de las cuales estaban en dificultades, que no han sido capaces de remontarlas por sí solas-).
Por ello, habría que empezar a considerar la posibilidad de que los bancos quiebren, como cualquier otra empresa. ¿Quién ha erigido esa mentira de que los bancos no pueden quebrar?. ¿Acaso por las consecuencias dañinas para la economía?. Si el daño ya está hecho, cuando una entidad financiera no es económicamente sostenible. Lo que se trataría es de controlar el alcance de dicho daño sobre la economía general del país, que no sería igual si estuviéramos en un estado de bonanza económico y esa quiebra fuera un hecho aislado. Pero en el estado actual de crisis, con un frente bancario en crisis abierta, no parece ni razonable, ni prudente que el Estado salga a responder por todo ello, a modo de avalista solidario, y mucho menos como empresario. Algo que tanto se denosta desde las tesis liberales –que se esgrimen sólo cuando interesa, y ante quien conviene-; ejemplo de palpable incoherencia ideológica y práctica.
Además, la ciudadanía tiene derecho a preguntar, y tiene derecho a una razonada y razonable respuesta del gobierno y de la clase política, ¿por qué puede acabarse con el “Estado del Bienestar” y no se puede cerrar un banco económicamente inviable?, ¿por qué tenemos que asumir una pérdida de renta, en algunos casos de empleo, una reducción en la prestación de servicios públicos, incluso de las pensiones –fruto de los recortes-; y sin embargo hemos de acometer un rescate bancario con dinero público, que actualmente escasea?.
El que tenga la respuesta ya la debería de estar dando y sometiendo a la voluntad popular, antes de proceder precipitadamente a una acción potencialmente injusta y perjudicial para el interés público.
Y por último, ¿hay algún responsable de todo este desbarajuste?, ¿se le va a exigir responsabilidad?, o la corresponsabilidad de “consejeros políticos” va a servir de “indulto tácito” y opacidad para la depuración de responsabilidades. Si así fuera, no sería ni justo, ni ejemplarizante, y transmitiría un “insidioso tufillo” de impunidad de los poderosos, que repercutiría negativamente en la credibilidad y legitimidad de nuestro actual sistema político, lo cual elevaría exponencialmente los riesgos de la actual crisis. 

lunes, 14 de mayo de 2012

¿HOLLANDE ES LA ALTERNATIVA DE LA ACTUAL POLÍTICA DE LA UE?



Se ha extendido en la opinión pública mundial que el triunfo de Francois Hollande en las presidenciales francesas va a suponer un importante cambio de rumbo en la actual política económica en la zona euro, en virtud de sus propias declaraciones de cambio durante la campaña electoral, y la sentida necesidad de un cambio de rumbo –o al menos atenuación en el mismo- de la política económica europea dirigida por la canciller alemana Ángela Mérkel refrendada por el expresidente francés Nicolás Sarkozy; sin embargo esta pretensión está aún por ver, ya que el margen que se le atribuye al nuevo inquilino del palacio del Eliseo es escaso, y está por demostrarse que realmente Hollande plantee un liderazgo de reequilibrio en la política europea marcada casi en solitario por Alemania.
La mala situación económica que se está viviendo en la zona euro, fruto de una pésima gestión en parte de los países afectados, y en parte por la necesidad de cambios sistémicos en los mismos que se han comenzado pero aún están por dar los ansiados frutos, requerían duras medidas de ajuste, pero como en todo, la polarización exclusiva de ajuste observamos que lleva al colapso económico por la caída de la actividad económica en los países que están bajo las duras medidas de recortes públicos impuestos por Bruselas –ante la imposición del eje francoalemán-. Lo cual pone de manifiesto la necesidad de acompasar las medidas de austeridad financiera con medidas de incentivación de la actividad económica para el necesario crecimiento de esta, y poder evitar así el colapso financiero que se atisba de seguir insistiendo sólo en el parámetro del ahorro.
Sin embargo, esta última precisión no parece ser del todo compartida por el gobierno alemán, que pretende unos ajustes duros que hagan retornar pronto la normalidad a los mercados, y sobre todo que la banca alemana (los grandes acreedores europeos) recuperen con normalidad y prontitud sus créditos y reduzcan así su exposición al riesgo del impago. Pero por la vía que discurren los acontecimientos no parece que esto último lo tengan del todo garantizado. Y a los hechos nos remitimos con el caso de Grecia al borde del abismo, por no haber podido asumir las duras condiciones inducidas por Alemania –que no debería olvidar su pasado histórico reciente con las deudas del Pacto de Versalles al término de la I Guerra Mundial, ni el alivio que representó el Plan Marshall tras la II Guerra Mundial-.
Por todo ello, las voces se están alzando en el viejo continente contra este estado de cosas, que representan también cierto grado de insolidaridad. Y entre estas, resulta destacable la anunciada toma de posición del nuevo presidente francés Francois Hollande, en referencia a la necesidad de generar políticas de ayuda al desarrollo, de incremento del crecimiento económico para evitar el previsible colapso de algunos países de la zona euro.
Siendo así, cabría preguntarse, si esta iniciativa política a alto nivel, no sería realmente un resurgimiento de la socialdemocracia europea, tan necesitada últimamente de liderazgo y sobre todo de transmitir un mensaje coherente alternativo al planteamiento de la derecha liberal que se ha venido imponiendo en el ámbito europeo en los últimos años, y cuyas recetas para salir de la crisis, parecen pasar solo por la austeridad, arrastrando con ellas derechos sociales y laborales del denominado “Estado del Bienestar Europeo” de la postguerra, e incluso cuestionándolo abiertamente en perjuicio de la clase media y trabajadora que en el último lustro se generaron con el desarrollo, la paz y el progreso de Europa.

miércoles, 9 de mayo de 2012

¿OTRA VEZ LA BANCA ESPAÑOLA AUXILIADA CON DINERO PÚBLICO?



Lo de la “banca española” no tiene nombre. Esa que el anterior presidente engañado por propios y extraños vino a ensalzar como “banca de champions”. ¡Qué ridículo..!. Y sobre todo, ¡que caos, que falta de rigor…!.
Esa misma banca que poco tiempo después empezó a mostrar sus vergüenzas, “poniendo la mano” para que un Gobierno socialista le diera millones de euros que evitaran su quiebra, y así juntos volvían a ayudarse.
La misma banca que anuncia sin pudor a los cuatro vientos beneficios astronómicos, increíbles, es la que a la hora de la verdad está asfixiada, aunque aparenta una grandeza que la verdad le niega ante sus “miserias ocultas”; pues si algo ha faltado en estos años ha sido la verdad de la situación de nuestro sector financiero, descontrolado por quien tenía que controlarlo (el Banco de España –dependiente de los Gobiernos de turno-). Pero tal labor se torna difícil, cuando no imposible, al existir “intereses cruzados”, pues el dinero todo lo puede. Ya que nos antoja misión imposible que el Banco de España realmente pueda inspeccionar a la banca que presta y condona cuantiosísimas cantidades de dinero a los partidos políticos por las campañas electorales. Haciendo buena la frase de que no se “muerde la mano que da de comer”. Claro que el que “regala bien vende, si el que lo toma lo entiende…”
Luego ahí hay una muestra palpable de la interferencia entre el gran capital y la política, que conlleva a que mecanismos de control se relajen, y posibiliten el gran fiasco que estamos viviendo actualmente.
Aunque otra muestra palpable de esta “unión contra natura” también la vemos en la intromisión, o mejor “colonización política” que han tenido las Cajas de Ahorro en nuestro país en los últimos veinte años, que las ha llevado a ser conducidas, o mejor dicho, interferidas por los intereses políticos, muchas veces ajenos a los de las propias Cajas y han dado lugar al lamentable estado financiero de muchas de ellas, con la consiguiente necesidad de reconvertirlas en bancos, obligando a fusiones que más que salvar la estructura y dimensiones de las entidades cara a futuro, realmente tratan de ganar tiempo y salvar la cara de la negativa gestión producto del maridaje político que han mantenido estas entidades.
Si bien, fuere cual fuere la causa del fiasco, poco importa –especialmente si no van a pedirse responsabilidades legales y políticas-. Aunque de cara al futuro, pasando por este difícil presente, se plantea unas nuevas “inyecciones millonarias de ayudas públicas” a la banca, que evidencian que las ya practicadas en su momento, no han sido suficientes, pues el agujero a tapar es considerablemente mayor.
Ante esta frescura en que los “ricos piden a los pobres”. Sí, esos que se desentienden de los últimos, a los consideran fracasados, lacra, escoria social. Los mismos que hablan de la liberalización de servicios, de supresión de ayudas sociales, de la necesidad de ahorrar y no despilfarrar (recortar en educación y sanidad). Miren por donde, esos mismos, no tienen el menor rubor en “volver a alargar la mano” para que el Estado les resuelva sus deudas, las mismas que ellos no perdonan a los trabajadores en paro que no pueden pagar sus hipotecas y desalojan de sus hogares con la ayuda de la maquinaria coercitiva del Estado. Los mismos que han administrado estas empresas sin cautela ni rigor, que se han puesto sueldos de ejecutivos estadounidenses, jubilaciones doradas; cuando han regateado los sueldos a sus empleados, reducido plantillas, recargado la Seguridad Social con jubilaciones anticipadas de sus trabajadores, al tiempo que anunciaban dudosos beneficios. ¡Escandaloso!.
Incluso, hasta las cifras de su actual petición para salvar a un “constructo de cajas de ahorro” inviables, piden del Estado ayuda, y este se plantea darles unos 10.000 millones de euros, casualmente la previsión de ahorro de los recortes en sanidad y educación, recién aprobados. ¡Qué cinismo!.
Y ante esta cuestión, y la reprobación de toda la oposición política al planteamiento socorrista del Gobierno, este responde que también los socialistas le inyectaron dinero. Argumento falaz, pues un error inicial no puede sustentar la permanencia de la conducta errónea. Además que cuando se hace el primer préstamo la economía española no estaba en situación tan crítica como lo está en el momento actual; junto con la razón de que todo ha de tener un límite, en este caso económico, político y moral.
Por tanto, la pregunta viene servida: ¿por qué no se deja quebrar a los bancos que resulten inviables económicamente?. No es esa la medicina que ellos predican para cualquier tipo de actividad económica (si es negocio, que siga, y si no lo es, que cierre). Así de claro, y menos “misericordia” con quien no practica la “misericordia”. Pues el dinero público ha de estar para atender los servicios públicos, esos que ahora se pretende reducir por la vía de una clara infrafinanciación so pretexto de que no hay dinero. Aunque comprobamos que hay para lo que se quiere.

miércoles, 18 de abril de 2012

LA CRISIS HISPANO-ARGENTINA


La actuación del Gobierno argentino privatizando gran parte del accionariado de REPSOL en YPF –sin tocar las acciones de otras empresas no españolas-, en las condiciones que se ha dado, ha generado una crisis política entre ambas naciones, que ni a España ni a Argentina le convienen, por las tradicionales e históricas buenas relaciones hispano-argentinas, y por los intereses mutuos en liza.
Ciertamente que la actuación del ejecutivo argentino ha sido inamistosa, inadecuada, y posiblemente ilegal; como también la escalada verbal de miembros del ejecutivo español, quizá tampoco haya sido lo deseable desde el punto de vista diplomático –aunque se puedan entender las razones de defensa de la petrolera española-, pues más allá de esos intereses que son netamente privados, el Gobierno de España ha de proveer por los intereses públicos del interés general, que afecta al común de la ciudadanía española, una parte de la cual tiene lazos personales con el país austral, como también importantes empresas españolas mantienen un alto nivel de negocios e inversión allí.
Aunque lo hecho; hecho está. Y lo dicho; dicho está. Si bien, como de todo, conviene sacar conclusiones, para no volver a repetirlo. Pues está claro que los intereses dividen a las personas, por grande que sea su relación, por lo que habrá que entender las razones de unos y otros, y de resolver en equidad el litigio suscitado, mediante una adecuada indemnización a la empresa expropiada, por la vía del pago del justiprecio de las acciones nacionalizadas.
Pero al propio tiempo, España ha de sacar la conclusión de que en el terreno internacional, los intereses también separan a los socios, pues de la UE parece que el Gobierno español esperaba una respuesta más solidaria y contundente de la que se ha recibido. Y de los EEUU igualmente, ya que al no verse afectados su intereses directos, se han puesto de perfil. ¿Alguien esperaba otra actuación?.
Y de otra parte, se viene percibiendo un progresivo enfriamiento de las relaciones bilaterales con algunos países del área iberoamericana –que siempre ha sido de trato preferente para España-, como es el caso tradicionalmente de Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, y ahora Argentina. Tal hecho pone de manifiesto un descuido de la diplomacia española, o mejor dicho, un error en la política exterior propia, que  de una parte, se ha volcado excesivamente en una UE –que en la dificultad abandona a sus socios-, y de otra, en unos vaivenes atlantistas que tampoco conforman mucho a EEUU, y se ha ido alejando de potenciar las relaciones iberoamericanas –con el fin de desarrollar aquella idea de emular la Commomwealth británica-, si bien con el respeto a la soberanía e idiosincrasia de países que en otro tiempo fueron también tierra española –aunque evitando cualquier sesgo neocolonialista-, otorgándose un status paritario y de respeto, sea cual sea el régimen o gobierno que haya en cada momento en cada país.
Todo ello ha de ser fruto de una apuesta política de consenso en España, redefiniendo su política exterior en la zona, y de laborar humilde y continuamente de la mano de los gobiernos de la zona; pues los fracasos de las últimas cumbres iberoamericanas han ido revelando la sintomatología de una patología de base, que parte de la reacción de los gobiernos populistas del área ante lo que interpretan o presentan como la “arrogancia de la metrópoli”. Por lo cual, no debería caerse en el error de entrar a la provocación de este incidente, más allá de la manifestación del malestar, y de su reconducción a las instancias internacionales del Derecho Internacional Privado si no hubiera una satisfactoria indemnización. Evitando así en “tirar por la borda” el trabajo diplomático de años, y la tradicional buena relación entre ambos pueblos.
Y sobre todo, retomar con mayor audacia y pragmatismo las relaciones diplomáticas que normalicen y faciliten un mayor acercamiento del que se tiene con estos países hermanos, ya que nos une mucho más que lo que nos separa.

            

miércoles, 4 de abril de 2012

Los presupuestos de la “discordia”


Los presupuestos generales del Estado se han presentado finalmente, con varios meses de demora respecto de lo habitual, y con una expectación no menor dada la complicada situación económica actual, que trata de atajarse a base de recortes de gastos, más o menos prescindibles.
Realmente la situación de la economía española se encuentra en grave compromiso por el alto nivel de endeudamiento público y privado, y por el enorme índice de desempleo que acompaña a la destrucción del habitual tejido económico. Por consiguiente, una de las medidas razonables que se aconsejan por los técnicos es la reducción del gasto, del endeudamiento público y privado, que evite lastrar la economía, especialmente por las graves dificultades de poder superar los efectos de una crisis que no siendo autóctona, sin embargo sus efectos en España apenas tienen parangón –por las circunstancias estructurales y coyunturales de la economía española.
Por tanto, así las cosas, parece que el remedio es obligado: recorte presupuestario y contención de gasto. Aunque ello, conlleva también sus consecuencias, pues no hay actuación neutra en el mundo económico. Pero realmente, es casi la única solución, o al menos la más viable, si también es prudente y ponderada, pues las otras alternativas son peores.
En consecuencia, descartadas otras alternativas por sus perniciosos efectos, el rumbo parece claro en orden a un drástico recorte de los gastos, en particular de los públicos. Por lo que no se entiende bien la posición de algunas posiciones políticas –naturalmente respetables, pero no compartibles- que cuestionan la necesidad del drástico recorte, pues aparenta más demagogia que responsabilidad y proyecto alterntativo.
Cuestión distinta es la concreción de las partidas del recorte y sus cuantías. Pues realmente el recorte en unas determinadas políticas públicas tiene unos efectos diversos, según se trate de unas u otras políticas. Aquí, según las sensibilidades se apunta en unos casos a mantener los servicios sociales, la educación y la sanidad pública, e incluso se habla “con sordina” de respetar el Estado del Bienestar, pero con escasa convicción casi general. De otra parte están los que consideran que esos gastos son insostenibles en nuestro actual Estado y apuntan por una reducción del mismo.
Aunque esa cuestión es merecedora de un debate público, e incluso de un referéndum para que se decida públicamente sobre la opción social del Estado o no, más allá del nominalismo constitucional.
Pero la otra cuestión –no menor- viene dada por la compleja distribución territorial del poder, derivado del Estado de las Autonomías que ha implantado en la realidad un pseudofederalismo un tanto anárquico  con réplicas de estamentos político-burocráticos de gran coste económico y escasa operatividad dificultando en gran medida la aplicación de políticas de Estado. Por lo cual, la aplicación de los recortes presupuestarios en niveles territoriales va a conllevar una dificultad añadida. Además que las autonomías deberían de ser más solidarias con el objetivo económico de Estado, debiendo de presentar un riguroso proyecto de redimensionamiento de la burocracia autonómica, con la consiguiente reducción de órganos políticos autonómicos cuyo finalidad suele ser claramente prescindible (Consejos  Autonómicos varios, Defensores del Pueblo autonómicos, etc.), y la pretendida supresión de Diputaciones Provinciales y Cabildos Insulares.
Probablemente estos presupuestos, como las medidas de recorte apuntadas y otras de parecida configuración, no gusten a nadie, pues conllevan sacrificio, e incluso un alto nivel de sufrimiento, pero se antojan necesarias para la superación de la crisis, en la decidida acción de revitalizar la economía del país, quitándole la pesada lápida que le comprime y le impide un normal desarrollo, que evidencia un progresivo alejamiento del primer mundo en modo extremadamente preocupante, con el consiguiente crecimiento de la pobreza, el desempleo, y la crónica inestabilidad económica y social. Gran retroceso respecto de los avances que se habían conseguido.
Por todo ello, echamos en falta mayores niveles de concordia entre las fuerzas políticas ante el planteamiento de este tipo de presupuestos de crisis. Algo que ayudaría bastante a que todo el país trabajara concentrado en el objetivo prioritario de superar la crisis.

viernes, 30 de marzo de 2012

HUELGA PIQUETERÍA Y MANIFESTACIÓN


Las reflexiones que podemos hacer a la conclusión de este día de protesta laboral en todo el País, vienen servidas por los diferentes perfiles que la información facilita para un análisis provechoso y sereno de la protesta general.
Por un lado, evidenciamos la guerra de cifras –que como en todo conflicto, inunda la información de forma contradictoria, sin que se pueda llegar a barajar una con autenticidad-, por otro lado está la causa – que nos parece legítima por el importante recorte de derechos sociales, que difícilmente podía pasar sin respuesta-, también los medios empleados para manifestar la protesta, dentro del derecho constitucional a la huelga y a la pública manifestación- que sin embargo no ampara la piquetería generalmente coactiva, que fue la raíz de la mayoría de los incidentes y detenciones subsiguientes-, y finalmente los efectos de la protesta –interna e internacionalmente-.
En cuanto a la guerra de cifras, parece que hubo una importante participación huelguística en la industria –probablemente pactada de recuperación, para evitar problemas-, alta incidencia en transportes en las principales ciudades, y poco más. Por lo que las cifras de participación –dadas por los sindicatos convocantes- del 75% al 80% como seguimiento masivo, no acabamos de constatarlo. Pues de hecho importantes sectores de actividad como los empleados públicos apenas superaron el 10% de participación. Incluso los datos de consumo eléctrico dan que pensar que la actividad huelguística fue menor que la de la anterior huelga general. Todo lo cual, debe hacer recapacitar al mundo sindical convocante –pues no hay unanimidad entre otras centrales sindicales- en la inidoneidad de este medio de protesta por su exiguo apoyo y los perniciosos efectos del mismo.
Por lo que respecta a la causa de la huelga, creemos que tiene toda la legitimidad del mundo, que los trabajadores protesten públicamente por una reforma que les hace perder importantes derechos adquiridos durante décadas, y sobre todo, porque representa que se les pasa una importante parte de la factura de la crisis económica –de cuyo origen son ajenos-, entre tanto los verdaderos causantes de la crisis (la banca) sigue siendo tratada con “paños calientes” por los gobiernos del PSOE y del PP, sin que realmente asuman un coste equivalente en el pago de los daños de la crisis que ellos mismos propiciaron.
Los medios empleados para manifestar la protesta son los que habitualmente utilizan los colectivos sociales en una democracia, que además tiene su amparo en el propio texto constitucional español, como son el derecho de manifestación y el de libertad de opinión, que permite expresar públicamente una protesta ante lo que se considera un tratamiento injusto.
En esta protesta se han seguido diversos medios, por un lado la huelga general, que es lícita, aunque puede pensarse que sea inoportuna para la actual situación económica del país, pero cada uno se queja cuando le duele, y a los trabajadores de este país le han hecho particular daño la pérdida de derechos sociales. Y lo que es peor, aún está por ver que sean realmente válidas para facilitar el empleo y la reducción de la importante cifra del paro –que es la razón gubernamental para imponer este sacrificio de derechos laborales a los colocados-.
Sin embargo, la formación de piquetes llamados informativos –que realmente acaban generando coacción y violencia física y moral, a los que quieren hacer uso legítimo de su derecho al trabajo- no parece que tenga ningún tipo de amparo ni sentido. Hemos visto una vez más, numerosas imágenes de violencia de esos piquetes, agrediendo a otros ciudadanos, insultándolos, rompiendo y quemando mobiliario urbano. Y lo que es peor, dado que la violencia llama a la violencia, tales actitudes han de ser reprimidas por las fuerzas de seguridad con los consiguientes efectos colaterales dañosos de cualquier carga policial o empleo de fuerza en el medio urbano concurrido. Pero sobre todo, por el efecto de llamada que ha tenido –singularmente en Barcelona- con los grupos antisistema, que una vez concluida la jornada de protesta, pero so pretexto de la misma, se han dedicado a montar su particular “guerrilla urbana”. ¡Eso no puede ser tolerable en un Estado democrático y de derecho…!.
Afortunadamente, al margen de esos episodios de violencia callejera, se produjeron cientos de manifestaciones de conclusión de la jornada de protesta seguidas mayoritariamente –ahí están las imágenes, que aportan un apoyo masivo- y que de forma pacífica expresaron su queja y malestar por las referidas medidas gubernamentales. Este último es un hecho innegable de importante apoyo social de la protesta, y sobre todo, a tener en cuenta por parte de la subsiguiente acción de gobierno en los ulteriores recortes que quedan por efectuarse, donde ha de templar la tijera para no cortar donde siempre.
Y por último, los efectos de la protesta nos llevan a la clave de todo. Pues con pragmatismo se podría decir que la “queja ya estaba descontada” en las previsiones gubernamentales –como lo expresó el Presidente Rajoy en Bruselas-; aparte que como dice el refrán “una golondrina no hace verano..”. De ahí que se entienda el mensaje de los líderes de CCOO y UGT de que esto es sólo el comienzo, si no se rectifica a tiempo.
Pero el problema es que, desde que estamos en la Unión Europea (UE) hemos ido cediendo sectores de soberanía, como en el caso que nos ocupa –con la política monetaria-, y ello nos lleva a que tengamos necesariamente que maniobrar con herramientas homologadas por Bruselas, de forma que esta cuestión realmente así planteada excede a las posibilidades prácticas del Gobierno de España, pues se debe mucho dinero al exterior –nos exigen productividad para que nos sigan prestando, o en su caso la devolución, y además no seguirán dándonos crédito-. En definitiva, y a grandes rasgos, esas son las premisas de la UE con España –como lo ha sido con Grecia, Portugal, Irlanda e Italia-.
Pues este es el sistema económico globalizado en que nos hemos embarcado. De forma que si queremos mantener el nivel de vida, nos dicen que hemos de producir más, o sea hacer más negocio (tener más ingresos), para lo cual hay que ser más productivos que los del entorno. Y así sucesivamente, en una lucha infinita por ser y tener, en que no pocas personas quedarán al margen del sistema, por improductivas (que antes el “Estado Social”, más o menos acomodaba, pero que ahora no se está dispuesto a asumir), y de igual forma parece que llegará a pasar con colectividades como los Estados. A los que estos vecinos y socios, acabarán repudiando por considerarlos “tóxicos”.
Naturalmente todo esto es fruto de un sistema capitalista desbridado, competitivo, individualista, insolidario, que busca la eficacia del rendimiento, o sea de la ganancia. Lo demás sobra… Tal parece que sea el rumbo que han impuesto a la UE. Sociedad a la que pertenecemos, como los otros “países tóxicos”, y que ninguno ha cuestionado sus fines, ni sus métodos, entregados todos al espejismo de la riqueza y de la ganancia sin par. Naturalmente para unas elites, que supone que antiguas revoluciones sociales y políticas hayan quedado ya en el recuerdo histórico, pues los derechos ciudadanos, y la estructura social asumida tras ellas, tiende a desaparecer, en beneficio de una pequeña clase (incluidas corporaciones) que detenta la mayoría de la riqueza, y una mayoría de trabajadores –que por el sustento están dispuestos a hacerles el juego-; el resto no cuenta –pues no sirve al sistema- y quedará socialmente excluido, todo ello en el marco de un “juego económico global” más especulativo que creativo.
En ese turbio horizonte es donde cabe preguntarse: ¿hay alternativas?, ¿puede reconducirse ese objetivo atisbado?. Esa creemos que es la auténtica clave. El poder desentrañar esas preguntas, y determinar si nuestro pueblo quiere embarcarse en esa aventura, o por el contrario prefiere otro rumbo –naturalmente con sus consecuencias-.