lunes, 21 de julio de 2014

LA RECETA FEDERAL PARA ESPAÑA

          
           Ante las demandas secesionistas de sectores catalanistas y vascos, junto con el colapso del sistema autonómico de la transición, hay quien postula la solución federal para España, proponiendo una modificación constitucional en tal sentido, como receta a los males que afligen a la vertebración político-territorial española.
            No obstante, cabría preguntarse ¿qué nos diferencia actualmente –especialmente en Cataluña y el País Vasco- de un sistema federal?, pues el régimen de autonomía política y administrativa ha llegado a techos insuperables, por aquello de que el crecimiento de las autonomías empieza a ser decrecimiento del Estado, con el peligro de su desmembración, y sobre todo de la generación de 17 Taifas en patente desarmonía y competición; en vez de un Estado bien articulado, coordinado y gobernado, desde los estratos territoriales al central por la soberanía popular, propio de cualquier democracia madura.
            La realidad de nuestro sistema autonómico –del que partimos actualmente, que en su día también se postuló como solución a las ansias nacionalistas catalanes y vascas- ha sido que para resolver dos problemas –que no se han resuelto-, se crearon quince más.
            Además ha dado lugar a la generación de una clase política autonómica, que en algunos lugares se integra por familias terratenientes, caciques y élites economico-sociales regionales, que extienden su concepción del poder sobre la propia Administración Autonómica, controlando la agenda política regional, así como el empleo público, subvenciones, licencias y demás controles sociales que les hacen auténticos virreyes de las Taifas, con sus correspondientes “cortes” de secuaces, con los que reparten el “botín electoral” del poder político territorial, desde el que condicionarán en gran medida la acción política del gobierno central, en función de los intereses del grupo que lo detente en cada momento. Por lo cual, la idea de “interés general” o “bien común” brilla por su ausencia, más allá del mero recurso dialéctico.
            Así la proliferación de cargos políticos autonómicos, el crecimiento desproporcionado de una Administración Regional –duplicada con la nacional-, y el incremento exponencial del gasto público que todo ello conlleva, no justifica, ni ha justificado aún la instauración de este sistema, que además problematiza y complica la generación de actividad económica y empleo –por los diferentes regímenes de licencias de cada lugar-. Algo que en el contexto de la UE no tiene sentido.
            Si a esa situación, le añadimos las habituales batallas por la “financiación autonómica”, resulta que el sistema no sólo es inoperante, complejo, insolidario, ineficiente, sino insostenible financieramente.
            Y para colmo de males, no sólo no se ha dado satisfacción a los nacionalismos periféricos, sino que se les ha engordado, y estos crecidos –ante su clientela política- han planteado claramente su propósito: ¡la independencia del Estado!. Por consiguiente, estamos ante otro efecto perverso, la deslealtad institucional, de un nacionalismo incorporado a instituciones del Estado que actúan de quinta columna contra las esencias del mismo Estado, pues no se plantean la cooperación sino la separación.
            Así las cosas, ¿la solución va a ser el federalismo?. ¡Si en la práctica ya lo tienen!. Por consiguiente, los que así razonan esta solución, quizá no se han percatado que su propuesta está ya superada por los propios hechos consumados, de una torpe colaboración central con fuerzas políticas desleales periféricas, que cuando han abonado bien su terreno, se lanzan a su propia aventura política, sea utópica o realidad. Que lo será en este último caso, tan pronto logren apoyo exterior.

            No obstante, el federalismo podría ser una solución política siempre y cuando haya un auténtico pacto de Estado entre los nacionalismo separatistas y las demás fuerzas políticas con representación en el Estado, de respetar y defender el Estado Federal como el propio del Estado español, sin más ambigüedades, con el compromiso de cerrar esta sangrante cuestión, dando paso a un sistema federal cooperativo, en condiciones de lealtad, igualdad y solidaridad entre todos los territorios de España. Si no se diera esa circunstancia, consideramos que difícilmente la propuesta federal fuera la solución real a la invertebración de España.

martes, 8 de julio de 2014

FRACASO EN LOS SISTEMAS DE EDUCACIÓN Y EMPLEO ESPAÑOLES


La OCDE ha venido a denunciar el deficiente sistema educativo español, que sitúa el nivel de los universitarios españoles a la altura de los bachilleres japoneses. ¡Todo un fracaso!. Como también se constata de la inútil programación educativa para dinamizar el sistema de empleo, con el fin de sacar a España de la enorme e insostenible cifra de desempleo que padece.
Ni la LOGSE, ni la LODE, ni los experimentos de los gobiernos de distinto color han dado resultado, sino que han contribuido a incrementar el cambalache en el desnortado e ineficaz sistema educativo español, en el que además afloran últimamente universidades como si fueran academias de barrio, que ofrecen todo tipo de titulaciones con altos importes de matrícula que son cada vez más privativos para la sociedad española que aún pervive en medio de una crisis de la que tampoco se acaba de salir.
Ya se decía que la educación era una cuestión de Estado, en la que tanto PP como PSOE y demás fuerzas políticas deberían haber consensuado un modelo, pero los intereses político-clientelares de una derecha y una izquierda doctrinarias –cada una a su modo-, han hecho imposible ese necesario consenso en materia tan sensible como esta; dando lugar a idas y venidas a modo de “reformas y contrarreformas” que han sembrado la confusión entre familias y alumnado, han desmotivado al profesorado y han dado lugar a estos nefastos resultados.
A todo esto, como si un “complejo atávico” se tratara, la formación profesional –tan necesaria para dar salida al mundo del trabajo, a los jóvenes que no tienen preferencias universitarias- ha sido estigmatizada socialmente, como si se tratara de un fracaso o retroceso social del aspirante a formarse en un buen empleo, tan digno y necesario como una carrera, dando lugar –a través de la presión social- a una devaluación de la enseñanza media y universitaria con la consiguiente inflación de titulados superiores en demanda de cualificados empleos que no demanda nuestro sistema laboral, que finalmente acaban infraempleados –y con ello profesionalmente desmotivados, insatisfechos, cuando no frustrados-.
Ante tal desajuste, reconocido –para sonrojo patrio- a nivel internacional, con un paro estratosférico de los mayores de la UE, seguimos sin reconocer que algo no funciona en nuestro sistema educativo y de empleo. Por tanto, cabría cuestionarse que ¡algo se estará haciendo mal!. Sin embargo, no parece que en nuestro país esto se cuestione, y si por alguien se hace, caemos en el piélago autonómico donde acabamos plenamente perdidos.
Pues esa es otra equivocación, la de no considerar la educación y el empleo como cuestiones de Estado y haberlas repartido por las 17 autonomías, cada una de las cuales ha hecho su particular interpretación de su modelo educativo autonómico (especialmente las autonomías con gobiernos nacionalistas preocupadas por la propaganda nacionalista más que por la formación de sus jóvenes ciudadanos); siendo el resultado tan calamitoso como nos lo muestran los hechos.

Por consiguiente, alguien debería poner cordura y sensatez en España para que se rediseñara con carácter estatal un adecuado sistema educativo, que conectara claramente con el mercado laboral, para servir de preparación y salida laboral a los jóvenes estudiantes (tanto en los tramos medio como superior de la educación), armonizando las necesidades laborales con la preparación educativa, de forma razonable, con rigor y tutela pública estatal, de forma que se acabara de ver en ello un auténtico servicio público, por encima del negocio que se ha instaurado en los aledaños de la formación, ante la desesperación del alto número de demandantes de empleo, que acaban por sumar frustración por el infraempleo a la inicial frustración del desempleo.

lunes, 9 de junio de 2014

ASAMBLEARISMO POLÍTICO: ¿PARTICIPACIÓN O ANARQUÍA?


Actualmente estamos asistiendo a una revisión de la metodología democrática en España, en que la ciudadanía ha empezado a manifestar su disconformidad con el supuesto sistema de representación puramente electoral por periodos cuatrienales, en lo que viene suponiendo otorgar un “cheque en blanco” a la candidatura votada, cuando no incluso ser víctima de una oferta política engañosa, que lejos de tener perniciosos efectos para el tramposo, disfruta del rédito del engaño electoral.
Tales perversiones del sistema democrático lo están deslegitimando, por lo que no pocos ciudadanos apuestan por demandar un incremento en la participación política de ordinario, desde el hecho de que no quede impune un engaño electoral, un quebranto de mandato representativo, a la posibilidad de articular otros mecanismos de participación en la cosa pública como pueden ser un incremento de las consultas populares, elecciones primarias, listas abiertas, una auténtica efectiva estimación de las iniciativas legislativas populares, etc.,etc.
Entre tanto, algunos políticos, como es el caso de PODEMOS, han planteado la posibilidad de hacer una política puramente asamblearia, tratando de distanciarse de esa metodología cerrada, escasamente participativa y hasta tramposa que no pocos han utilizado y validado como garantía de procedimientos democráticos. Sin embargo, el asamblearismo conlleva no pocos inconvenientes, como las derivas populistas de oradores hábiles que con argumentaciones sofistas puedan llegar a convencer a una mayoría en un determinado momento, rompiendo así la dinámica de trabajo de una organización pública, que vería de esa manera bloqueada un normal discurrir de sus integrantes, ante los “cantos de sirena” del filibustero o demagogo de turno.
Por consiguiente, esa pretensión por loable que sea de inicio, ha de ser tamizada cuidadosamente para evitar esos perjuicios que conllevaría un uso indebido o abusivo de la posibilidad participativa de forma amplia y sin restricción o control democrático de ningún tipo, pues tal hecho, ha quedado experimentado que lleva, bien a la inoperancia, bien a la anarquía.
En esto, como en otras propuestas que PODEMOS ha hecho públicas como de su programa político, apreciamos cierto grado de utopía, cuando no de bisoñez en la praxis política, que habrían de ir repensando y reelaborando con criterios más pragmáticos, y no por ello menos democráticos y válidos.
Tal es así, que ya ha saltado la noticia de la primera fisura de relieve en PODEMOS, con ocasión de una asamblea en Madrid, en la que sus líderes y “padres de la criatura” presentaron a votación una propuesta de ejecutiva, procedimiento que rechazaron los asistentes por cuanto no era el procedimiento de libre elección y votación que se había instaurado en la organización política, por parte de sus propios líderes actuales, a los que también acusaron de personalismo.

Y es que, una vez más, se comprueba que “una cosa es predicar, y otra dar trigo”. Revés que habrá de gestionar adecuada y convincentemente la nueva organización política, pues de lo contrario, sus mayores enemigos serán ellos mismos.

miércoles, 28 de mayo de 2014

LA UE Y EL BIPARTIDISMO ESPAÑOL EN LA ENCRUCIJADA


Las elecciones europeas del pasado fin de semana han reflejado el  progresivo divorcio de la ciudadanía respecto de la construcción europea que se ha ido elaborando a sus espaldas, al tiempo que también refleja el enfado por las duras medidas de ajuste anticrisis impuestas por Merkel al frente de la UE, que está dañando en bienestar de la ciudadanía europea y desnaturalizando el inicial proyecto continental de una Europa de los ciudadanos.
Por consiguiente, votación en doble clave (europea y nacional), en la clave europea se constata la diseminación del voto y el incremento del euroescepticismo (especialmente de extrema derecha) que en países como en Francia ha obtenido significativos porcentajes de voto que puede hacer peligrar el propio proyecto europeo, por sus habituales planteamientos nacionalistas, insolidarios, y de repulsa de la inmigración. Junto a los cuales, también ha habido un importante voto de izquierdas que cuestiona la actual configuración burocrática y economicista europea, que se plantea una revisión del proyecto hacia posiciones más sociales y teóricamente más solidarias, contrarias al capitalismo financiero del neoliberalismo que estando en el origen de la crisis económica, pretende señalar la salida a la misma desmontando el bienestar social por el que Europa se distinguía en el mundo.
Así, pese a que haya ganado el PPE y se haya recuperado ligeramente la socialdemocracia, entre los cuales tienen mayoría aritmética suficiente para la gobernabilidad europea, no es menos cierto, que el voto de protesta representado por las demás alternativas (a la derecha e izquierda) deben reportar un acuse de recibo en Bruselas, en la reorientación del proceso de construcción de la UE que implique más a la ciudadanía, que la haga más democrática y participativa, pero sobre todo más solidaria de lo que se ha mostrado en plena crisis económica con los países en dificultades, a los que se ha rescatado en unas condiciones de neocolonialismo que está arrasando las economías locales, paralizando su comercio, empobreciendo a la gente y cargándose a la clase media de los mismos.
Por otra parte, en clave nacional, hay un fenómeno emergente que es la irrupción del nuevo Partido PODEMOS, liderado por varios jóvenes profesores de CC. Políticas de la Complutense, y votado por casi un millón y medio de personas, que con un planteamiento claramente de izquierdas (social, republicano participativo, contra el bipartidismo endogámico PP-PSOE) trata de canalizar políticamente el voto de los indignados –que parece haberse organizado finalmente tras la denominada “revolución silenciosa” del 15M-, y que ha levantado una auténtica oleada de reacciones a favor –por parte de amplios sectores de la población que se siente identificada con una necesidad de regeneración de la vida política española-, y en contra –por parte de sectores de votantes próximos al PP-PSOE, que ven peligrar el bloque habitual de gobierno bipartidista de la transición, que se ha ido repartiendo todo el poder político de forma cerrada, rompiendo la división de poderes, favorecido por una legislación electoral ad hoc-. Estos últimos han empezado a dar muestras de cierto nerviosismo, ante la probabilidad que este grupo político siga en ascenso en las propias citas electorales. Al propio tiempo, dada la continua caída electoral del PSOE, y ante la probabilidad que pudiera ser desplazado por IU y PODEMOS, ha generado un terremoto interno con dimisión de su Secretario General y  sucesivos líderes, así como una profunda controversia interna, que no hace sino confirmar lo que apreciamos de “cierre en falso” de su crisis interna en el pasado Congreso socialista, que ha roto las “costuras” que arteramente se tejieron para que el aparato siguiera salvando los muebles, pero que no parecen convencer a sus votantes.
Con todo, creemos que el PP –que ha ganado aritméticamente las elecciones, aunque no se pueda decir tanto en términos políticos, por la pérdida ostensible de votos padecida- habrá de reflexionar, lo mismo que lo debe hacer el PSOE (sumido ya en una nueva crisis interna, que no es más que otro episodio de la que viene padeciendo), y tomar buena nota de lo que significa este nuevo planteamiento del electorado hacia una izquierda no pactista, sino abiertamente reivindicativa, que les debe obligar a replantearse su acción política próxima desacelerando el proceso de ajustes y recortes en el ámbito social (para dirigirlos a otros ámbitos que hasta ahora han sido exonerados de las cargas de la crisis), evitando así un mayor tensionamiento social que incrementaría el voto de PODEMOS e incluso de IU.

Y en cuanto al PSOE, tendría que acabar de poner en práctica las archimencionadas elecciones primarias y llevar a cabo un serio proceso congresual de reformulación ideológica y metodológica, que acabe por cancelar la “política del aparato”, del politburó, endogámica, clientelar que ha dado la espalda a la ciudadanía.

sábado, 24 de mayo de 2014

25M.- PP propone a Juncker para la CE, PSOE a Schulz y los demás reparten sus apoyos entre Tsipras, Keller y Verhofstadt

25M.- PP propone a Juncker para la CE, PSOE a Schulz y los demás reparten sus apoyos entre Tsipras, Keller y Verhofstadt

REFLEXIONANDO EN EL DÍA PREVIO A LA CITA ELECTORAL


Los españoles, como gran parte de los demás ciudadanos de países de la UE, estamos convocados mañana a unas elecciones europeas, y aquí en España estamos en el habitual día de reflexión, en el que el ruido propagandístico electoral debe cesar para que la ciudadanía haga las necesarias cuentas antes de emitir su voto.
Sin embargo, lo difícil en este momento es poder hacer una reflexión objetiva, pues no podemos ser objetivos en la medida que vivimos inmersos en nuestra sociedad (actualmente afectada de una grave crisis –que parece estar terminando, pero aún no hay constatación de tal hecho-, que ha llevado un profundo sufrimiento en estos últimos cinco o seis años a la mayoría de la sociedad española), y por consiguiente esa experiencia late en nuestra mente, en nuestro sentimiento, y naturalmente ha de latir en nuestra reflexión.
No se trata de culpas, pues el origen del mal de las crisis del capitalismo, parece ser sistémico, y por consiguiente serían cíclicas, en función de la generación de excedentes de producción que no tuvieran su pretendida colocación. Por tanto, no es esa la cuestión. Esta creo que estaría en función de una doble consideración, por un lado la forma de reaccionar ante la crisis, la terapia económica que se aplicó –o incluso la que la oposición propuso, y naturalmente no se aplicó, por obvias razones-, la libertad de poder prescribir soberanamente como país libre una decisión colectiva de políticas consensuadas que afronten la crisis; y por otro lado, ¿qué futuro nos espera?, ¿cual es la propuesta de cada formación política, para los próximos años?. Y por encima de todo, ¿tiene solvencia de credibilidad cada una de esas propuestas de futuro?.
La cuestión no es fácil, entre otras cosas, porque sería un error ver estas elecciones en la sola clave nacional (como en gran medida se ha estado planteando por los principales actores políticos españoles). Hay que analizarla en clave europea (desde la que la vida española también se ve afectada), pero la perspectiva es distinta. Por consiguiente, se ha echado en falta en los debates y proclamas electorales de los principales partidos (PP-PSOE), discursos tan necesarios como ¿cual es el giro que está tomando la UE, desde la proclamada “Europa Social”, la “Europa de los ciudadanos”, “solidaria”, etc., de cierto tinte internacionalista a posturas de enrocamiento nacional?, ¿qué piensan hacer sobre ese particular?, ¿se puede recuperar el inicial proyecto europeo, o es claramente inviable?. Pues la crisis ha expuesto públicamente las “vergüenzas” de la UE (insolidaridad, creciente paro, discriminación nacional, neocolonialismo germánico, prioridad financiera sobre la ciudadana, e incremento de diferencias sociales, etc.).
Sin embargo, en la campaña electoral, más allá de las “proclamas propagandísticas”, luego arteramente desviadas hacia un debate interno más artificial que real, sobre la torpeza de unas declaraciones del candidato conservador, han privado a la ciudadanía del auténtico debate de fondo sobre la UE, su pasado, su presente y su futuro. Si realmente tiene futuro, tal como se vienen desarrollando las cosas.
Para colmo, tal es la actual desafección ciudadana de la clase política en España,  que faltaba que haya concurrido una final de fútbol europea entre dos equipos españoles, para que estos le hayan dado por completo la espalda al monótono y vacuo discurso político para meterse de lleno en la competición deportiva. Algo que también demuestra el bajo grado de concienciación y compromiso de la ciudadanía española con el interés común, propio de nuestro depauperado sistema democrático de baja calidad, como se le viene definiendo por expertos en ciencia política. Ante lo cual, se espera una amplia abstención.
Sin embargo, parece clara una cosa, que hay un bloque de partidos que consideran que el actual sistema político de la UE es válido, y lo que se trataría sería de votar alguna de las diversas opciones que así piensan, para que se rectifique ligeramente el rumbo de la UE, pues ello sería suficiente. Pero por otro lado, hay otro bloque de partidos que consideran que el actual sistema de la UE es inasumible, por su alto distanciamiento de la ciudadanía, que deja en manos de élites de poder (económico, y político) la gobernabilidad europea, pervirtiendo la auténtica democracia que debería regir para que llegara a ser la auténtica “Europa de los ciudadanos”, y en esa línea parecen pretender sistemas alternativos (que son descalificados por los partidos oficialistas como “antisistema”), pero  que deberían ser oídos por el cuerpo electoral para poder analizar y contrastar sus propuestas con las de los grupos oficialistas, y al final, que decida el “pueblo soberano”. Algo que no sólo no ha sucedido, sino que parece que tampoco ha habido demasiada voluntad para ello.
En cualquier caso, veremos mañana el auténtico resultado del voto europeo, ¿en qué medida refrenda o no el actual rumbo político de la UE?, y en razón de ello, ¿en qué medida obliga a su rectificación, o por el contrario ratifica su mantenimiento?. Pues tal es la clave de estas elecciones, que además de tal manera nos afectarán, ratificando las políticas de ajuste duro económico, de austeridad que vienen ejecutándose varios años con los dramáticos resultados socio-económicos, que no parecen llegar a justificarse en sus propios logros de progreso económico, que se demora a varios años más (especialmente la recuperación del empleo); o si por el contrario, se abandona ese esquema de acción y se acometen auténticas medidas de fomento de empleo (con cambios fiscales, monetarios y de gasto público), como prioritario.

¡La UE empieza a jugarse su propia credibilidad en una Europa que ha pasado del “euroentusiasmo” al “euroescepticismo”.

domingo, 11 de mayo de 2014

EMPIEZAN LAS “EUROPEAS”: ¿QUÉ NOS OFRECE LA “UE ACTUAL”?


Ha comenzado la campaña electoral al Parlamento Europeo, con el habitual ritual de pegada de carteles, de mítines de los candidatos y líderes de sus grupos políticos, y en definitiva con el “ruido electoralista” que apela a la simpleza de un cuerpo electoral, que siendo objeto de su atención por obvias razones de voto, se encuentra muy defraudado del actual estado de cosas que les ha reportado la anterior confianza en los políticos y en la Unión Europea.
Ambos (políticos y Unión Europea) representan dos caras de la misma moneda, del statu quo político-económico, que girando sobre los iniciales planteamientos europeístas de solidaridad, han engendrado una “máquina europea” al servicio del gran capital, presta al rescate de la moneda, y retardataria –cuando no descuidada- en el rescate de la sufriente ciudadanía ante la primera crisis rigurosa que estamos sufriendo, y ante la cual han mostrado su incapacidad de dar soluciones que fueran consecuentes con el interés general europeo.
Esta UE de los Tratados de Maastricth y Lisboa, entre otros, que exigió la cesión de soberanía estatal, instauró el euro (pero no quiso crear una política económica, fiscal y social única), que pensando sólo en el dinero ha dado lugar a la creación de una “Europa de dos velocidades” (la rica del centro y norte, y la pobre del sur y periferia), cuyos intereses se conjugan mal, ante lo cual se acaba por imponer el interés alemán (ante el insolidario cinismo británico, y el decaimiento populista francés). Una UE que aún permite paraísos fiscales, que facilitan la fuga de capitales nacionales, la descapitalización de países de la Unión, y la evasión de impuestos de poderosas fortunas que logran anidar con el tácito consentimiento de la Unión, y que tanto daño reporta a las economías nacionales de origen como le ha sucedido a la española en toda esta crisis.
Acaso no pocos ciudadanos, tengan la impresión que se nos ha sometido a un progresivo proceso engañoso en la actual construcción europea, ya que tras prometérsenos un espacio de estabilidad política, económica y social, de mutua cooperación, de mayor competitividad y progreso económico y social; resulta que como en el cuento infantil al primer viento se nos ha caído la “casita europea”. No ha aguantado razonablemente bien la crisis, sino todo lo contrario, ha sido una fuga de “sálvese quien pueda” con Alemania al frente defendiendo sólo sus intereses nacionales (y si se ha rescatado a algunos países, ha sido para evitar un mal mayor de la hecatombe de una quiebra de varios países, que por pura sentimiento solidario, y menos aún por obligación solidaria de esta peculiar “confederación a medio hacer”).
Eso sí, en medio se han creado unas mega instituciones europeas con miles de políticos y burócratas empleados en ellas, trufadas básicamente por tres fuerzas políticas (casi siempre de acuerdo) que se han repartido sistemáticamente el poder: la derecha conservadora, el liberalismo (unidos en el neoliberalismo) y la socialdemocracia (que ha pactado, en el reparto  de la tarta de poder e intereses, con el neoliberalismo, de ahí su actual crisis de identidad política). Estas son las fuerzas políticas del actual sistema, corresponsables de las grandezas y miserias de esta UE, especialmente de su inoperancia en la crisis. Las demás fuerzas políticas, condenadas a la marginalidad, apenas cuentan.
Por consiguiente, más allá de los típicos tópicos del discurso de campaña de la opción de derechas o de la opción de izquierdas sistémicas (PP y PSOE), ¿qué nos ofrecen, de nuevo?, pues lo tradicional ya lo conocemos, y no parece que nos atraiga demasiado, a tenor de los hechos pasados y sufridos. ¿Cuántas veces hubo que pedirle a Draghi que interviniera el BCE en momentos críticos, para que pausadamente tomara alguna que otra medida, bajo la autorización real de Merkel?. Todo lo cual, ha dado lugar a que nuestra monumental deuda pública haya alcanzado niveles descomunales, ante lo que la única receta que se nos prescribe es el “ayuno” (entiéndase recorte social, pues el adelgazamiento político-institucional, aún no ha visto la luz, ni se espera que la vea).
¿Qué futuro nos ofrecen en esta UE?, ¿van a prosperar cambios estructurales de profundidad que eviten estas tormentas económicas en un mundo globalizado abierto a la codicia de los mercados, o sea del “capitalismo financiero internacional”?. Si no es así, esa UE no interesa a la mayoría de ciudadanos que, o tienen la suerte de estar empleados, o la desgracia de estar en el paro.
¿Se percatan, aunque sólo sea por un minuto de decencia política, de que no nos proponen ninguna novedad de interés?. Entonces, ¿para qué votar?, ¿para que el que consiga un euroescaño logre una renta mensual durante varios años, que jamás hubiera logrado por sus medios de trabajo en España, además de una telaraña de convenientes relaciones de presente y futuro?.

Parece claro que el proyecto europeo se ha ido deteriorando para el interés del ciudadano común, pues se ha construido a sus espaldas, al margen de sus intereses comunes, y hasta contra ellos. Por consiguiente, el debate de interés para el ciudadano europeo ante esta cita electoral es el cambio y la regeneración social de la UE, o realmente no existe. Y si no hay una apuesta seria, clara y creíble en esa línea, no parece que haya interés en molestarse para votar. ¡Todo seguirá igual, pero con menor legitimidad!, ya que no podrán decir que cuentan con la representación de la ciudadanía europea. ¿Sería ese un correctivo democrático, ante este sentido abandono de la clase política?. Posiblemente lo fuera, si la abstención fuera considerable, de lo contrario, votar y no votar, representa casi lo mismo para el votante, no así para el cargo electo que pasa a “mejor vida”.