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domingo, 18 de enero de 2015

EL PELIGRO YIHADISTA


            Los atentados de terroristas yihadistas en Francia (con 20 víctimas mortales), como el posterior incidente de Bélgica, han traído de nuevo a la actualidad una trágica realidad terrorista que viene azotando al mundo, en una nueva versión de la violencia terrorista, que tiene el perfil del islamismo radical, y que desde hace años mantiene una latente amenaza contra Occidente, dando lugar a trágicos y mortíferos atentados como el derribo del avión de la Pam AM en Escocia (1988 – víctimas: 190 muertos), el ataque del 11-M a las Torres Gemelas en Nueva York y al Pentágono (2001 – víctimas mortales: 2.984), las explosiones de los trenes en Madrid (2004- víctimas: 190 muertos y 1857 heridos), y los del transporte público de Londres (2005- victimas: 50 muertos y 700 heridos).
                Todos estos actos terroristas tienen el común denominador de ser realizados por seguidores de movimientos islamistas radicales, en el contexto de lo que consideran una guerra santa contra Occidente, recurriendo a postulados políticos y religiosos sobre la guerra santa (“yihad”) para la conquista y supuesta conversión de lo que estiman el “mundo infiel”, para el logro de una especie de “totalitarismo político-religioso”, o cuanto menos para infligir un daño en los países occidentales que consideran enemigos de sus postulados fanáticos, totalitarios, inhumanos y criminales.
                Ante esta lamentable y amenazante situación, Occidente no puede ni debe mirar para otro lado, sino que ha de hacer frente a esta ofensiva terrorista, tratándole como tal en territorio Occidental –pues así se presenta-, pero no debe dejar de atender a sus raíces en los focos emergentes del islamismo radical, que si en su día fueron los talibanes afganos y sectores radicales pakistaníes con Al Qaeda como causante de fondo, actualmente asistimos a unos conflictos armados entre facciones político-militares diversas en regiones de Oriente Medio,  aprovechando el desmoronamiento de Irak y la guerra civil siria, que ha dado lugar a que se concentre una fuerza insurgente interregional que ha proclamado el denominado “Estado Islámico” (pretensión teocrática de un Estado totalitario, remedo de los califatos medievales islámicos, con pretensión imperialista de conquista y reconstrucción de lo que en su tiempo fue el Califato de los Omeyas con alcance sobre la zona del Golfo Pérsico, todo Oriente Medio, Norte de África e incluso algunos apuntan a España –antigua Al Andalus-).
                Siendo así que el “Estado Islámico” ha superado a Al Qaeda en fuerza militar, medios logísticos de preparación de terrorismo internacional, soporte territorial y aporte financiero, que el mundo Occidental no debe dejar pasar, para atajar el crecimiento y la emergencia de este nuevo Estado Terrorista en un lugar tan inestable como estratégico para la estabilidad mundial, además de ser un peligroso facilitador de la acción del terrorismo islámico de exportación sobre Occidente, dado que es el actual polo de atracción de jóvenes islamistas de todo el mundo, decididos a inmolarse en el martirio de la violencia y el terror de estos grupos criminales que están haciendo un auténtico genocidio sobre comunidades cristianas de su zona de conquista (asesinando sin piedad a toda persona que no se adhiera a ellos con conversión previa y forzada al islam).
                Pero por si esto fuera poco, resulta que existen otros grupos de análoga factoría y franquiciado islámico radical en Nigeria, norte de Mali, Camerún, sur de Argelia (zona del Sahel) que están llevando el terror, la violencia y la muerte a gran parte de Centroáfrica, donde resulta significativa la acción del grupo criminal Boko Haram que ha arrasado aldeas matando a sus habitantes, secuestrado masivamente a varios centenares de chicas jóvenes, utilizando a niñas de hasta 10 años para autoinmolarse cargadas de explosivos arrastrando con ellas a toda persona próxima que alcancen con la detonación, hecho que la pasada semana repitieron en varias ocasiones en Nigeria, y que en las últimas horas han causado 4 muertes y 50 heridos en un atentado en una estación de autobuses de Postiskum (Nigeria), o los 7 muertos causados en sendos atentados a dos mercados populares de la zona, o incluso la masacre de la escuela secundaria cometida el pasado noviembre con un total de 48 víctimas mortales. Siendo el total de víctimas mortales de Boko Haram en Nigeria de unas 3000 personas. Si bien hay que reseñar que este mismo fin de semana el mismo grupo terrorista ha secuestrado a 80 personas (50 de ellas niños, de edades comprendidas entre 10 y 15 años) en una acción en una incursión en Camerún.
                Tal grado de despropósito y depravación moral hace inhumano cualquier tipo de actuación de estos grupos armados, que no tiene ni justificación racional ante los hombres, y menos aún moral ante Dios, lo que refleja el grado de fanatismo, irracionalidad demencial y odio que han albergado y transmitido estos grupos, en una modalidad terrorista y de acción política denostable, con la que están dando injusta e inadecuada respuesta a una probable relación de injusticia, en cuya argumentación no queremos entrar, no sólo por irracional, sino por no dialogar con el mal y la perversión que siega vidas masivamente sin la menor piedad humana sobre ellas y sus familias.
                Pero es obvio, que representan una grave amenaza (actualmente en fase creciente) para Occidente, su cultura, su convivencia y para la paz mundial. De hecho, el vacío actual y la deriva de frustraciones que están viviendo algunas sociedades del mundo árabe, que no han alcanzado apenas ningún grado de vida democrática, y siguen manteniendo amplias diferencias sociales (entre las capas más ricas –elites políticas y económicas- y las más pobres de estos países), tras décadas de experiencias de gobiernos propios tras el proceso descolonizador y de protectorado, que generaron la ilusión en el mundo islámico de la llegada de nuevas oportunidades, con gobiernos propios (incluso muchos de ellos de porte republicano, con cierta orientación socialista, tras el rumbo trazado por el presidente egipcio Nasser, y su no alineación en los bloques de las grandes potencias) que dieron cierto aire de apertura secular a una modernidad en el mundo árabe, que se fue perdiendo conforme desaparecieron algunos de estos líderes, que como Nasser albergaron la idea de un panarabismo. Todo ello, con el tiempo se fue tornando en una serie de regímenes dictatoriales y corruptos de clanes familiares y allegados (Argelia, Tunez, Egipto, Siria, etc.). En tales circunstancias, algunos líderes políticos y sociales han visto en la religión una buena “argamasa” para unir a unas poblaciones divididas, desengañadas de la política de las últimas décadas, y arrastrados por el código moral de austeridad y bondad supuesta de toda religión, se han embarcado en una salida política-teocrática que porta un particular imperialismo (pues contiene su peculiar “nacionalismo islámico”) totalitaria y excluyente, en la que se mezcla lo político, cultural, y religioso, en una peligrosa amalgama que deriva en no poca contenido irracional, de fácil venta para masas de analfabetos, desesperados, cabreados, etc., por donde se canalizan muchas frustraciones sociales y personales. ¡Tal es el peligroso sendero por el que se encaminan…!.

                Además a todo lo anterior, hemos de añadirle que geoestratégicamente España juega un delicado papel de frontera europea, con unos linderos extensos en el sur peninsular en la otra ribera del Mediterráneo (más Melilla, Ceuta y en parte, Islas Canarias). A todo lo cual, hay que añadirle que en España el 3,6% de la población actual es musulmana (1.732.000 personas, de las cuales, 1.163.000 son extranjeros, y 568.000 son españoles). Por consiguiente, nuestro país juega un importante papel, no sólo en la lógica acción de control de toda amenaza interior como exterior, propio de las obligaciones de todo Estado, sino que también tiene la obligación de articular políticas de integración que faciliten la convivencia y el entendimiento entre la comunidad musulmana española y las demás comunidades religiosas y sociales que conviven en territorio español. Algo que resulta urgente, para evitar agravios y malentendidos, pero también para mostrar que se puede vivir en paz con el libre ejercicio de sus costumbres culturales, lengua y creencias religiosas, exigiendo y obteniendo el mutuo respeto.
                Pero sobre todo, es muy importante verificar, y convendría subrayarlo como conclusión del presente escrito, que el islam no es la causa de la violencia, aunque en estos casos se acojan al mismo quienes la ejercen –no sería realista reconocerlo-, si bien desde el mismo islam se rechaza este tipo de acciones y las interpretaciones religiosas que llevan a extremos de violencia e inhumanidad como las anteriormente referidas. Así se han condenado los últimos atentados islamistas en Francia por parte de líderes islámicos de diversos países occidentales (Francia, Canadá, Reino Unido, etc.), en concreto en España las dos grandes comunidades islámicas (UCIDE y FEERI), a través de sus líderes, Ryai Tatary y Mounir Benjelloun condenaron los atentados, si bien de forma escueta. Echándose en falta una condena más nítida, con mayor difusión y contundencia, así como alguna referencia a las víctimas de diferente credo (cristianos) masacrados por dicho motivo.

                En el interior de España es fundamental la actitud de las comunidades islámicas de rechazo rotundo y de cercanía a las comunidades victimizadas, pues ese gesto podría abrir no pocos canales de acercamiento entre el islam y Occidente, pero también entre el islam y el cristianismo, cuyas históricas relaciones han sido como mínimo turbulentas, y que en la actual disposición de las comunidades diversas en Occidente de respeto, podría abundarse en abrir vías de acercamiento, encuentro y mutuo respeto para su exportación a los lugares en conflicto de forma que se erradique la violencia y llegue la paz por la vía del respeto a los derechos humanos en todos los rincones del mundo.

sábado, 13 de diciembre de 2014

GRANDEZAS Y MISERIAS DE LA POLÍTICA ESTADOUNIDENSE


             EEUU tiene en su haber la apuesta decidida, interna e internacionalmente, por la democracia, la libertad y los derechos humanos, como lo ha demostrado en su decidida apuesta política constitucionalista por la libertad, por una parte, y por otra, por la defensa que ha hecho de las democracias internacionales en las dos Guerras Mundiales, habiendo tenido un claro y decidido papel en el triunfo sobre las Dictaduras del Eje y posteriormente sobre las Disctaduras comunistas, pero al propio tiempo tiene graves contradicciones, en este ámbito, tanto internas como externas.
                En efecto, EEUU es un país que hace gala de ser una modélica democracia que tiene como uno de los mayores símbolos del país la propia “libertad”; pero al propio tiempo, ha consentido con sesgos internos contrarios a la lucha por las libertades civiles, como el racismo subsistente en algunos de sus Estados, que de vez en cuando degenera en brotes de violencia y confrontación ciudadana en las calles, como recientemente ha sucedido por las muertes injustificadas de ciudadanos negros a manos de la policía de “gatillo fácil” y escasa responsabilidad ciudadana. Pese a las décadas de la formal regularización de los derechos civiles, tras las movilizaciones de Martin Luther King.
                Y de igual forma, en el terreno internacional, dentro de su política internacional imperialista –propia de potencia mundial-, ha tomado parte de diversas luchas internas en países en los que sus intereses económicos, políticos o militares lo han requerido, como fue el clamoroso caso de la intervención en Latinoamérica en favor de dictaduras militares de derechas que le aseguraran tales intereses, y en particular frenaran los avances de los movimientos revolucionarios de izquierdas en su búsqueda de justicia social, algo que la historia sacó a relucir con la tenebrosa intervención de la CIA, en la conocida “operación Condor”, que conllevó numerosos crímenes de Estado por parte de aquellas dictaduras latinoamericanas que aseguraban los intereses estadounidenses en el continente americano, junto con los intereses de corruptas oligarquías locales, que malograron la marcha de muchos de esos países, impidieron la convivencia pacífica en su interior y cerraron sus vías a la libertad.
                A su vez, de forma no menos liberticida, so pretexto de la lucha contra el terrorismo internacional, tras los execrables atentados del 11M, pusieron en marcha su maquinaria militar y de inteligencia para hacer frente al nuevo terrorismo internacional, si bien han sembrado la violencia de forma desigual en territorios donde han actuado, con escasa mesura y menor prudencia para no generar víctimas inocentes, que a estas alturas no se pueden descartar, en sus acciones en Afganistan, en Irán y en el impúdico Guantánamo, en los que se ha detenido, interrogado y encarcelado sin juicio a personas, vulnerando todo derecho humano y convenios internacionales. Pues como se ha sabido por la Comisión de Investigación del Senado, se ha confirmado la práctica de torturas de todo tipo a los detenidos allí recluidos, mostrándose escandalizados los “padres de la patria americana” en un gesto que aparenta más hipocresía que realidad.
                A todo esto, tras estas injustificables acciones de violencia de Estado, en la que el fin ha justificado los medios –contra cualquier principio moral-, resulta que los fines, o sea los logros en la lucha generada no han sido, ni mucho menos los esperados, dado que no sólo no han acabado con el terrorismo internacional de raíz islámica, sino que se ha generado un “Estado terrorista”, el denominado “Estado Islámico” que ha emergido de las cenizas de la descomposición del statu quo oriental al combatir al sátrapa de Sadám Husseín, pues con su caída se ha desestabilizado Irak, dando paso a facciones de diverso tipo, gestándose en su interior el “Estado Islámico” que avanza también ocupando territorio sirio, y se apunta como una de las mayores amenazas reales para la seguridad de Occidente en la actualidad. Lo que revela abiertamente el fracaso de la política estadounidense de confrontación militar y manipulaciones de la CIA en ese ámbito, así como el fracaso de la inteligencia norteamericana en la alerta, previsión y prevención de las amenazas potenciales para EEUU en particular y Occidente en general.

                Si el gobierno de Obama fuera consecuente con lo que predica, depuraría la CIA, el Pentágono y demás Agencias de Seguridad Interior, que por una parte han empleado técnicas reprobables por la comunidad internacional y repudiables a cualquier conciencia mínimamente formada, en el caso de Guantánamo y establecimientos de detención afines; y por otra parte, han mostrado su ineficacia en la previsión y prevención de los atentados islámicos en suelo americano, lo mismo que sus intervenciones militares sobre el terreno en Irak y Afganistán no sólo han dejado sin arreglar los problemas existentes para la seguridad internacional, sino que los han enervado por los odios generados tras el empleo de la violencia.

jueves, 28 de agosto de 2014

LA CIVILIZACIÓN FRENTE A LA BARBARIE DEL ISLAMISMO RADICAL


El mundo está asistiendo a un incremento de la violencia brutal, tribal y hasta supersticiosa de un islamismo radical, frente al cual el mundo civilizado no puede permanecer impávido, so pena de ser victimizado por los nuevos bárbaros del S.XXI.
La violencia, la brutalidad y el cainismo ha sido una constante en la historia humana, que por desgracia desencadena espirales violentas, la mayoría de las veces de forma irracional en un odio a lo diferente, y en otras ocasiones en una especie de ira vengativa inacabable. Aunque creíamos que lo habíamos visto todo. Incluso en el S.XX se llegó a creer en el progreso y el bien de la humanidad, pero tal pensamiento se desvaneció después de las dos guerras mundiales más crueles que vivió la humanidad, en que toda la maquinaria técnica y del progreso se puso al servicio de la destrucción criminal del hombre por el hombre.
De nuevo, el resentimiento ha sido fecundado por intereses diabólicos y está alcanzando niveles de bestia que se escapa de las manos y que morderá a los propios que le han dado de comer y la han utilizado en sus perversos intereses geoestratégicos de algunas zonas del planeta. Para ello, so pretexto de la defensa de una determinada cultura y un determinado pueblo oprimido (precisamente por aquellos que han alimentado a la bestia), y hasta usando impúdicamente el nombre de Dios, se han lanzado en una guerra sin cuartel, que ha pasado de la difusión del peligroso y sangriento terrorismo internacional de Al Qaeda a la proclamación unilateral de un Estado Islámico, que evocando los califatos medievales, pretende erigirse en un nuevo califato a la conquista de territorios perdidos que pasan por la cuna de la civilización mesopotámica (destruyendo países actuales como Irán, Irak, Siria –que ya tenían sus propios demonios internos-) para seguir contra el tradicional enemigo hebreo, pasando por el norte de África y llegando hasta la antigua Al Andalus.
Tal hecho, que en otro momento podría tomarse como mera bravata fanática, en la actualidad hay que empezar a tomárselo en serio, especialmente por parte de Occidente, si no se quiere que la desestabilización política, económica y social se extienda. Baste contemplar la situación de violencia interna y falta de estabilidad de no pocos de los países norteafricanos de la cuenca mediterránea (desde Egipto, Libia, Túnez, Argelia y hasta Marruecos), sin contar con los problemas tradicionales en Israel, Siria, Irak, Irán, El Líbano, Afganistán, Pakistán, etc., y su efecto contagio cada vez mayor. Frente a la aparente calma de algunas de las monarquías árabes del Golfo Pérsico, de donde se dice que parte el soporte financiero de esta creciente bestia belicosa.
Tras la proclamación del Califato Islámico Independiente en el norte de Irak y parte de Siria, estamos asistiendo a una escalada cuantitativa y cualitativa de la violencia real y potencial, en una zona estratégica del planeta (por las reservas petrolíferas), donde hay cronicidad de conflictos que acabarán reactivándose, donde el proceder de estas fuerzas beligerantes –contra toda la legalidad internacional, y por supuesto, sin el menor respeto a los derechos humanos- están masacrando a civiles por razones étnicas y religiosas, forzando conversiones religiosas, esclavizando a mujeres y niños, tomando por la fuerza y destruyendo poblaciones civiles. Ante lo cual, el mundo no puede dar la espalda.
Ya se tiene sobrada experiencia histórica que la “prudencia-cobarde” suele ser la peor de las respuestas, pues la bestia se crece y el daño se multiplica. Por lo que Occidente y Oriente (el mundo civilizado) ha de frenar este despropósito, no podemos dejar a EEUU solo para que le saque las castañas del fuego al mundo, Europa ha de colaborar, junto con China, Japón, Australia, y demás países decentes. Incluso el propio ámbito cultural y étnico del que ha surgido esta reacción violenta debería estar interesada en aislarles y rechazarles, pues les hacen un flaco favor el que se les llegue a confundir con ellos por extensión de etnia o religión. Islam no es fanatismo, aunque haya gente que se haya fanatizado, como ha sucedido en otras religiones y en otros tiempos.

Por consiguiente, por razones humanitarias, de defensa de los derechos humanos, y por un mundo más libre y justo, la ONU debería promover una acción conjunta para frenar estos actos de barbarie y pretensiones belicistas y/o terroristas.