domingo, 29 de julio de 2012

LA REDUCCION ESPAÑOLA EN MISIONES MILITARES INTERNACIONALES



Acaba de hacer público el Ministro de Defensa de España la probabilidad de la reducción de los efectivos militares españoles que participan en misiones militares de paz en el extranjero, por obvias razones de necesidad económica al tener que reducir España drásticamente sus presupuestos, en los distintos ámbitos y el militar no podía ser menos, especialmente en lo referente a la participación de las tropas españolas en misiones internacionales.
El propio ministro Morenés reconocía que esa reducción era una necesidad económica insoslayable para España, dada la crisis económica que padecemos, pero afirmaba que podría conllevar un alto coste político. Se entiende que en la esfera internacional, por lo que supondría dejar de asumir los compromisos internacionales que habitualmente España ha venido teniendo de forma eficaz y leal con la Comunidad Internacional. Algo que ya ha anunciado el Presidente francés, Hollande, sin tener el grave problema económico que tiene España.
Pero no se acompleje el ministro Morenés al verse obligado a tener que abandonar los compromisos militares de apoyo internacional, por no poder hacer frente a los cuantiosos gastos del mantenimiento de tropas desplazadas fuera de España en zonas de conflicto armado. Poco puede reprochar la Comunidad Internacional a España su falta de generosidad, pues en conflictos militares latentes como el de Afganistán, en que España colabora con una importante participación de efectivos militares, ha sufrido a lo largo de los años de la misión la pérdida de casi un centenar de miembros de su milicia. Por tanto, es un hecho palpable la generosidad española y el compromiso fiel en el apoyo a la conclusión del conflicto afgano, y las bondades de la paz en dicha región sobre el tablero estratégico internacional.
No menor fue la participación de España en el conflicto bélico de los Balcanes, que aunque aún queden algunos pocos efectivos españoles en la zona, su misión concluyó hace un par de años, con un importante costo para España.
Otro foco de conflicto en que España viene participando de forma decidida es el del Líbano, zona de alta tensión en que era imprescindible contribuir a las labores de apaciguamiento, mediante la interposición y eliminación de terrenos minados; en un área crucial para asegurar la paz en Oriente Medio –foco de tradicionales enfrentamientos-.
Y aún tiene participación militar España en la operación Atalanta de vigilancia y prevención ante la piratería marítima en aguas del Índico próximas a la costa somalí, en que España participa habitualmente con una fragata y un patrullero, además de la dotación de un par de aviones de vigilancia, que han venido llevando una eficacísima labor de seguridad en el tránsito marítimo y pesquero de la zona.
Por consiguiente, un repliegue de todos esos efectivos militares por obvias razones económicas, resulta entendible por cualquiera, razonable y aconsejable. Especialmente si el precio alternativo es el cierre de servicios sanitarios, docentes o ayudas sociales ineludibles por humanitarias para con nuestros nacionales que están agotando el subsidio de desempleo –que también se pretende recortar- para poder subsistir a esta dramática situación de crisis.
Consideramos que con las actuales misiones en vigor, según lo comentado, no necesitamos hacer memoria de otras importantes misiones militares en que también ha participado España en  otro momento en diversos lugares del mundo, pues la disposición y generosidad española a la colaboración internacional es palmaria, incluso por encima de las propias posibilidades económicas –como en el momento presente-, pero también España ha mostrado más generosidad con la Comunidad que otros países de mayor potencial económico, dado que no ha dudado en otorgar continuo tipo de cuantiosas ayudas a países subdesarrollados o en vías de desarrollo. Como decisiva e importante ha sido la colaboración española en caso de catástrofes naturales en numerosas ocasiones y casos. Y no menor ha sido su colaboración en el pago de los gastos de la ONU, en que hasta hace pocos años venía a ocupar uno de los primeros puestos en su contribución económica de este Organismo internacional, muy por encima de su posición económica en el contexto internacional.
Por consiguiente, no dude el ministro Morenés que España tiene un largo y acreditado palmarés de solidaridad y lealtad internacional, que le ha hecho digna de confianza y aprecio en el contexto internacional. Sin perjuicio de reconocer que en el ámbito internacional prevalecen los criterios de la “real politic” que hace que los intereses nacionales predominen sobre el idealismo de cualquier procedencia, para evitar pecar de ingenuidad. Pero el menor reproche o duda, puede tener una amplia y contundente respuesta por el Gobierno de España.
Y además, resulta que las paradojas de la vida ponen al rescatador en posición de víctima y de demanda de ayuda, siendo el actual momento de España que requiere reequilibrar su presupuesto y hacer viables sus cuentas, con una reestructuración de su economía –no menor, aunque requiere una puesta a punto, para volver a recobrar la importancia antes alcanzada, pero de forma más sostenible que hasta ahora-. Es el momento en que España tiene que concentrar sus fuerzas para abandonar la crítica situación presente. E incluso es el momento de que la Comunidad Internacional tenga con España, al menos un mínimo de generosidad de la que España ha tenido con su vecindad mundial. Especialmente sus socios europeos, asumiendo que la solución de la UE o es de conjunto o previsiblemente sucumbirá por cicaterías individualistas y nacionalistas que comprometen el proyecto común europeo.
E incluso aplicando la racionalidad y el realismo político a esta situación, cabría decir que ahora tomen el relevo en estos despliegues militares, aquellos países del primer mundo que tienen buenos resultados económicos y no suelen participar con efectivos militares en misiones de paz internacionales; acaso los mismos, que impasibles observan y critican el debacle económico italiano, español, portugués e irlandés, sin tener el menor gesto de generosidad aprobando los famosos “eurobonos” o articulando medidas anticrisis y contra la especulación financiera. Pues no es soportable, ni económica, ni éticamente, que España esté “sacándoles las castañas del fuego” en la contribución a la paz y estabilidad internacional, y estos no muevan ni un dedo en evitar que los especuladores arruinen a España.

sábado, 21 de julio de 2012

“VIERNES NEGRO” EN ESPAÑA



Este viernes fue “negro” para la economía y la sociedad española, pues el máximo histórico del diferencial de prima de riesgo español marcó los 610 puntos –según los técnicos, en clara franja de intervención del país-, en tanto la bolsa caía casi 6 puntos en su índice general, ante la impotencia de un gobierno que veía la actitud impasible de la UE, y un BCE irresponsable e insolidariamente ausente, mientras los mercados diezmaban –una vez más- la economía española como auténticos rapaces.
Las razones técnicas son palpables, ante una situación recesiva de la economía española, fruto del acoso permanente de los mercados financieros a nuestra débil economía; aunque choca con la idea de que ya se han tomado drásticas medidas de ajuste en España, apoyadas por la UE, y precisamente en el mismo día de este negro episodio, tanto el Congreso español aprobaba las medidas de ajuste, como el Bundestag alemán daba su apoyo al crédito de rescate de la banca española, todo lo cual debería de haber sido suficiente como para haber alejado la presión de los mercados sobre la economía española, sobre la que han marcado su objetivo agudizando la crisis y debilitando la economía nacional al imponer unos intereses de deuda poco sostenible.
Ello no obstante, se han vivido en España días de tensión política entre un Gobierno que se ve abocado a la toma de medidas de recorte, y optando por recortes sociales junto con medidas de gravamen fiscal del consumo, la ciudadanía ha entendido que este Gobierno no repartía la crisis de forma equitativa, sino que se centraba en las clases trabajadoras,  por lo que se ha visto en solitario –con su mayoría absoluta defendiendo estas duras medidas, contra todo el arco político, y una gran contestación en la calle.
Al propio tiempo la imprudente locuacidad del Ministro Montoro afirmando no tener dinero para pagar el sueldo de los funcionarios, ha hecho el resto. No siendo ajena la peculiar estructura política española de las autonomías, en que han aparecido algunas de ellas oponiéndose a las medidas del Gobierno central de España. Todo lo cual ha traído el lógico malestar y confusión interna y externa, de situación poco menos que caótica, poco organizada, que no se ponen de acuerdo ni siquiera para salir de una situación de emergencia nacional.
Por consiguiente, las causas de este “viernes negro” están tanto en el desconcierto patrio como en el insolidario ensimismamiento europeo, que pone de relieve la necesidad de ajustes estructurales e institucionales en España, como en la UE que sigue adoleciendo de una clara estructura federal, de una reserva federal que regule las finanzas de la Unión, y una armonización fiscal europea que estructure una adecuada respuesta a este tipo de problemas financieros en el área del euro, especialmente en países con dificultades económicas como España, Italia, Grecia, Portugal e Irlanda.
Sin embargo, si el análisis de la cuestión resulta claro, ¿qué impide que el Gobierno español ponga en marcha una decidida reforma constitucional que modifique el Estado Autonómico y reajuste las instituciones político-administrativas españolas a su realidad actual?; y ¿cuánto tardará la UE en constituirse como una auténtica Confederación de Estados, y a la moneda única añadir mecanismos fiscales y reguladores eficaces?.
Realmente nos estamos jugando el euro, el futuro de la UE, y sobre todo el bienestar y la estabilidad socio-económica lograda con el esfuerzo de muchos años en países como España, ante la lentitud en la adopción de las reformas de fondo que hubieran dado una respuesta adecuada a una crisis económica internacional, que se vive de forma distinta en los distintos países de la UE, pero no por ello deja de ser un problema de la UE y naturalmente de sus Estados miembros.

sábado, 14 de julio de 2012

EL BUNDESBANK QUIERE LA INTERVENCIÓN DE ESPAÑA



El presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, ha recomendado la intervención de España para refugiarse bajo el “paraguas” del rescate como país, en vez de plantearlo sólo como rescate de la banca española.
Weidmann se ha expresado así en unas declaraciones al rotativo alemán Börsen Zeitung, argumentando que el estado económico de la banca suele ser un fiel reflejo del estado económico de un país, lo que evidencia el mal estado de la economía española, y la necesidad de tomar decisiones radicales ante el elevado desempleo y el déficit de las autonomías.
Estas declaraciones, caen como un jarro de agua fría sobre las recientes medidas de recorte del Gobierno español, y viene a evidenciar que no satisfacen a la banca alemana –de la que Weidmann es preclaro referente, en su condición de responsable del banco central alemán-, a la sazón acreedora destacada de nuestro país; y que viene a expresar las dudas de nuestros acreedores alemanes sobre la viabilidad económica de nuestro país con las magnitudes económicas actuales, y en plena recesión.
Viene a ser como ese banquero que expresa sus dudas sobre la viabilidad de cualquier proyecto que se les somete a crédito, ante lo cual contestan con una mayor petición de garantías, previo a declinar su concesión.
Por consiguiente, estas declaraciones de Weidmann tenemos que tomarlas seriamente, especialmente si queremos contar –como no puede ser de otra forma- con el placet alemán en la UE, pues en definitiva defiende los intereses de la banca alemana, que está en condición acreedora y francamente inquieta por la evolución de la situación española, en cuya organización y sostenibilidad económica no acaba de confiar. Y ello es de vital importancia para que el rescate planteado vaya a buen puerto –entre otros muchos factores, internos y externos, económicos, sociales y políticos-. Así creemos que en las palabras del responsable del banco regulador alemán se encuentra el planteamiento de la Canciller Ángela Merkel.
Aunque por otra parte, no podemos dejar de pensar que esas palabras representan el sentimiento de los “abstractos mercados” a los que toda reforma económica y recorte hispano parece poco, según vemos diariamente en las cotizaciones de los diferenciales de “prima de riesgo” que apenas han dado árnica a España, como sí lo han hecho con Italia, en una especie de maniobra de “acoso y derribo” en la que Weidmann viene a anunciar la “estocada final”.
A Weidmann y los suyos sólo le importa recuperar el dinero prestado, lo cual es lógico y justo,  y en situación de desconfianza, cuanto antes mejor. De ahí que toda maniobra de reajuste, reequilibrio presupuestario, o recorte económico en España les sepa a poco, por un natural estado de impaciencia que da a todo acreedor que no ve claro el cobro de sus créditos; de ahí la expresión de un deseo que quieren forzar a que sea realidad: la intervención del país, en sutil referencia a su rescate, a ese “paraguas” imaginario. Consecuentemente las necesidades de la población española, los derechos sociales declarados y adquiridos, los servicios públicos españoles, a los acreedores –“mercados financieros”- les importan poco o nada.
Por eso, hay que decirle a Weidmann y los suyos –que aunque tengan derechos de crédito prestados a España- eso no les da derecho alguno a asumir labores de gobierno –para lo que no han sido elegidos-, y que nuestro Gobierno debe escucharlos y negociar en lo preciso, pero no puede, ni debe gobernar al dictado de ellos, pues en ese caso atendería a intereses espureos al de los propios españoles –que son los que les han dado la legitimidad soberana por vía electoral-, para los que ha de gobernarse preferentemente, sin que sus interese puedan verse relegados por intereses extraños –por muy legales que sean-.
Así las cosas, nuestro Gobierno tendrá que mantener la negociación, sin amilanarse por esos poderes fácticos, que también tienen incidencia real y directa en nuestra economía, a los que se ha de hacer ver que no es justa la presión que mantienen diariamente sobre nuestro país. Y sobre todo requerir a los socios de la UE a que actúen como tales apoyando a países como España e Italia están pasando momentos de dificultad económica, no insalvable si se le presta la ayuda que se espera de la lealtad de unos socios; so pena de hacer planteamientos alternativos a la propia configuración actual de la UE ante la falta de respuesta común a problemas que no son solo nacionales.

viernes, 6 de julio de 2012

EL ISLAMISMO POLÍTICO DESPLAZA AL ARABISMO NACIONALISTA EN EGIPTO



La victoria electoral de los Hermanos Musulmanes en Egipto es un claro ejemplo de la involución política que se está dando en algunos países de religión islámica, que viene a desplazar un planteamiento político arabista de estos países, que buscan una identidad cultural que haga de argamasa socio-política sobre la que estructurarse superando el statu quo elitista –que en algunos casos es tribal-.
El mundo árabe resurgió, con la configuración geopolítica de la descolonización tras la II Guerra Mundial, que de la mano de líderes como el presidente egipcio Nasser generaron un arabismo político laico, dentro de los no alineados aunque en proximidad a la órbita soviética, tratando de generalizar un panarabismo en los países de la zona, que alentó a estas sociedades a su peculiar progreso; si bien el fracaso del proyecto, devino con prematura muerte de Nasser, las sucesivas derrotas frente a Israel, que pusieron de manifiesto la falta de unidad de los países árabes; a lo que habríamos de añadir la revolución chiita en Irán, la guerra del Líbano, y la confrontación entre Iran e Iraq.
Todo ello fue síntoma de la falta de unión  de los árabes, y de las dificultades de estas Naciones en alcanzar la modernidad que Occidente les iba alentando, pero que ni su estructura política –habitualmente dictatorial, de dominio de élites-, ni su estructura económica –que pese al petróleo, cuyas rentas han sido repartidas de forma desigual- no ha conseguido un desarrollo sostenible por falta de tejido industrial y falta de adecuada organización de la producción agropecuaria, que ha dado lugar a importantes sectores marginales de pobreza, y paro.  Por consiguiente, las sociedades de estas Naciones inmersas en estas estructuras antiguadas, incluso culturalmente recelosas de la modernidad que les presenta Occidente, han buscado su propio modelo de identidad y reorientación, y lo han encontrado en la tradición religiosa del Islam.
Pues los grupos religiosos siempre están presentes en las sociedades, y en estas especialmente con añoranza de un pasado épico de conquista y expansión en base a la inicial motivación religiosa; por lo que ante una situación decadente con sucesivos fracasos en el litigio con Israel, se ha extendido cierto complejo que se pretende superar recurriendo a valores religiosos, y a una historia épica triunfal. Junto a ello, en esas sociedades con altos índices de marginalidad, la caridad religiosa que han venido practicando organizaciones como la de los Hermanos Musulmanes –para remedio inmediato, y subsiguiente proselitismo- ha hecho el resto.
Así junto al islamismo religioso, e incluso cultural, ha emergido un islamismo político que con un planteamiento simplista de base religiosa y altamente populista se ha ido realizando una labor constante que ha logrado el calar en la mayoría de esas sociedades, como ha sido también el caso de Egipto, Marruecos o Libia, si bien en cada uno de estos países el grado de implantación es diferente, pues en Marruecos se conservan las tradicionales instituciones sociopolíticas de la monarquía alauí que harán de natural contrapeso al avance del islamismo.
También en Egipto, tradicional aliado de Occidente en las últimas décadas, tendrá que aquilatar bien sus políticas internas y externas, por ser Estado clave en la estabilidad de Oriente Medio, además que los militares –parte de la élite gobernante, desalojada por las urnas- de hecho siguen detentando un importante poder fáctico.
Con todo, consideramos que la apuesta de estas sociedades por el islamismo no deja de ser un síntoma del hartazgo y la desesperación que padecen. Aunque, más allá del populismo en su versión de tradicionalismo religioso de sus postulados, del diagnóstico de la anterior situación, y de la caridad momentánea, probablemente no tengan muchos más puntos de encuentro con la mayoría de sus votantes, a los que difícilmente podrán cumplirles las promesas de bienestar y justicia, pues tampoco parece que tengan la solución para ello. Si bien, no deja de ser un movimiento pendular que en el mundo árabe suele oscilar entre el “arabismo laico” y el “islamismo político”, de forma que cuando uno crece el otro decrece, y viceversa.

lunes, 2 de julio de 2012

ESPAÑA, EN “EXTASIS DEPORTIVO”, OLVIDA SU DURA REALIDAD



Por fin, ganó la selección española de fútbol la Eurocopa por segunda vez, acontecimiento que se junta en el recuerdo próximo con el triunfo del Mundial de Fútbol, en una benéfica racha que hace historia del deporte patrio. De nuevo el alborozo popular recorrió de forma mayoritaria la sociedad española, introduciendo a algunos en trance paroxístico, y a la mayoría en una forma peculiar de “éxtasis colectivo” que nos ha transportado agradablemente de nuestra dura realidad.
Los medios de comunicación han dedicado amplia atención al evento, los jugadores y técnicos del seleccionado español han sido recibidos como auténticos héroes, ante los que no se ha reparado en todo tipo de agasajos –apropiados en muchos casos, como gesto de reconocimiento público y gratitud, aunque no tanto en otros ámbitos, como los retributivos, y sobre todo la mitología generada en torno a una épica a la que nuestra sociedad da un extraordinario valor, a todas luces exagerado-.
De forma que el país vive 24 horas desbordado por el jaleo mediático, que desborda con mucho, la natural alegría por el éxito obtenido por nuestro seleccionado nacional de fútbol; al punto que en términos meramente racionales podría considerarse esta respuesta social como excesiva –como contracorriente, puede estimarse el presente artículo, aunque no lo pretende, sino reflexionar sobre un extraño fenómeno de masas digno de estudio sociológico-.
De entrada habría que afirmar que lo emotivo –por su base irracional- es de difícil valoración racional. Si bien, no nos apartamos a buscar razones en forma de causas que expliquen este extraño fenómeno de desbordamiento colectivo tras un éxito deportivo, que se desarrolla en su propio ámbito, pero que trasciende a toda la vida social desbordándose como auténtico fenómeno de masas.
Acaso la explicación, en una sociedad cada vez más secularizada, venga de la mano de la frecuente atribución de “nueva religiosidad” al deporte moderno, con sus ritos, hábitos sociales que articulan el fenómeno deportivo, que al propio tiempo tiene una función de “argamasa social” al unir a colectivos sociales en una pretensión colectiva, que aunque aproveche el ámbito deportivo refleja valores colectivos, ansias de superación, de victoria a través del esfuerzo y la confrontación con otros colectivos. Espacio en el que se vierten frustraciones personales, sociales, como aspiraciones colectivas de triunfo que resultan reforzantes de la unidad del colectivo. Aspecto, que con una buena lectura social, y adecuado encauzamiento, también cumple una adecuada labor extradeportiva sobre la identidad y cohesión grupal.

Si nos atenemos al simbolismo de atribución de religiosidad laica, encontramos referencias análogas al ámbito puramente religioso, como pueden ser los ritos, símbolos idéntitarios, indumentarias, mitos, sacrificios y nuevos templos; ante los que se presentan nuestros esfuerzos, nuestras esperanzas, evadiéndonos de nuestra propia realidad en la esperanza del triunfo ansiado, que hace los deleites de sus seguidores, ante lo que no se cuestiona ni el nivel de esfuerzo, ni el gasto –muchas veces muy desproporcionado-, no en vano muchos clubes de la liga profesional española se encuentran en una situación económica insostenible. Incluso muchas veces, llega a justificarse hasta lo injustificable, en un ámbito sectario que obnubila el normal discernimiento entre el bien y el mal; con especial significación en la generación de grupos fanáticos, agresivos y violentos que suelen ser tolerados, acogidos, cuando no fomentados por algunos de los clubes para reforzar los lazos de identidad aún prestándose a la inmoralidad e ilegalidad del uso de la violencia verbal –que es generalizada-, e incluso física –que aún cuando esporádica no es excepcional-.
En esa vertiente neo-religiosa se generan mitos a los que se adora, idolatra –que entran en el juego del comercio de masas del consumismo social- se imita su forma de vestir, sus gustos y apetencias, propiciando la despersonalización del hincha, tratando de evadirse de una vida vulgar o gris. De igual modo, este tipo de feligrés se sume regularmente en un estado emocional y pasional colectivo que le lleva a vivir pasiones, ilusiones, alegrías, pero también tristezas, decepciones ante las que suele descargar su ira sobre otros buscando culpabilidades, en un ámbito existencial que no siendo propio, participa y asume para bien y para mal.
Sin embargo, todo ello no es óbice para poder asumir el deporte –como otros ámbitos de la vida- de forma libre, personalmente enriquecedora, siempre que no se confundan los planos personal y social de su vivencia, para evitar un sobredimensionamiento existencial de esta particular forma de ocio –también negocio para unos cuantos-, y sobre todo que nos evada no sólo de nuestra realidad, sino también nos distraiga de nuestras responsabilidades personales y sociales, desmitificando el fenómeno y a sus componentes, aunque se les reconozca el valor de sus logros pero en sus justos términos.

domingo, 1 de julio de 2012

INSENSIBILIDAD ECLESIÁSTICA CON DESHAUCIADOS QUE OCUPARON LA ALMUDENA



La noticia que la Policía desalojó el viernes por la noche a la veintena de personas que se habían encerrado en la madrileña Catedral de la Almudena para protestar contra los desahucios y reivindicar el derecho a la vivienda se extendió como la pólvora, por lo simbólico del hecho, pues a personas desahuciadas de sus casas, por razón de pobreza, no sólo no son acogidas por su Iglesia, sino que también los desaloja con auxilio policial.
Siempre se ha entendido que para que la Policía intervenga en un templo eclesiástico tiene que contar con la aprobación de la autoridad eclesiástica, por lo que cabe preguntarse –ya que no trascendió- ¿quién dio autorización a la policía, o quién pidió la intervención policial para echar de la Catedral de Madrid a una veintena de pobres desgraciados?. El hecho es perfectamente legal, pero es incoherente, anticaritativo, antipastoral y roza una fina línea que probablemente lo hace inmoral.
Ese grupo de gente, según se ha sabido acompañados de un sacerdote de la Cañada Real, trataba de llamar la atención de la ciudadanía, de las autoridades sobre lo injusto de su situación desahuciados por impago hipotecario, derivado del desempleo y de la falta de sueldo para poder mantener a sus familias. Luego el factor humano en primera línea está presente, ante una injusticia social, que los ha marginado a la pobreza, de la que por cierto dijo Jesucristo que sería el Reino de los Cielos, y en su desesperación acuden a la Iglesia –que se les ha proclamado como madre-, pero que les responde como una “mala madrastra” echándolos  con recurso policial, por la fuerza. Algo que Cristo sólo hizo con los mercaderes del Templo, pero jamás con los pobres, a los que designó como privilegiados, con carácter de asistencia preferente. Y miren por dónde, la jerarquía eclesiástica española, no sólo no los acoge, sino que los echa a cajas destempladas, y además se esconde, no da la cara, ni pide perdón, ni mucho menos trata de remediar el impropio repudio realizado.
Probablemente sea cierto que este grupo invasor, se mostrara así desde el principio en la Catedral, para hacer lo que no se suele hacer allí, y de ahí la intervención policial. Posiblemente no pidieran la acogida y mediación de la comunidad cristiana madrileña, y de sus representantes ante las instancias oficiales. Pero así las cosas, ¿el Cardenal Rouco ofreció su  samaritana mediación?, ¿se llegó a interesar por esta pobre y desesperanzada gente?, ¿les ofreció realojamiento en otros locales eclesiásticos, mientras se buscaba la solución más justa o adecuada posible?. Posiblemente si lo hubiera hecho, no habría tenido lugar la intervención policial.
Por fortuna, no toda la Iglesia se muestra así de autista, distante, de “duro corazón”. También existe una Iglesia cercana, fraternal, auxiliadora, pues Iglesia es todo el Pueblo de Dios en el cual hay patentes y permanentes brotes de su evangelio, de la caridad tanto institucional como personal. Esa es la auténtica Iglesia en la que se sigue manifestando el Espíritu de Dios, pues por sus obras les conoceréis.
Y entre estas buenas gentes que siguen haciendo de su vida misión hacia el prójimo, también existe abundantes clérigos, religiosos e incluso jerarquía eclesiástica, que en el presente caso, estamos seguros que hubieran actuado de modo distinto, aunque de momento sólo se ha hecho eco del incidente Mons. Agrelo, franciscano arzobispo de Tánger, quien ha afirmado rotundamente que “los desahuciados caben todos y caben siempre en la catedral”, indicando seguidamente que “La catedral es signo de la comunidad de los fieles, que son el verdadero templo de Dios, y es imagen del Cuerpo místico de Cristo, cuyos miembros se unen mediante un único vínculo de caridad”. Según lo publicado por Religión Digital (www.religiondigital.es).

martes, 26 de junio de 2012

APAGÓN DE LUCES Y DESPIDO DE TAQUÍGRAFOS



En democracia se ha hecho célebre la frase “luz y taquígrafos” con referencia a la necesidad de transparencia de la vida pública, esa misma transparencia que tanto han cacareado los políticos cuando les ha interesado; y de la que prescinden cuando no les interesa, especialmente si suponen que no saldrían airosos de la críticas de la oposición, que también tiene su importante labor de control en toda democracia seria que se precie.
 Nos encontramos con que este año los españoles nos quedaremos sin la habitual sesión del Congreso sobre el “Estado de la Nación”, pues el presidente Rajoy en plena zozobra económica del país, cuya situación real aún no ha explicado a los representantes del pueblo, ha preferido mantener la opacidad sobre su gestión interna y externa de la crisis, en la que nos rescatan –pero no es un rescate-, se presta al Estado –pero es cosa de los bancos y para los bancos, por lo que no nos va a costar al contribuyente-, y además es un préstamo sin condiciones –pero se le conocen requisitos de interés, de plazo, carencia, y hasta exigencias macroeconómicas de política económica-. Y aún así, no le parece necesario a Rajoy aclarar en la sede de la soberanía popular, todo este galimatías de medias verdades, y auténticas mentiras. ¿Qué hay en todo ello que no conviene que se sepa a los cuatro vientos?. ¿Qué trata de taparse, en una mediocre gestión, digna de mejor ocasión?. 
Han transcurrido poco más de quince días desde que el Gobierno de Rajoy nos vendiera la ayuda europea a la banca, con todo tipo de eufemismos optimistas, y lo presentara como un triunfo para consumo interno –lo que le costó más de un reproche y mosqueos en la UE prestamista forzada, ante la gravedad y contumaz realidad-; y sin embargo, aquello que era poco menos que el “euromillón” para España, aún está negociándose, y vamos descubriendo que es una nueva hipoteca sobre el futuro de nuestro país para salvar un sistema bancario codicioso, incompetente e insolidario con la propia población española, que acaba siendo avalista de su recuperación, en tanto la banca permanece inmisericorde ante sus deudores hipotecarios a los que desaloja de sus hogares sin mayor reparo ético.
Pero aún así, estando el país en grave emergencia económica y social, para Rajoy no resulta necesario ningún debate en el Congreso de los Diputados; eso sería tanto como “darle cuartelillo” a la oposición, que no parece serle digno de ello; pues tampoco se siente ni legal, ni políticamente obligado a explicar nada.
Tenemos en ciernes un amplio recorte del sector público, una importante batería se subida de impuestos, para ajustarse a la realidad económica actual. Pero a Rajoy tampoco le merece la pena explicarse sobre sus proyectos políticos inmediatos, debatirlos y analizarlos. ¡Qué más da..., si tiene el “rodillo” de la mayoría absoluta!; ¿a qué teme?, ¿o acaso desprecia el parecer de la oposición sobre todos estos temas?. Tal actitud revela un talante autoritario y poco democrático.
Al propio tiempo estamos asistiendo a una de las mayores crisis habidas en el Poder Judicial, tercer poder constitucional del Estado, con el “acoso y derribo” por parte del órgano de los jueces a su presidente, hasta conseguir su dimisión. Algo insólito en doscientos años de vida del poder judicial en su versión moderna de Tribunal Supremo. Pero tampoco parece que sea necesario debatir nada.
Ha habido un relevo con modificación del régimen de nombramientos en el Ente Público RTVE, acomodado a la nueva mayoría absoluta del PP, que ha hecho su particular desembarque. Pero tampoco, resulta ser objeto de debate parlamentario.
Desconocemos el plan definitivo de reestructuración del sector bancario, que ahora posiblemente lo reajusten nuestros acreedores europeos. Y tampoco resulta haber el menor interés por su debate.
Estamos en pleno proceso de reestructuración o desmontaje del “Estado del Bienestar”, con un cuestionado sistema autonómico, pero sigue sin ser motivo de debate.
Todo ello, que hace que pensemos en que se ha producido un “apagón de luces y despido de taquígrafos”, es un mal síntoma del estado real de nuestra democracia, pues este nivel de opacidad en asuntos tan decisivos e importantes para la vida pública como los aludidos, supone que se le tengan que poner serios reparos a los usos democráticos del presidente Rajoy.
Rajoy no debe olvidarse que es el presidente del Gobierno de España, que representa institucionalmente a todos los españoles, y políticamente debe someterse a control parlamentario –que para mayor paradoja, supera numéricamente por su mayoría absoluta-, pues lo mismo que se hace camino al andar, la democracia se desarrolla con sus rituales y formas que son necesarias para la salud del sistema. Por ello, creemos que es más que necesario el “debate del Estado de la Nación” que se trata de escamotear.

viernes, 15 de junio de 2012

UNA GRECIA DESESPERANZADA EN BUSCA DE SU FUTURO



Grecia está atravesando una de las etapas más oscuras de su historia reciente, con una situación de quiebra económica, apenas sustentada por las cordadas de sus acreedores para evitar perder lo prestado, pero que no considera con realismo el sufrimiento del pueblo heleno ante las draconianas condiciones impuestas por aquellos, que están determinando que el propio pueblo se plantee aquello de que “de perdidos al río”.
En tales circunstancias acude Grecia a una nueva cita electoral este fin de semana, en cuya base decisoria está un gran dilema que pronto se despejará y que traerá consecuencias para gran parte de Europa.
Por un lado, se trataría de continuar en la UE siendo neocolonizados –aunque eufemísticamente se hable de “rescate”, o “intervención”-, en que la nueva potencia colonial en el nombre de la banca acreedora de los griegos, les marcará el surco del que no se podrán salir, so pena de que los acaben abandonando y asfixiando económicamente.
Por otro lado, se procuraría la liberación de las ataduras de la inmensa deuda que les condiciona el presente y el futuro; el reconocimiento de la impotencia, de la auténtica insolvencia, y volver a empezar por sus propios medios –pues el precio de esa verdad, de recuperar la libertad como país, es el abandono a las “tinieblas externas”-. Aunque no siendo el único país en haber quebrado, tras un periodo inicial difícil, se acaba recuperando la actividad.
La diferencia entre una y otra posición apenas radica en algo importantísimo, que se llama libertad, soberanía del pueblo griego, aunque se hayan de reconocer errores pasados, pero no se pueden perpetuar si la asunción del pago de la deuda –vía ayudas- no da apenas para vivir a un pueblo que se siente estafado y esclavizado, para finalmente ser abandonado a su suerte. ¿Esa es la solidaridad de la UE con sus propios socios?.
En consecuencia, tal grado de desesperanza, lleva a prever un ascenso de las posiciones antieuropeas, en la forma en que la propia UE se ha posicionado –construida a medio camino, sin apenas explicar el rumbo y el proyecto a la ciudadanía- y mostrado incapaz de arreglar los problemas económicos en la zona euro.
Especial atención hay que prestar al izquierdista Alexis Tsipras que ha acabado moderando su discurso de ruptura con la UE, para plantear otro de renegociación de las condiciones de la deuda, ante la evidencia que Grecia no puede salir adelante en las presentes condiciones. Y sobre todo, porque Tsipras plantea algo que late en la conciencia de muchos europeos, aunque la socialdemocracia europea no acaba de abanderarlo, y que pasaría por la pretensión de reforma profunda de una UE  de las finanzas, de porte neoliberal, por otra más social.
El éxito del discurso de Tsipras radica en que en estos momentos ha sido el único político capaz de articular un mensaje con eco social que plantea un rumbo político definido y claro, más allá del aturdimiento del resto de la clase política ante el imperativo de tener que gobernar al dictado de los acreedores, subvirtiendo así el principio de soberanía nacional, que ha de ser sagrado en cualquier democracia que se precie.
En cualquier caso, asistiremos a un histórico pronunciamiento de la sociedad griega; y sobre todo, dadas las dramáticas circunstancias, a los españoles, italianos, portugueses,  e irlandeses nos podría servir de ensayo experimental para nuevas tomas de posición soberanas, que si lo fueran de conjunto en el seno de la UE aún tendrían más éxito. Pues en definitiva, la desesperanza de los griegos es compartida por muchos ciudadanos de los países intervenidos o apunto de serlo, y el “sueño europeo” se empieza a convertir en una “pesadilla” de la que hay que despertar ya, resolviendo el problema de fondo –por vía de reformas internas y comunitarias-, o abandonando un tren que lleva una velocidad y tiene un costo que no nos lo podemos permitir, pues los que llevan billete de primera tienen poco interés por la confortabilidad de los pasajeros de segunda. Amen que dicho simil ferroviario, supone un mal comienzo para una sociedad de naciones, en las que unos se imponen sobre otros, o se desentienden de los problemas que les acarrean algunos imponderables de la sociedad.

domingo, 10 de junio de 2012

EL “SUAVE” RESCATE DE ESPAÑA



Finalmente ha sucedido lo esperado, aunque indeseado, y multidesmentido rescate a España, que se presenta como un “rescate a la banca española”, pero que es la primera edición de una intervención europea, que si no se remedia, acabaremos por padecer en unos meses. Y ello, aunque los eufemismos gubernamentales en España no quieren oír hablar de rescate, sino de línea de crédito a la banca, por mera estrategia política, aunque veremos lo que piensan los mercados.
Pese al planteamiento del ministro de Economía español sobre la ayuda de la UE a la banca española, hemos de reconocer –ateniéndonos a la realidad de los hechos- que ese crédito se entrega al FROB –institución gubernamental- y se avalará con cargo al Erario Público –pues nos lo computan como gasto público, que lo incrementa considerablemente-, para que el FROB lo vaya entregando a las entidades bancarias con problemas económicos (desconocemos si será un mero crédito, o será la fórmula de Bakia –por compra de acciones, con lo que no sería crédito sino participación en la propiedad del negocio-).
Además el ministro de Economía español dijo que no representará ningún tipo de condición de política económica española. ¡Inaudito…!. Seguro que no se lo cree ni él. Puesto, que las condiciones se demoran a próximas reuniones, pero de hecho, por ahí van circulando recomendaciones previas de Bruselas sobre ajustes económicos urgentes que habría de emprender nuestro país.
Todo esto ha venido en medio de una serie de declaraciones gubernamentales negando la mayor de cualquier tipo de rescate, hasta antes de ayer, lo que unido a este tipo de disimulos, nos lleva a preguntar ¿por qué actúa así nuestro Gobierno?. ¿Improvisa?, ¿se le ha escapado la situación económica de las manos?, ¿están operando imposiciones de la UE?, ¿esta sería la primera fase de una potencial intervención?. Ninguna de esas preguntas –y otras semejantes- deberían de quedar sin respuesta razonable por parte de Madrid y Bruselas de consuno; pues de lo contrario, se acabará acusando recibo en los mercados, y podríamos entrar en una espiral imparable, en que pese a este dinero europeo, España pudiera perder credibilidad mercantil para poder colocar su deuda de forma habitual, y eso sería nefasto para nuestra economía y también para la europea.
Por otra parte, la gestión política de la crisis económica del Gobierno de Rajoy no está siendo todo lo eficaz que hubiera sido deseable, ya que el desajuste autonómico aireado en el extranjero, con incrementos progresivos de deuda, ni el affaire de Bankia se han llevado bien; y eso ha minado la maltrecha confianza en la “marca España”, y ha acabado por desencadenar este tipo de acciones de rescate, que de otra forma se hubiera podido evitar, pero tal como se han sucedido los acontecimientos, especialmente en el último mes y medio, era poco menos que esperable.
De igual modo, que nadie piense que este crédito de ayuda europeo no lleva contraprestaciones, más allá de los intereses comerciales, pues los ajustes económicos habrán de llevarse a término; o de lo contrario, lo único que supondrá este crédito es prorrogar una inevitable situación final de insolvencia. Por lo que habrá que estar muy atentos a las medidas económicas que el Gobierno de Rajoy adopte en las próximas fechas.
En cualquier caso, dadas las circunstancias, esta ayuda viene a nuestra economía como “agua de mayo”; pero que no nos confundan las apariencias, pues si ha sido así formulado el inicial rescate, no quiere decir que lo peor haya pasado ya. Puede haber pasado si se manejan bien los resortes gubernamentales de la política económica, lo cual sigue requiriendo drásticos ajustes del gasto público –no debiendo descartar la reforma del sistema autonómico-, y medidas de activación económica que permitan generar mayores ingresos para pagar la ingente deuda pública que hemos generado –que dicho sea de paso, se encuentra al límite de la solvencia real de nuestro país-. Por lo que hemos de entender que estas medidas y las subsiguientes que se adopten, son medidas al límite de nuestras posibilidades para intentar evitar una quiebra, de la que hemos sido incapaces de alejarnos hasta ahora, y veremos si lo conseguimos.

domingo, 3 de junio de 2012

¿Qué vida se garantiza a los españoles, portugueses, irlandeses y griegos en el euro?



La crisis económica que amenaza al euro y que lleva a intervenir economías nacionales de la zona monetaria europea, parece que está llegando a un desenlace, ante la evidencia que las cosas no pueden continuar así, con economías semicolapsadas, escasez de crédito, elevadas cifras de paro y diferenciales de la prima de riesgo privativas para sus economías.
Por tanto, todo apunta que se acerca el inquietante desenlace, bien en forma de solución conjunta desde la UE para salvar estas economías, bien para que estas acaben por abandonar el euro, ante la imposibilidad de seguir los requerimientos de la autoridad monetaria europea.
Así, aunque decidirán los de siempre, los poderosos –hoy llamados “mercados”-, puede que el sueño europeo esté llegando a su fin. Como ya está en sus estertores el “Estado del Bienestar” que alguien ha decidido, desde su poderosa “torre de marfil” que es un exquisito menú impropio de pobres, pues dicen que no nos lo podemos pagar. Naturalmente, aunque pueda haber algo de razón en ello, no es menos cierto que tal afirmación atufa a un egoísmo digno de mejor empeño, pues tampoco se ha hecho un análisis serio y profundo de los gastos que tenemos y hemos venido manteniendo cuáles de los mismos son prescindibles, sino que se ha ido directamente contra los pocos beneficios alcanzados por las clases medias y trabajadora después de años de fatigas con algunos logros.
Por tanto, en esta opacidad, en que el pueblo está prácticamente al margen de lo que está sucediendo, salvo para sufrir las consecuencias de una nefasta gestión de la crisis por parte de nuestros políticos, y aún peor, por parte de los euroburócratas que abordan el problema desde una frialdad y una estrechez de miras que pone de manifiesto la lamentable ausencia de un liderazgo político europeo que fije rumbo a esta utopía confederal que lleva más de dos décadas en proceso de construcción no culminada; que es uno de los motivos de la actual crisis que padecemos, por faltar la política fiscal común que debiera haber acompañado a la monetaria.
En cualquier caso, aparte lo que hagan los poderosos de Europa y de cómo gestione Rajoy sus cartas –pues aparenta haber amagado con abandonar las propias iniciativas hasta la cumbre europea de finales de mes, algo que probablemente no aguante la situación y que posiblemente incluso la precipiten-; la cuestión es ¿qué nos espera en la UE intervenidos o semi-intervenidos?, pues resulta claro que la banca española ha sido un problema añadido que finalmente nos precipita a tener que ser, al menos “remolcados”. De entrada parece que ponen duras condiciones de ajuste del gasto público –le duela a quien le duela, y sea justo o injusto, pues de nuevo el dinero es lo único importante-, recorte de prestaciones sociales de paro, recorte posible de pensiones con prolongación de la edad máxima de jubilación, y toda una retahíla de medidas que nos llevarán a tener que subir impuestos y estar debiendo dinero durante más de una década, lo que lleva a hipotecar nuestro futuro en un par de décadas mínimo. Y siempre con la “espada de Damocles” ante cualquier desvío del rumbo marcado. Algo que podría definirse como una “neoesclavitud”, o quizá más suave, una “neocolonización”. Que tras la II Guerra Mundial no se instaló en Europa para evitar la crisis bélica con raíces en las duras indemnizaciones y sanciones de guerra impuestas a los alemanes en el Pacto de Versalles. Y sin embargo se optó por la creación de la CEE, tras la implicación activa de EEUU en el Plan Marshall de rescate al viejo continente asolado por los destrozos de la guerra. ¡Qué pronto se ha olvidado…!.
 Hemos de despertar de la utopía europea, pues esto deja de ser un sueño de libertad, de progreso e igualdad, para convertirse en una pesadilla de mercadeo infame, y sálvese quien pueda, con la complicidad de la mediocridad de los políticos nacionales.
Naturalmente, en ese horizonte hablar de nuestros socios europeos sería un sarcasmo. Pues no se han mostrado socios, sino rigurosos y cicateros administradores, de unas deudas que el propio sistema –por injusto, incompleto e inadecuado- ha propiciado, junto con una irresponsable actuación de nuestra clase dirigente, que tampoco ha desempeñado bien sus obligaciones de control y buena administración en los distintos gobiernos y mesogobiernos territoriales y locales.
¿Cuál sería la alternativa?. A estas alturas, prácticamente sería una, la de abandonar el euro. Aunque quizá cabría establecer urgentes contactos con los países que están como España (Italia, Grecia, Portugal, e Irlanda), con acercamiento al Gobierno Francés de Hollande, para hacer un planteamiento común en Bruselas.
Si no fuera posible, la alternativa sería el abandono de la moneda europea por parte de España, que recuperaría el control monetario y podría proceder a la necesaria devaluación de la moneda, como se hizo en numerosos episodios análogos en nuestra historia reciente (la última por Solchaga en la mitad de los ochenta), renegociando la deuda con medidas de quita y espera, evitando este sufrimiento económico, aunque trajera consecuencias inflacionistas, y perjudicara la competitividad. ¿Qué competitividad creen que podemos tener con la “losa” de una gran deuda financiera?, aparte que nuestros intereses –visto lo visto- hemos de defenderlos nosotros, algo que no garantiza una intervención económica, en que nuestros antiguos socios –actuales acreedores, y competidores comerciales- tratarán de  reconducirnos por los cauces que les sean más interesantes, que no tienen que ser los que más nos convengan. Además, ¿qué tipo de ejercicio soberano es ese que supone una posición doblegada a los dictados externos?.
En el ámbito económico, incluso habría sectores como el turismo o el inmobiliario que se recuperarían con facilidad ante una devaluación de la peseta, e incluso nuestras exportaciones  podrían beneficiarse, especialmente de aquellos productos propios.
Por consiguiente, no hagamos caso a los agoreros que nos anuncian que “tras ellos está el diluvio”. ¡Sólo se trata de ajustes macroeconómicos de índole monetaria, y no son los primeros!.