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miércoles, 1 de mayo de 2013

ESCASA MOVILIZACIÓN EN EL 1º DE MAYO DE MAYOR PARO DE LA HISTORIA DE ESPAÑA



Se ha celebrado en Murcia la manifestación del  1º de mayo con cierto incremento de participación respecto a la tónica habitual de los últimos años. Pero este incremento es poco significativo en relación con el conjunto de la población. Pues ¿qué cabe pensar de una sociedad que en la que no se movilizan ni siquiera los parados el día del trabajo?.
Aunque pensando en un concepto amplio, el mundo del trabajo no sólo conlleva la defensa del empleo, sino también de las justas relaciones laborales (salarios, condiciones de trabajo, seguridad y salud laboral, formación profesional, incentivación, pensiones, y en general las acciones sociales que se derivan de la relación de empleo). Y este año todo este ámbito se ha resentido enormemente con recortes sociales que el gobierno ha puesto en marcha, so pretexto de salvar una economía que lejos de responder se hunde cada día más, porque la terapia empleada no es del todo acertada, ya que la economía responde a fenómenos de mayor complejidad que los recortes de gasto público, y aquellos sin embargo apenas se han llegado a abordar.
Por consiguiente, da la impresión que toda la política de recortes sociales, tal como se ha venido planteando en nuestro país, e incluso en el entorno europeo (Italia, Irlanda, Portugal y Grecia) responden a criterios más ideológicos que propiamente económicos, ya que con la excusa de la crisis se han llevado por delante, prácticamente el “Estado del Bienestar” ante el pasmo social que atónito y cabreado, pero con gran pasividad e individualismo asiste al discurrir de los acontecimientos.
De manera, que este año era importante, para cualquier observador o especialista en estudios sociales, valorar la respuesta ciudadana en forma de movilización ante una fecha histórica del 1º de mayo, en que ya no sólo los desempleados, sino los pensionistas, los usuarios de la sanidad, de la educación y demás servicios públicos, en definitiva el común de la ciudadanía de las clases media y trabajadora que son las que están pagando la crisis, se movilizaran, acudieran a las manifestaciones del día del trabajo y manifestaran pública y libremente su parecer sobre estas políticas de derrumbe del “Estado social”, que se ha quedado en la Constitución como un simple “brindis al sol”, y que en una de estas reformas se lo llevarán por delante también.
Sin embargo, en concreto en el caso de Murcia (dejando de lado la optimista cifra dada por los organizadores, de 25000 personas asistentes, que también se nos antoja escasa por las razones que venimos exponiendo) la estimación más adecuada a la realidad quizá sea la que oscila entre los 10.000 y los 15.0000 participantes. Ante lo que hemos de concluir, que se trata de un ¡fracaso..!, en las condiciones de emergencia social que estamos viviendo.
Según esto en una Región con algo más de un millón de habitantes apenas el 1% se habría manifestado en defensa del trabajo y de los derechos sociales. ¡Desolador…!
Ni los parados (que son en la Región unos 220.000), ni los pensionistas, ni los padres de familia trabajadores que ven recortados sueldos, becas, y demás ayudas sociales han aparecido por allí más allá de lo meramente testimonial. ¿Acaso ha enraizado en Murcia el individualismo insolidario?, el “sálvese quien pueda”. No ha sido la tónica habitual de la sociedad murciana, siempre abierta y generosa. O ¿nos hemos aburguesado y lo que no va conmigo no me interesa?. Eso mismo podrían decirlo los demás, en caso de que se extendiera un individualismo egoísta e insolidario.
En este mundo, parece mentira que aún no hayamos aprendido la lección, todos nos necesitamos (hoy por ti, mañana por mí), y en esta situación de emergencia nacional que supone un paro tan exagerado y una economía en caída libre, se esperaría otra conducta de la ciudadanía.
Puede que haya quien, desengañado de la actual realidad política y sindical, no quiera saber nada de nada. Pero eso es un grave error. Es cierto que no siempre están acertados, que no siempre hay los mejores interlocutores en este tipo de instituciones, pero no es menos cierto, que la democracia requiere este tipo de organizaciones para su normal funcionamiento, y la ciudadanía tiene en ellos los cauces de participación. Aunque en esto haya mucho que mejorar y enmendar, pues los partidos como los sindicatos han de hacer su particular transformación para ser más abiertos, más participativos y democráticos. Todo ello redundaría en mejora de la vida pública, en la que se incluyen los intereses sociales de las clases media y trabajadora que actualmente están sufriendo los mayores embates de la crisis y de las medidas anticrisis. Si bien, eso sería objeto de otra profunda reflexión.

domingo, 28 de octubre de 2012

EL DESMORONAMIENTO DEL PSOE EN EL TRIGÉSIMO ANIVERSARIO DE SU ACCESO AL PODER



“¡Oh tempora, oh mores!”.  Desde el recuerdo del  acceso del PSOE al Gobierno de España, hace treinta años, contemplamos el actual desmoronamiento del principal partido de la oposición, que durante tantos años fue hegemónico en el poder político central, autonómico y local, escuálida sombra de lo que fue.
Precisamente en una semana en que los socialistas de nuestro país están haciendo la “mala digestión” de las últimas elecciones vascas y gallegas, en la primera de las cuales perdieron el gobierno, y en las segundas tuvieron un auténtico abandono del electorado, con crisis interna subsiguiente por la ausencia de un mínimo liderazgo de la Dirección socialista gallega. Todo lo cual, se carga en la “cuenta” de Rubalcaba como fracaso del liderazgo que la Dirección socialista nacional tiene, pese a su reciente elección en el Congreso de Sevilla, que no parece aguantar si quiera el transcurso del año, pues la cita electoral catalana puede ser determinante en una crisis interna del socialismo español, que se encuentra desnortado y a la deriva, tras el destrozo sufrido por el “zapaterismo” –del que formaba parte destacada el propio Rubalcaba-.
 Rubalcaba en su proverbial habilidad para manejar bien los resortes del Congreso y  ganarlo a favor del stablisment socialista, el mismo que aupó a Zapatero a la secretaría general del partido, y posteriormente a la presidencia del gobierno de España, y que tan nefastos resultados ha traído en tales ámbitos, pues si desde el Gobierno negó una “crisis de caballo”, desde el partido, con su insustancialidad dio lugar a una indeseable fisura interna cainista entre el aparato guerrista que había gobernado el partido décadas, y los arribistas de nueva hornada que se autosignificaban como “zapateristas”, que han durado lo que el propio Zapatero, salvo algún astuto recolocado, al albur de la continuidad de Rubalcaba.
Pero el problema es que la actual formulación de la marca socialista hispana no vende en un electorado escamado de las ambigüedades, del lenguaje posibilista, del todo vale para seguir en el poder, y sobre todo en medio del cabreo de la crisis que fue incapaz de atisbar el Gobierno socialista en que estaba el mismo Rubalcaba, junto a Zapatero, por más que se quiera ahora desmarcar de su recuerdo. Y en el ámbito interno, las sucesivas pérdidas de poder están haciendo saltar las “cuentas pendientes” en un partido en que la democracia interna apenas existe –pues cuando se ha dado de forma forzada, se ha acabado por asfixiar evitando su progreso práctico-, de ahí que esté creciendo la crítica interna hasta niveles incontenibles (como expresa la plataforma socialismo 3.0 en la red).
Pero, ¿qué le ha pasado al PSOE para desperdiciar su gran caudal de votantes?.  Ni más ni menos, que su distanciamiento de la sociedad, su instalación en sus propias cosas (como la toma del partido por gran parte de sus cargos públicos como fórmula de empleo permanente, en vez de como medio de servicio a la sociedad), la corrupción tampoco se haya lejos de ello –aunque el grave momento pasó en la última etapa de Felipe González, habiéndose amortizado el efecto en gran medida con Zapatero-, pero sobre todo la frivolidad política de Zapatero, sus ocurrencias, sus imprevisiones, acabaron por hacer el resto, que ha sido rematado por la crisis económica que tampoco supo detectar ni amortiguar.
A todo lo anterior, habría que sumar la pérdida de identidad de la propia izquierda europea, de una socialdemocracia que tiene que retomar ideológicamente su rumbo adaptándolo a las actuales circunstancias de una crisis –que si antes se perdió la identidad de la propia clase trabajadora en una difusa clase media- , se está llevando a la clase media a un sacrificio sin precedentes, ante lo cual la socialdemocracia tendría mucho que decir en la defensa de los intereses de esta importante capa social, del Estado del Bienestar garantía de la justicia social, que sin que nadie lo defienda –ante el anonadamiento del cuadre de las cuentas del Estado y del pago de la deuda-. Así el que sea capaz de elaborar un discurso político en esa orientación tendrá un buen eco y una excepcional recepción en nuestro país. Pero para ello, habrá que empezar a reconsiderar la estructura estatal desde su base, prácticamente en una refundación que lo simplifique y lo haga viable, para lo cual, los políticos –también el PSOE- tendrá que saber y poder sacrificar intereses concretos e inmediatos para poder alcanzar de nuevo la confianza de gran parte del pueblo español, como sucedió hace tres décadas, aunque ello también pase por nuevos líderes –que no quemados- se ganen progresivamente la confianza del electorado con su palabra y decidida acción coherente con unos objetivos realmente sociales, sin servidumbres pasadas, ni geopolíticas, ni territoriales que valgan.

lunes, 22 de octubre de 2012

EL TRIUNFO NACIONALISTA VASCO AÑADE PRESIÓN AL ESTADO



Los resultados de las elecciones vascas y gallegas aportan como resultado el incremento de la tendencia de voto nacionalista, especialmente en el País Vasco donde los 2/3 del voto son de tal procedencia, lo cual unido al anunciado proceso de separatismo catalán –que acabará atrayendo al vasco- y ante las inminentes elecciones catalanas, hacen del futuro de España algo más que un concepto discutido y discutible –según se expresó Zapatero-.
El nacionalismo catalán y vasco, de porte indisimuladamente separatista, ha conseguido un gran paso con este triunfo electoral, sólo comparable con la manifestación de la diada catalana del pasado septiembre, que revela que está ganando importantísimos apoyos en la sociedad, lo que le da una fuerza política que nunca ha llegado a tener, que en modo alguno va a ser desaprovechada por los líderes autóctonos, especialmente en estos momentos de gravísima debilidad del Estado español para acometer sus ideales independentistas.
De hecho ha calado bien el discurso victimista de opresión centralista, de señalar el origen de los problemas sociales y económicos en el centralismo de Madrid, que impide el desarrollo natural y la gran potencialidad de crecimiento económico del pueblo catalán y vasco –siguiendo con el falaz discurso, que ha prendido en la simplicidad de una sociedad acostumbrada en los últimos decenios a pedir más y más cotas de autonomía, sin que el Estado pusiera fin a tan creciente pretensión, so pretexto de resolver así el problema de los nacionalismos secesionistas con sustanciosas concesiones, que sólo han servido para mayores exigencias posteriores-.
Entre tanto, ¿qué fuerzas políticas han hecho una política abierta de la “Nación Española”?. Más allá de UPyD con un discurso claro, coherente y valiente, prácticamente nadie.
De entre los partidos nacionales de gobierno (PP y PSOE) apenas hemos visto que articularan un discurso claro de defensa de la “Nación Española”, acaso un poco más el PP, pero con ambigüedades y cálculos dialécticos dada su política contraria con la inmersión lingüística en la Comunidad Valenciana, Baleares y Galicia, en la que ha venido a asumir una posición política equivalente a una especie de “nacionalismo burgués” –que no puede ejercer en el País Vasco y Cataluña porque ya tienen su propia formulación en CIU y el PNV-. Entre tanto, el PSOE ha jugado a una política posibilista allá donde se le ha presentado la ocasión de alcanzar gobierno, coaligándose con el nacionalismo separatista donde les ha convenido (caso del tripartito catalán de tan nefastos resultados político y de gestión pública), o llegando a un acercamiento iluso a los violentos abertzales para facilitar un equívoco proceso de paz –cuando policialmente se habían conseguido importantísimos logros-.
Ante tales posicionamientos, el pueblo que no es tonto, o se desmoviliza –por pura desmoralización personal ante tanto “pasteleo” incongruente, tanta jugada a corto plazo-, o acaba apostando por otras alternativas que le llevan un mensaje más claro y diáfano, especialmente si le prometen el arreglo de sus problemas económicos, de paro, y si se señalan las causas de tales males fuera de allí; pues se buscan soluciones radicales (a veces las que sean, a la desesperada) ante problemas graves que no aparentan vayan a solucionarse pronto por el camino habitual.
Así, a los catalanes, vascos y gallegos ya les han dicho los nacionalistas donde están sus problemas diarios (de paro, de deuda pública, etc.), señalando la torpeza de un Estado en crisis que naufraga diariamente. Pero, ¿alguien les ha dicho lo contrario y se lo ha planteado de forma clara y precisa?, ¿alguien les ha explicado las ventajas de pertenecer a España, a un proyecto que ha sido históricamente importante, y que puede volver a serlo recuperándolo entre todos?, ¿alguien ha puesto algo de racionalidad, más allá de la emotividad de la tierra que les vio nacer, o de una lengua autóctona que se habla en unas cuantas poblaciones y valles?.
Incluso en estos graves momentos de viabilidad de la Nación Española, cabría lanzar una pregunta para búsqueda de la sinceridad de los actores políticos españoles, ¿desde las propias Instituciones del Estado se ha sido leal con España?, ¿o se han cruzado algunos límites que comprometerían gravemente esa lealtad debida de los propios Órganos del Estado?.
El Gobierno de un Estado no sólo corresponde al Poder Ejecutivo, sino a todos los poderes del mismo y a sus Instituciones, desde las que no siempre se ha tenido un comportamiento ejemplar y claro con la “Nación Española”. Han sobrado ambigüedades incapacitantes, indecisiones, especulaciones filosóficas; y ha faltado una decidida acción política en defensa de la “Nación Española”, sin ambages, con claros límites infranqueables en un Estado de Derecho.
Luego, “de aquellos polvos, estos lodos”.
Faltan pocas semanas para las elecciones catalanas, acaso alguien desde las más altas Magistraturas del Estado tendría que hacer ejercicio de su defensa. Queda escaso margen. Pues cruzado ese rubicón –que presumiblemente tienen ganado los nacionalistas, por todo lo expuesto- la dificultad será máxima para cualquier arreglo, y el guión independentista estará plenamente servido para Cataluña y País Vasco, pues por fortuna Galicia no ha alcanzado la fuerza electoral de los otros territorios. ¿Y entonces, qué haremos….?.
Naturalmente, en este panorama de profunda crisis de Estado (política, económica, social y de identidad nacional), que nadie piense que vamos a tener fácil la financiación europea, para la que también habrá que entregar el “timón de la nave” española que quede. Y de ahí a la neo-esclavitud…..
Aún resuenan los ecos de aquella afirmación nacional en que se decía con convicción común por parte de los españoles de buena voluntad que “España era una, grande y libre”. Lamentablemente no lo podemos decir en los tiempos actuales.

martes, 26 de junio de 2012

APAGÓN DE LUCES Y DESPIDO DE TAQUÍGRAFOS



En democracia se ha hecho célebre la frase “luz y taquígrafos” con referencia a la necesidad de transparencia de la vida pública, esa misma transparencia que tanto han cacareado los políticos cuando les ha interesado; y de la que prescinden cuando no les interesa, especialmente si suponen que no saldrían airosos de la críticas de la oposición, que también tiene su importante labor de control en toda democracia seria que se precie.
 Nos encontramos con que este año los españoles nos quedaremos sin la habitual sesión del Congreso sobre el “Estado de la Nación”, pues el presidente Rajoy en plena zozobra económica del país, cuya situación real aún no ha explicado a los representantes del pueblo, ha preferido mantener la opacidad sobre su gestión interna y externa de la crisis, en la que nos rescatan –pero no es un rescate-, se presta al Estado –pero es cosa de los bancos y para los bancos, por lo que no nos va a costar al contribuyente-, y además es un préstamo sin condiciones –pero se le conocen requisitos de interés, de plazo, carencia, y hasta exigencias macroeconómicas de política económica-. Y aún así, no le parece necesario a Rajoy aclarar en la sede de la soberanía popular, todo este galimatías de medias verdades, y auténticas mentiras. ¿Qué hay en todo ello que no conviene que se sepa a los cuatro vientos?. ¿Qué trata de taparse, en una mediocre gestión, digna de mejor ocasión?. 
Han transcurrido poco más de quince días desde que el Gobierno de Rajoy nos vendiera la ayuda europea a la banca, con todo tipo de eufemismos optimistas, y lo presentara como un triunfo para consumo interno –lo que le costó más de un reproche y mosqueos en la UE prestamista forzada, ante la gravedad y contumaz realidad-; y sin embargo, aquello que era poco menos que el “euromillón” para España, aún está negociándose, y vamos descubriendo que es una nueva hipoteca sobre el futuro de nuestro país para salvar un sistema bancario codicioso, incompetente e insolidario con la propia población española, que acaba siendo avalista de su recuperación, en tanto la banca permanece inmisericorde ante sus deudores hipotecarios a los que desaloja de sus hogares sin mayor reparo ético.
Pero aún así, estando el país en grave emergencia económica y social, para Rajoy no resulta necesario ningún debate en el Congreso de los Diputados; eso sería tanto como “darle cuartelillo” a la oposición, que no parece serle digno de ello; pues tampoco se siente ni legal, ni políticamente obligado a explicar nada.
Tenemos en ciernes un amplio recorte del sector público, una importante batería se subida de impuestos, para ajustarse a la realidad económica actual. Pero a Rajoy tampoco le merece la pena explicarse sobre sus proyectos políticos inmediatos, debatirlos y analizarlos. ¡Qué más da..., si tiene el “rodillo” de la mayoría absoluta!; ¿a qué teme?, ¿o acaso desprecia el parecer de la oposición sobre todos estos temas?. Tal actitud revela un talante autoritario y poco democrático.
Al propio tiempo estamos asistiendo a una de las mayores crisis habidas en el Poder Judicial, tercer poder constitucional del Estado, con el “acoso y derribo” por parte del órgano de los jueces a su presidente, hasta conseguir su dimisión. Algo insólito en doscientos años de vida del poder judicial en su versión moderna de Tribunal Supremo. Pero tampoco parece que sea necesario debatir nada.
Ha habido un relevo con modificación del régimen de nombramientos en el Ente Público RTVE, acomodado a la nueva mayoría absoluta del PP, que ha hecho su particular desembarque. Pero tampoco, resulta ser objeto de debate parlamentario.
Desconocemos el plan definitivo de reestructuración del sector bancario, que ahora posiblemente lo reajusten nuestros acreedores europeos. Y tampoco resulta haber el menor interés por su debate.
Estamos en pleno proceso de reestructuración o desmontaje del “Estado del Bienestar”, con un cuestionado sistema autonómico, pero sigue sin ser motivo de debate.
Todo ello, que hace que pensemos en que se ha producido un “apagón de luces y despido de taquígrafos”, es un mal síntoma del estado real de nuestra democracia, pues este nivel de opacidad en asuntos tan decisivos e importantes para la vida pública como los aludidos, supone que se le tengan que poner serios reparos a los usos democráticos del presidente Rajoy.
Rajoy no debe olvidarse que es el presidente del Gobierno de España, que representa institucionalmente a todos los españoles, y políticamente debe someterse a control parlamentario –que para mayor paradoja, supera numéricamente por su mayoría absoluta-, pues lo mismo que se hace camino al andar, la democracia se desarrolla con sus rituales y formas que son necesarias para la salud del sistema. Por ello, creemos que es más que necesario el “debate del Estado de la Nación” que se trata de escamotear.

domingo, 10 de junio de 2012

EL “SUAVE” RESCATE DE ESPAÑA



Finalmente ha sucedido lo esperado, aunque indeseado, y multidesmentido rescate a España, que se presenta como un “rescate a la banca española”, pero que es la primera edición de una intervención europea, que si no se remedia, acabaremos por padecer en unos meses. Y ello, aunque los eufemismos gubernamentales en España no quieren oír hablar de rescate, sino de línea de crédito a la banca, por mera estrategia política, aunque veremos lo que piensan los mercados.
Pese al planteamiento del ministro de Economía español sobre la ayuda de la UE a la banca española, hemos de reconocer –ateniéndonos a la realidad de los hechos- que ese crédito se entrega al FROB –institución gubernamental- y se avalará con cargo al Erario Público –pues nos lo computan como gasto público, que lo incrementa considerablemente-, para que el FROB lo vaya entregando a las entidades bancarias con problemas económicos (desconocemos si será un mero crédito, o será la fórmula de Bakia –por compra de acciones, con lo que no sería crédito sino participación en la propiedad del negocio-).
Además el ministro de Economía español dijo que no representará ningún tipo de condición de política económica española. ¡Inaudito…!. Seguro que no se lo cree ni él. Puesto, que las condiciones se demoran a próximas reuniones, pero de hecho, por ahí van circulando recomendaciones previas de Bruselas sobre ajustes económicos urgentes que habría de emprender nuestro país.
Todo esto ha venido en medio de una serie de declaraciones gubernamentales negando la mayor de cualquier tipo de rescate, hasta antes de ayer, lo que unido a este tipo de disimulos, nos lleva a preguntar ¿por qué actúa así nuestro Gobierno?. ¿Improvisa?, ¿se le ha escapado la situación económica de las manos?, ¿están operando imposiciones de la UE?, ¿esta sería la primera fase de una potencial intervención?. Ninguna de esas preguntas –y otras semejantes- deberían de quedar sin respuesta razonable por parte de Madrid y Bruselas de consuno; pues de lo contrario, se acabará acusando recibo en los mercados, y podríamos entrar en una espiral imparable, en que pese a este dinero europeo, España pudiera perder credibilidad mercantil para poder colocar su deuda de forma habitual, y eso sería nefasto para nuestra economía y también para la europea.
Por otra parte, la gestión política de la crisis económica del Gobierno de Rajoy no está siendo todo lo eficaz que hubiera sido deseable, ya que el desajuste autonómico aireado en el extranjero, con incrementos progresivos de deuda, ni el affaire de Bankia se han llevado bien; y eso ha minado la maltrecha confianza en la “marca España”, y ha acabado por desencadenar este tipo de acciones de rescate, que de otra forma se hubiera podido evitar, pero tal como se han sucedido los acontecimientos, especialmente en el último mes y medio, era poco menos que esperable.
De igual modo, que nadie piense que este crédito de ayuda europeo no lleva contraprestaciones, más allá de los intereses comerciales, pues los ajustes económicos habrán de llevarse a término; o de lo contrario, lo único que supondrá este crédito es prorrogar una inevitable situación final de insolvencia. Por lo que habrá que estar muy atentos a las medidas económicas que el Gobierno de Rajoy adopte en las próximas fechas.
En cualquier caso, dadas las circunstancias, esta ayuda viene a nuestra economía como “agua de mayo”; pero que no nos confundan las apariencias, pues si ha sido así formulado el inicial rescate, no quiere decir que lo peor haya pasado ya. Puede haber pasado si se manejan bien los resortes gubernamentales de la política económica, lo cual sigue requiriendo drásticos ajustes del gasto público –no debiendo descartar la reforma del sistema autonómico-, y medidas de activación económica que permitan generar mayores ingresos para pagar la ingente deuda pública que hemos generado –que dicho sea de paso, se encuentra al límite de la solvencia real de nuestro país-. Por lo que hemos de entender que estas medidas y las subsiguientes que se adopten, son medidas al límite de nuestras posibilidades para intentar evitar una quiebra, de la que hemos sido incapaces de alejarnos hasta ahora, y veremos si lo conseguimos.

miércoles, 18 de abril de 2012

LA CRISIS HISPANO-ARGENTINA


La actuación del Gobierno argentino privatizando gran parte del accionariado de REPSOL en YPF –sin tocar las acciones de otras empresas no españolas-, en las condiciones que se ha dado, ha generado una crisis política entre ambas naciones, que ni a España ni a Argentina le convienen, por las tradicionales e históricas buenas relaciones hispano-argentinas, y por los intereses mutuos en liza.
Ciertamente que la actuación del ejecutivo argentino ha sido inamistosa, inadecuada, y posiblemente ilegal; como también la escalada verbal de miembros del ejecutivo español, quizá tampoco haya sido lo deseable desde el punto de vista diplomático –aunque se puedan entender las razones de defensa de la petrolera española-, pues más allá de esos intereses que son netamente privados, el Gobierno de España ha de proveer por los intereses públicos del interés general, que afecta al común de la ciudadanía española, una parte de la cual tiene lazos personales con el país austral, como también importantes empresas españolas mantienen un alto nivel de negocios e inversión allí.
Aunque lo hecho; hecho está. Y lo dicho; dicho está. Si bien, como de todo, conviene sacar conclusiones, para no volver a repetirlo. Pues está claro que los intereses dividen a las personas, por grande que sea su relación, por lo que habrá que entender las razones de unos y otros, y de resolver en equidad el litigio suscitado, mediante una adecuada indemnización a la empresa expropiada, por la vía del pago del justiprecio de las acciones nacionalizadas.
Pero al propio tiempo, España ha de sacar la conclusión de que en el terreno internacional, los intereses también separan a los socios, pues de la UE parece que el Gobierno español esperaba una respuesta más solidaria y contundente de la que se ha recibido. Y de los EEUU igualmente, ya que al no verse afectados su intereses directos, se han puesto de perfil. ¿Alguien esperaba otra actuación?.
Y de otra parte, se viene percibiendo un progresivo enfriamiento de las relaciones bilaterales con algunos países del área iberoamericana –que siempre ha sido de trato preferente para España-, como es el caso tradicionalmente de Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, y ahora Argentina. Tal hecho pone de manifiesto un descuido de la diplomacia española, o mejor dicho, un error en la política exterior propia, que  de una parte, se ha volcado excesivamente en una UE –que en la dificultad abandona a sus socios-, y de otra, en unos vaivenes atlantistas que tampoco conforman mucho a EEUU, y se ha ido alejando de potenciar las relaciones iberoamericanas –con el fin de desarrollar aquella idea de emular la Commomwealth británica-, si bien con el respeto a la soberanía e idiosincrasia de países que en otro tiempo fueron también tierra española –aunque evitando cualquier sesgo neocolonialista-, otorgándose un status paritario y de respeto, sea cual sea el régimen o gobierno que haya en cada momento en cada país.
Todo ello ha de ser fruto de una apuesta política de consenso en España, redefiniendo su política exterior en la zona, y de laborar humilde y continuamente de la mano de los gobiernos de la zona; pues los fracasos de las últimas cumbres iberoamericanas han ido revelando la sintomatología de una patología de base, que parte de la reacción de los gobiernos populistas del área ante lo que interpretan o presentan como la “arrogancia de la metrópoli”. Por lo cual, no debería caerse en el error de entrar a la provocación de este incidente, más allá de la manifestación del malestar, y de su reconducción a las instancias internacionales del Derecho Internacional Privado si no hubiera una satisfactoria indemnización. Evitando así en “tirar por la borda” el trabajo diplomático de años, y la tradicional buena relación entre ambos pueblos.
Y sobre todo, retomar con mayor audacia y pragmatismo las relaciones diplomáticas que normalicen y faciliten un mayor acercamiento del que se tiene con estos países hermanos, ya que nos une mucho más que lo que nos separa.

            

miércoles, 4 de abril de 2012

Los presupuestos de la “discordia”


Los presupuestos generales del Estado se han presentado finalmente, con varios meses de demora respecto de lo habitual, y con una expectación no menor dada la complicada situación económica actual, que trata de atajarse a base de recortes de gastos, más o menos prescindibles.
Realmente la situación de la economía española se encuentra en grave compromiso por el alto nivel de endeudamiento público y privado, y por el enorme índice de desempleo que acompaña a la destrucción del habitual tejido económico. Por consiguiente, una de las medidas razonables que se aconsejan por los técnicos es la reducción del gasto, del endeudamiento público y privado, que evite lastrar la economía, especialmente por las graves dificultades de poder superar los efectos de una crisis que no siendo autóctona, sin embargo sus efectos en España apenas tienen parangón –por las circunstancias estructurales y coyunturales de la economía española.
Por tanto, así las cosas, parece que el remedio es obligado: recorte presupuestario y contención de gasto. Aunque ello, conlleva también sus consecuencias, pues no hay actuación neutra en el mundo económico. Pero realmente, es casi la única solución, o al menos la más viable, si también es prudente y ponderada, pues las otras alternativas son peores.
En consecuencia, descartadas otras alternativas por sus perniciosos efectos, el rumbo parece claro en orden a un drástico recorte de los gastos, en particular de los públicos. Por lo que no se entiende bien la posición de algunas posiciones políticas –naturalmente respetables, pero no compartibles- que cuestionan la necesidad del drástico recorte, pues aparenta más demagogia que responsabilidad y proyecto alterntativo.
Cuestión distinta es la concreción de las partidas del recorte y sus cuantías. Pues realmente el recorte en unas determinadas políticas públicas tiene unos efectos diversos, según se trate de unas u otras políticas. Aquí, según las sensibilidades se apunta en unos casos a mantener los servicios sociales, la educación y la sanidad pública, e incluso se habla “con sordina” de respetar el Estado del Bienestar, pero con escasa convicción casi general. De otra parte están los que consideran que esos gastos son insostenibles en nuestro actual Estado y apuntan por una reducción del mismo.
Aunque esa cuestión es merecedora de un debate público, e incluso de un referéndum para que se decida públicamente sobre la opción social del Estado o no, más allá del nominalismo constitucional.
Pero la otra cuestión –no menor- viene dada por la compleja distribución territorial del poder, derivado del Estado de las Autonomías que ha implantado en la realidad un pseudofederalismo un tanto anárquico  con réplicas de estamentos político-burocráticos de gran coste económico y escasa operatividad dificultando en gran medida la aplicación de políticas de Estado. Por lo cual, la aplicación de los recortes presupuestarios en niveles territoriales va a conllevar una dificultad añadida. Además que las autonomías deberían de ser más solidarias con el objetivo económico de Estado, debiendo de presentar un riguroso proyecto de redimensionamiento de la burocracia autonómica, con la consiguiente reducción de órganos políticos autonómicos cuyo finalidad suele ser claramente prescindible (Consejos  Autonómicos varios, Defensores del Pueblo autonómicos, etc.), y la pretendida supresión de Diputaciones Provinciales y Cabildos Insulares.
Probablemente estos presupuestos, como las medidas de recorte apuntadas y otras de parecida configuración, no gusten a nadie, pues conllevan sacrificio, e incluso un alto nivel de sufrimiento, pero se antojan necesarias para la superación de la crisis, en la decidida acción de revitalizar la economía del país, quitándole la pesada lápida que le comprime y le impide un normal desarrollo, que evidencia un progresivo alejamiento del primer mundo en modo extremadamente preocupante, con el consiguiente crecimiento de la pobreza, el desempleo, y la crónica inestabilidad económica y social. Gran retroceso respecto de los avances que se habían conseguido.
Por todo ello, echamos en falta mayores niveles de concordia entre las fuerzas políticas ante el planteamiento de este tipo de presupuestos de crisis. Algo que ayudaría bastante a que todo el país trabajara concentrado en el objetivo prioritario de superar la crisis.

viernes, 6 de enero de 2012

EL “ARCANO” DE RAJOY



El nuevo presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy, está dándole un halo de misterio a su acción de gobierno, pues parece haber contraído una especie de “agorafobia” que lo está empezando a distanciar del común de los mortales, rehúye preguntas  en ruedas de prensa, no comparece para explicar sus medidas políticas, ni siquiera las de subir los impuestos –que representan el primer incumplimiento flagrante de sus promesas electorales-, y aún manda decir que no dará explicaciones de sus nuevas políticas hasta el mes de febrero.
Ya sabíamos que era hermético, pues en la campaña apenas se pudo conocer ninguno de sus planteamientos inmediatos de actuación, o sea, el cómo iba a alcanzar los objetivos que anunciaba; y  de hecho tal nivel de ambigüedad, de imprecisión, cuando no de oscurantismo, para ocultar la severa “cirugía presupuestaria” que se sospechaba.
Y es que consideramos que en una democracia la ciudadanía tiene derecho a que sus representantes le informen de forma completa, auténtica y sincera de sus planes de acción política, y no sólo de los objetivos –en los que puede haber un mayor nivel de consenso, que en los medios para alcanzar dichos objetivos-. No en vano, se dice que un dolor de cabeza también se elimina con la decapitación del paciente; pero naturalmente el remedio es peor que la enfermedad.
Pero además, este hermetismo, acaso miedo escénico, acaso despotismo ilustrado, resulta una estrategia errónea y antidemocrática, impropia de regímenes demoliberales del S. XXI, y más propias del Absolutismo felizmente superado. Pues en definitiva, se viene a deslizar de nuevo la idea de que están trabajando por el pueblo, pero sin el pueblo –pues quizá este molesta, y sea más fácil prescindir del mismo, salvo para que pague los impuestos y que vote-.
Esta tendencia de enclaustramiento, que viene presentando el Presidente Rajoy, no sólo no le favorece, sino que a la larga le acabará pasando factura, además de ser antidemocrática; y por ello, sus asesores de comunicación, deberían de urgirle a un rápido cambio de actitud que le llevara a comunicar más y mejor con la ciudadanía, así como con la sede de la soberanía popular –a la que no tendría nada que temer por su holgada mayoría parlamentaria-, y dar cuenta del estado financiero real del País, de los objetivos y los medios para alcanzarlos; para lo que también nos permitimos recordarle el recorte de parlamentarios que él mismo propuso en el fulgor de la campaña, y del que nunca más se supo.
Además, con este hermetismo sobre la acción pública –de por sí contradictorio-, vemos difícil que Rajoy revalide en el día a día, la amplia confianza que le han mostrado las urnas. Y no creemos que así, sea capaz de llevar a cabo la necesaria regeneración que la vida política española requiere, como “crisis dentro de la crisis económica”.
Así que ese arcano en el que se ha instalado Rajoy –acaso sea por un “síndrome agudo de la Moncloa”- resulta una perversa práctica antidemocrática, que debe corregir rápidamente y dar “luz y taquígrafos” a su acción política. Sabemos que no lo tiene fácil; pero decía tener soluciones…..¡Esperemos que no sea otro reclamo electoral…!.