miércoles, 28 de mayo de 2014

LA UE Y EL BIPARTIDISMO ESPAÑOL EN LA ENCRUCIJADA


Las elecciones europeas del pasado fin de semana han reflejado el  progresivo divorcio de la ciudadanía respecto de la construcción europea que se ha ido elaborando a sus espaldas, al tiempo que también refleja el enfado por las duras medidas de ajuste anticrisis impuestas por Merkel al frente de la UE, que está dañando en bienestar de la ciudadanía europea y desnaturalizando el inicial proyecto continental de una Europa de los ciudadanos.
Por consiguiente, votación en doble clave (europea y nacional), en la clave europea se constata la diseminación del voto y el incremento del euroescepticismo (especialmente de extrema derecha) que en países como en Francia ha obtenido significativos porcentajes de voto que puede hacer peligrar el propio proyecto europeo, por sus habituales planteamientos nacionalistas, insolidarios, y de repulsa de la inmigración. Junto a los cuales, también ha habido un importante voto de izquierdas que cuestiona la actual configuración burocrática y economicista europea, que se plantea una revisión del proyecto hacia posiciones más sociales y teóricamente más solidarias, contrarias al capitalismo financiero del neoliberalismo que estando en el origen de la crisis económica, pretende señalar la salida a la misma desmontando el bienestar social por el que Europa se distinguía en el mundo.
Así, pese a que haya ganado el PPE y se haya recuperado ligeramente la socialdemocracia, entre los cuales tienen mayoría aritmética suficiente para la gobernabilidad europea, no es menos cierto, que el voto de protesta representado por las demás alternativas (a la derecha e izquierda) deben reportar un acuse de recibo en Bruselas, en la reorientación del proceso de construcción de la UE que implique más a la ciudadanía, que la haga más democrática y participativa, pero sobre todo más solidaria de lo que se ha mostrado en plena crisis económica con los países en dificultades, a los que se ha rescatado en unas condiciones de neocolonialismo que está arrasando las economías locales, paralizando su comercio, empobreciendo a la gente y cargándose a la clase media de los mismos.
Por otra parte, en clave nacional, hay un fenómeno emergente que es la irrupción del nuevo Partido PODEMOS, liderado por varios jóvenes profesores de CC. Políticas de la Complutense, y votado por casi un millón y medio de personas, que con un planteamiento claramente de izquierdas (social, republicano participativo, contra el bipartidismo endogámico PP-PSOE) trata de canalizar políticamente el voto de los indignados –que parece haberse organizado finalmente tras la denominada “revolución silenciosa” del 15M-, y que ha levantado una auténtica oleada de reacciones a favor –por parte de amplios sectores de la población que se siente identificada con una necesidad de regeneración de la vida política española-, y en contra –por parte de sectores de votantes próximos al PP-PSOE, que ven peligrar el bloque habitual de gobierno bipartidista de la transición, que se ha ido repartiendo todo el poder político de forma cerrada, rompiendo la división de poderes, favorecido por una legislación electoral ad hoc-. Estos últimos han empezado a dar muestras de cierto nerviosismo, ante la probabilidad que este grupo político siga en ascenso en las propias citas electorales. Al propio tiempo, dada la continua caída electoral del PSOE, y ante la probabilidad que pudiera ser desplazado por IU y PODEMOS, ha generado un terremoto interno con dimisión de su Secretario General y  sucesivos líderes, así como una profunda controversia interna, que no hace sino confirmar lo que apreciamos de “cierre en falso” de su crisis interna en el pasado Congreso socialista, que ha roto las “costuras” que arteramente se tejieron para que el aparato siguiera salvando los muebles, pero que no parecen convencer a sus votantes.
Con todo, creemos que el PP –que ha ganado aritméticamente las elecciones, aunque no se pueda decir tanto en términos políticos, por la pérdida ostensible de votos padecida- habrá de reflexionar, lo mismo que lo debe hacer el PSOE (sumido ya en una nueva crisis interna, que no es más que otro episodio de la que viene padeciendo), y tomar buena nota de lo que significa este nuevo planteamiento del electorado hacia una izquierda no pactista, sino abiertamente reivindicativa, que les debe obligar a replantearse su acción política próxima desacelerando el proceso de ajustes y recortes en el ámbito social (para dirigirlos a otros ámbitos que hasta ahora han sido exonerados de las cargas de la crisis), evitando así un mayor tensionamiento social que incrementaría el voto de PODEMOS e incluso de IU.

Y en cuanto al PSOE, tendría que acabar de poner en práctica las archimencionadas elecciones primarias y llevar a cabo un serio proceso congresual de reformulación ideológica y metodológica, que acabe por cancelar la “política del aparato”, del politburó, endogámica, clientelar que ha dado la espalda a la ciudadanía.

sábado, 24 de mayo de 2014

25M.- PP propone a Juncker para la CE, PSOE a Schulz y los demás reparten sus apoyos entre Tsipras, Keller y Verhofstadt

25M.- PP propone a Juncker para la CE, PSOE a Schulz y los demás reparten sus apoyos entre Tsipras, Keller y Verhofstadt

REFLEXIONANDO EN EL DÍA PREVIO A LA CITA ELECTORAL


Los españoles, como gran parte de los demás ciudadanos de países de la UE, estamos convocados mañana a unas elecciones europeas, y aquí en España estamos en el habitual día de reflexión, en el que el ruido propagandístico electoral debe cesar para que la ciudadanía haga las necesarias cuentas antes de emitir su voto.
Sin embargo, lo difícil en este momento es poder hacer una reflexión objetiva, pues no podemos ser objetivos en la medida que vivimos inmersos en nuestra sociedad (actualmente afectada de una grave crisis –que parece estar terminando, pero aún no hay constatación de tal hecho-, que ha llevado un profundo sufrimiento en estos últimos cinco o seis años a la mayoría de la sociedad española), y por consiguiente esa experiencia late en nuestra mente, en nuestro sentimiento, y naturalmente ha de latir en nuestra reflexión.
No se trata de culpas, pues el origen del mal de las crisis del capitalismo, parece ser sistémico, y por consiguiente serían cíclicas, en función de la generación de excedentes de producción que no tuvieran su pretendida colocación. Por tanto, no es esa la cuestión. Esta creo que estaría en función de una doble consideración, por un lado la forma de reaccionar ante la crisis, la terapia económica que se aplicó –o incluso la que la oposición propuso, y naturalmente no se aplicó, por obvias razones-, la libertad de poder prescribir soberanamente como país libre una decisión colectiva de políticas consensuadas que afronten la crisis; y por otro lado, ¿qué futuro nos espera?, ¿cual es la propuesta de cada formación política, para los próximos años?. Y por encima de todo, ¿tiene solvencia de credibilidad cada una de esas propuestas de futuro?.
La cuestión no es fácil, entre otras cosas, porque sería un error ver estas elecciones en la sola clave nacional (como en gran medida se ha estado planteando por los principales actores políticos españoles). Hay que analizarla en clave europea (desde la que la vida española también se ve afectada), pero la perspectiva es distinta. Por consiguiente, se ha echado en falta en los debates y proclamas electorales de los principales partidos (PP-PSOE), discursos tan necesarios como ¿cual es el giro que está tomando la UE, desde la proclamada “Europa Social”, la “Europa de los ciudadanos”, “solidaria”, etc., de cierto tinte internacionalista a posturas de enrocamiento nacional?, ¿qué piensan hacer sobre ese particular?, ¿se puede recuperar el inicial proyecto europeo, o es claramente inviable?. Pues la crisis ha expuesto públicamente las “vergüenzas” de la UE (insolidaridad, creciente paro, discriminación nacional, neocolonialismo germánico, prioridad financiera sobre la ciudadana, e incremento de diferencias sociales, etc.).
Sin embargo, en la campaña electoral, más allá de las “proclamas propagandísticas”, luego arteramente desviadas hacia un debate interno más artificial que real, sobre la torpeza de unas declaraciones del candidato conservador, han privado a la ciudadanía del auténtico debate de fondo sobre la UE, su pasado, su presente y su futuro. Si realmente tiene futuro, tal como se vienen desarrollando las cosas.
Para colmo, tal es la actual desafección ciudadana de la clase política en España,  que faltaba que haya concurrido una final de fútbol europea entre dos equipos españoles, para que estos le hayan dado por completo la espalda al monótono y vacuo discurso político para meterse de lleno en la competición deportiva. Algo que también demuestra el bajo grado de concienciación y compromiso de la ciudadanía española con el interés común, propio de nuestro depauperado sistema democrático de baja calidad, como se le viene definiendo por expertos en ciencia política. Ante lo cual, se espera una amplia abstención.
Sin embargo, parece clara una cosa, que hay un bloque de partidos que consideran que el actual sistema político de la UE es válido, y lo que se trataría sería de votar alguna de las diversas opciones que así piensan, para que se rectifique ligeramente el rumbo de la UE, pues ello sería suficiente. Pero por otro lado, hay otro bloque de partidos que consideran que el actual sistema de la UE es inasumible, por su alto distanciamiento de la ciudadanía, que deja en manos de élites de poder (económico, y político) la gobernabilidad europea, pervirtiendo la auténtica democracia que debería regir para que llegara a ser la auténtica “Europa de los ciudadanos”, y en esa línea parecen pretender sistemas alternativos (que son descalificados por los partidos oficialistas como “antisistema”), pero  que deberían ser oídos por el cuerpo electoral para poder analizar y contrastar sus propuestas con las de los grupos oficialistas, y al final, que decida el “pueblo soberano”. Algo que no sólo no ha sucedido, sino que parece que tampoco ha habido demasiada voluntad para ello.
En cualquier caso, veremos mañana el auténtico resultado del voto europeo, ¿en qué medida refrenda o no el actual rumbo político de la UE?, y en razón de ello, ¿en qué medida obliga a su rectificación, o por el contrario ratifica su mantenimiento?. Pues tal es la clave de estas elecciones, que además de tal manera nos afectarán, ratificando las políticas de ajuste duro económico, de austeridad que vienen ejecutándose varios años con los dramáticos resultados socio-económicos, que no parecen llegar a justificarse en sus propios logros de progreso económico, que se demora a varios años más (especialmente la recuperación del empleo); o si por el contrario, se abandona ese esquema de acción y se acometen auténticas medidas de fomento de empleo (con cambios fiscales, monetarios y de gasto público), como prioritario.

¡La UE empieza a jugarse su propia credibilidad en una Europa que ha pasado del “euroentusiasmo” al “euroescepticismo”.

domingo, 11 de mayo de 2014

EMPIEZAN LAS “EUROPEAS”: ¿QUÉ NOS OFRECE LA “UE ACTUAL”?


Ha comenzado la campaña electoral al Parlamento Europeo, con el habitual ritual de pegada de carteles, de mítines de los candidatos y líderes de sus grupos políticos, y en definitiva con el “ruido electoralista” que apela a la simpleza de un cuerpo electoral, que siendo objeto de su atención por obvias razones de voto, se encuentra muy defraudado del actual estado de cosas que les ha reportado la anterior confianza en los políticos y en la Unión Europea.
Ambos (políticos y Unión Europea) representan dos caras de la misma moneda, del statu quo político-económico, que girando sobre los iniciales planteamientos europeístas de solidaridad, han engendrado una “máquina europea” al servicio del gran capital, presta al rescate de la moneda, y retardataria –cuando no descuidada- en el rescate de la sufriente ciudadanía ante la primera crisis rigurosa que estamos sufriendo, y ante la cual han mostrado su incapacidad de dar soluciones que fueran consecuentes con el interés general europeo.
Esta UE de los Tratados de Maastricth y Lisboa, entre otros, que exigió la cesión de soberanía estatal, instauró el euro (pero no quiso crear una política económica, fiscal y social única), que pensando sólo en el dinero ha dado lugar a la creación de una “Europa de dos velocidades” (la rica del centro y norte, y la pobre del sur y periferia), cuyos intereses se conjugan mal, ante lo cual se acaba por imponer el interés alemán (ante el insolidario cinismo británico, y el decaimiento populista francés). Una UE que aún permite paraísos fiscales, que facilitan la fuga de capitales nacionales, la descapitalización de países de la Unión, y la evasión de impuestos de poderosas fortunas que logran anidar con el tácito consentimiento de la Unión, y que tanto daño reporta a las economías nacionales de origen como le ha sucedido a la española en toda esta crisis.
Acaso no pocos ciudadanos, tengan la impresión que se nos ha sometido a un progresivo proceso engañoso en la actual construcción europea, ya que tras prometérsenos un espacio de estabilidad política, económica y social, de mutua cooperación, de mayor competitividad y progreso económico y social; resulta que como en el cuento infantil al primer viento se nos ha caído la “casita europea”. No ha aguantado razonablemente bien la crisis, sino todo lo contrario, ha sido una fuga de “sálvese quien pueda” con Alemania al frente defendiendo sólo sus intereses nacionales (y si se ha rescatado a algunos países, ha sido para evitar un mal mayor de la hecatombe de una quiebra de varios países, que por pura sentimiento solidario, y menos aún por obligación solidaria de esta peculiar “confederación a medio hacer”).
Eso sí, en medio se han creado unas mega instituciones europeas con miles de políticos y burócratas empleados en ellas, trufadas básicamente por tres fuerzas políticas (casi siempre de acuerdo) que se han repartido sistemáticamente el poder: la derecha conservadora, el liberalismo (unidos en el neoliberalismo) y la socialdemocracia (que ha pactado, en el reparto  de la tarta de poder e intereses, con el neoliberalismo, de ahí su actual crisis de identidad política). Estas son las fuerzas políticas del actual sistema, corresponsables de las grandezas y miserias de esta UE, especialmente de su inoperancia en la crisis. Las demás fuerzas políticas, condenadas a la marginalidad, apenas cuentan.
Por consiguiente, más allá de los típicos tópicos del discurso de campaña de la opción de derechas o de la opción de izquierdas sistémicas (PP y PSOE), ¿qué nos ofrecen, de nuevo?, pues lo tradicional ya lo conocemos, y no parece que nos atraiga demasiado, a tenor de los hechos pasados y sufridos. ¿Cuántas veces hubo que pedirle a Draghi que interviniera el BCE en momentos críticos, para que pausadamente tomara alguna que otra medida, bajo la autorización real de Merkel?. Todo lo cual, ha dado lugar a que nuestra monumental deuda pública haya alcanzado niveles descomunales, ante lo que la única receta que se nos prescribe es el “ayuno” (entiéndase recorte social, pues el adelgazamiento político-institucional, aún no ha visto la luz, ni se espera que la vea).
¿Qué futuro nos ofrecen en esta UE?, ¿van a prosperar cambios estructurales de profundidad que eviten estas tormentas económicas en un mundo globalizado abierto a la codicia de los mercados, o sea del “capitalismo financiero internacional”?. Si no es así, esa UE no interesa a la mayoría de ciudadanos que, o tienen la suerte de estar empleados, o la desgracia de estar en el paro.
¿Se percatan, aunque sólo sea por un minuto de decencia política, de que no nos proponen ninguna novedad de interés?. Entonces, ¿para qué votar?, ¿para que el que consiga un euroescaño logre una renta mensual durante varios años, que jamás hubiera logrado por sus medios de trabajo en España, además de una telaraña de convenientes relaciones de presente y futuro?.

Parece claro que el proyecto europeo se ha ido deteriorando para el interés del ciudadano común, pues se ha construido a sus espaldas, al margen de sus intereses comunes, y hasta contra ellos. Por consiguiente, el debate de interés para el ciudadano europeo ante esta cita electoral es el cambio y la regeneración social de la UE, o realmente no existe. Y si no hay una apuesta seria, clara y creíble en esa línea, no parece que haya interés en molestarse para votar. ¡Todo seguirá igual, pero con menor legitimidad!, ya que no podrán decir que cuentan con la representación de la ciudadanía europea. ¿Sería ese un correctivo democrático, ante este sentido abandono de la clase política?. Posiblemente lo fuera, si la abstención fuera considerable, de lo contrario, votar y no votar, representa casi lo mismo para el votante, no así para el cargo electo que pasa a “mejor vida”.

domingo, 27 de abril de 2014

LAS EXTRAVAGANTES DECLARACIONES DE UNA CONOCIDA EMPRESARIA ESPAÑOLA


Mónica Oriol, presidenta del Círculo de Empresarios, se ha despachado a gusto con unas extravagantes declaraciones pidiendo la bajada del salario mínimo para los jóvenes sin cualificación, a los que denominó “ninis” y de los que dijo que no valen para nada.
Así de claro, con desparpajo y consecuente frescura, se despachó esta supuesta líder empresarial –decimos supuesta líder, pues pese a presidir una asociación empresarial, desconocemos si realmente lidera a su gremio o simplemente es un “verso suelto”-, que muestra insensibilidad social, en unos momentos de generalizado sufrimiento económico y social fruto de una profunda crisis económica en la que los que esta empresaria parece denostar (refiriendo su inutilidad), son víctimas de la crisis. No todos tienen la suerte de partir de un patrimonio familiar, de una “honorable cuna”, de un “apellido de casta” para poder llevar a cabo una biografía llena de logros, éxitos y buena vida.
No todos, disponen de medios para formarse, ni para crear una empresa –por pequeña que sea-, ni tampoco la banca actualmente está muy solícita a cualquier aventura empresarial, por ocurrente que sea, especialmente si no cuenta con los avales de padrinos con “aldabas”.
Por consiguiente, reconozca la Sra. Oriol y los suyos –los muchos o pocos empresarios españoles que piensen como ella- que cuanto menos ese planteamiento es erróneo e injusto, y éticamente, incluso inmoral. Es erróneo porque por bajar los sueldos de los trabajadores no se reactiva la economía, sino todo lo contrario –estamos abocándonos a una deflación-, ya que se recorta el dinero para el consumo y finalmente perjudica la economía, aunque inicialmente el empresario individual e individualista, pueda considerar que bajando costos de su producción por el factor trabajo, puede vender mejor su producto –puede ser más competitivo-. De igual manera, también es injusto porque todo trabajador tiene derecho a un salario justo –que le posibilite vivir con dignidad-, luego toda rebaja en ese concepto es indigno e injusto. Pero además, se está cargando la responsabilidad de formación sobre parados jóvenes, a los que la sociedad –en este caso, los gobiernos- tienen la responsabilidad política y moral de formar de acuerdo a las nuevas exigencias productivas. ¡Siguen siendo unas víctimas!. Y además este tipo de empresarios los consideran poco menos que inútiles.
Reconozca la Sra. Oriol que como mínimo, en esta situación fatídica, ha faltado al respeto a no pocos de sus conciudadanos, que no tienen la suerte de ella –aunque se haya labrado su futuro justamente-, siempre hay un punto de arranque en que juega a favor la suerte. Aunque en honor a la verdad, hemos de reconocer que esta empresaria parece que ha rectificado o matizado sus iniciales aseveraciones. ¡Algo es algo…!.
Pero sobre todo, este tipo de exabruptos empresariales de cuño neoliberal, revela un talante individualista que va calando en nuestra sociedad, y que es sumamente pernicioso cuando cala en el empresariado –que aunque lícitamente hayan de defender sus justas ganancias- han de tener una visión más amplia de su papel en la producción nacional, debiendo de considerar criterios sociales, pues tienen parte de responsabilidad social, ya que toda la producción ha de satisfacer el interés general del país y encaminarse al bien común que ha de tejerse de forma conjunta entre todos los sectores sociales (productivos y no productivos), pues la simple estimación aislada del interés empresarial, por un lado, y del interés social por otro, no hace justicia a nuestra sociedad, y es semillero de actitudes insolidarias generadoras de conflictos como se ha tenido ocasión de comprobar a lo largo de la reciente historia moderna.

Los empresarios deberían de desmarcarse de este tipo de planteamientos, pues una sociedad que margina sectores estimables de la misma no sólo es insolidaria sino que no tiene futuro, se tensiona, se crean los conflictos y en definitiva pierde toda su ciudadanía. Hay que dar la espalda a estos profetas del egoísmo, y volver a la negociación al consenso social entre capital y trabajo para diseñar un modelo social justo, digno para todos, del que estemos orgullosos y de lugar a una sociedad habitable en la que se pueda vivir en paz y unidad, aunque con intereses distintos, pues la injusticia es la raíz del conflicto. Algo que debería de considerarlo mejor la patronal española.

domingo, 13 de abril de 2014

REPÚBLICA Y REPUBLICANISMO EN LA ESPAÑA ACTUAL



En el 83º aniversario de la proclamación de la II República, en que los nostálgicos de aquel régimen (entre ellos algunos de los herederos directos de los que perdieron la Guerra Civil), intelectuales y ciudadanos en general que rememoran el aniversario y acaso anhelan ese tipo de régimen, cabría preguntarse sobre el alcance real del republicanismo en España.
Para empezar, habría que distinguirse entre una ideología republicana y un sistema de Estado y gobierno republicano, este último suele acoger el primero, aunque ello no obstaría para que existiera una ideología republicana como propiamente igualitaria de fomento de una ciudadanía proactiva, participativa, con unos derechos constitucionales y sociales que procuren el equilibrio social, político y económico de los ciudadanos, algo que se completa perfectamente con un planteamiento democrático de la vida política.
Por otro lado estaríamos ante un sistema político (un sistema de gobierno) republicano en que el Jefe del Estado sería un presidente de la República elegido periódicamente por el cuerpo electoral del país, que asumiera la misión que le es propia a un Jefe del Estado en un sistema constitucional moderno.
Hasta ahí parecería que, ni el republicanismo como ideología, ni la República como forma de Estado habría de escandalizar a nadie, más allá de unas ideologías contrarias a la igualdad ciudadana (de porte habitualmente aristocrático) que han permeado hasta sistemas constitucionalistas a la sombra de la evolución de la propia monarquía constitucional, o de otro tipo de intereses oligárquicos de porte económico que ni ven bien, ni van a asumir voluntariamente un Estado Social que equilibre las diferencias económico-sociales de las modernas sociedades postindustriales. Por consiguiente, es un régimen, una modalidad de gobierno que cuenta con sus detractores de inicio, por la mera colisión de intereses.
Más allá de ello, se encuentran los pocos que sobrevivieron la tragedia fratricida de la Guerra Civil, así como sus descendientes más o menos directos, cuyas experiencias negativas  de aquella República en la que se desarrolló una revolución social (en forma de guerra civil), como tiempo antes tuvo Inglaterra, Francia e incluso Rusia, le resulta un recuerdo cuando menos incómodo o inquietante.
Luego en nuestro país a día de hoy, sobre la cuestión republicana, hay una extendida diferencia de opiniones y sentimientos encontrados, si bien propiamente no sean por sí mismos determinantes de ninguna opinión mayoritaria, pues la ciudadanía en general no parece tener conformada opinión sobre el particular, propio de que los partidos políticos de la transición generaron un consenso constitucional en torno a la implantación de una monarquía constitucional en la que entró de forma más o menos vergonzante hasta el PCE, y en consecuencia, no es una cuestión que se haya postulado seriamente por ninguna fuerza política de las representativas.
Acaso haya una decepción social sobre la actual monarquía por los escándalos en que se han visto envueltos algunos de sus miembros, y sobre todo porque se ha caído el pacto tácito protector de la prensa española sobre la institución monárquica, con lo cual sus errores y problemas propios se han divulgado y el pueblo ha empezado a quitarle el aura casi mágica con los que los investía anteriormente, empezando a considerarlos mortales y por ello, a meterlos en la dialéctica propia de la crítica política común. De donde se podría inferir que sus mayores enemigos son los miembros de esta institución que la han puesto en riesgo por sus graves errores.

Ahora bien, consideremos por un momento la hipótesis  -poco probable a día de hoy- que un día pudiera cambiar el sistema de gobierno y la ciudadanía se decidiera por un régimen republicano. El presidente de la República habría de ser elegido entre nuestros políticos, sería lo propio, y tal como está socialmente desprestigiada  la clase política no parece que sea muy atrayente el planteamiento por onírico que resulte. Actualmente cabría preguntarse por candidatos como Felipe González, José Mª Aznar, José Luís Rodríguez Zapatero, o algún otro personaje más o menos de ese perfil público. ¿Lo creen atrayente?. Como diría un paisano: “¡para ese viaje, no hacen falta alforjas….!”. Así de cruda es la realidad, salvo que los españoles compremos alguna otra utopía de las que se prodigan por ahí. ¡Pero para eso, también hay que tener mucha fe…!. En tanto que actualmente la desconfianza en la clase política es nota dominante en la sociedad española.

miércoles, 9 de abril de 2014

ESPAÑA EN DEFLACIÓN: ¿TURBULENCIA O RECAÍDA?


El FMI alerta de la probabilidad que España entre en deflación, señalándolo como un país de alto riesgo al respecto, e instando al BCE a que adopte urgentes medidas monetarias, en unos momentos en que el slogan de campaña del PP y de su gobierno es la aparición de “brotes verdes” en lo que supondría una recuperación económica y consiguiente salida de la crisis.
Grave mazazo para las perspectivas electorales del PP, si se llegara a confirmar realmente la entrada de España en deflación, pues su tranta político de acusación al anterior gobierno socialista es que trajeron la crisis, no se enteraron de esta, e incluso la agravaron con sus torpes medidas gubernamentales. Pero a partir de ahora, se podría decir otro tanto del gobierno de la derecha española, en razón a que prometieron una solución a la crisis económica, pero incumplieron su programa electoral, han seguido una hoja de ruta marcada por Berlín y supervisada por Bruselas, se ha incrementado el paro, se han recortado servicios sociales, se han tensionado al extremo las relaciones sociales, se ha perdido tejido productivo, y de tanto ayuno para pagar la deuda nos vemos abocados a la deflación.
La deflación es una de las situaciones gravemente temidas por gobiernos y economistas del mundo, porque supone la caída generalizada de precios para poder vender, a extremos que hacen ruinoso cualquier tipo de negocio que ha de exponerse a vender a precios de costo de producción, con lo que la caída de la economía –por falta de ventas, caída de producción, cierre de empresas y despidos- es la consecuencia de esa diabólica espiral.
Las medidas habituales para superar este estado económico pasan por disposiciones monetarias de devaluación e incremento de dinero en los canales del sistema económico para incentivar el consumo –que a su vez tire de las ventas, y estas de la producción, y estas del empleo, y a su vez, de los salarios- en una espiral productiva que dinamice la economía, y mueva el dinero para que se generen ganancias en todos los ámbitos de la producción y con ello crecimiento económico y empleo. Por consiguiente tal medida habría de tomarse desde el BCE –ya que España al ser miembro de la UE, tiene delegadas esas competencias soberanas-. Siendo esto de importancia actual, dado el momento preelectoral en que nos encontramos ante unos comicios europeos que habrían de plantearnos el actual rumbo de la UE.
Una UE que tras presentarse como un adelantado fruto de la prosperidad, bienestar y reforzamiento entre sus miembros, así como un utópico y deseable logro de fraternidad entre los pueblos de Europa; sin embargo, se ha tornado en una estructura político-funcionarial permeable a los grandes lobbys de capital, donde el ciudadano sólo tiene una consideración meramente retórica o nominal, pero en la práctica apenas peso específico alguno. Como lo demuestra la actual configuración de la UE de espaldas a la ciudadanía sufriente de Europa que privilegia al capital (rescatando al euro, pero no a los desahuciados, ni a los parados); y una UE que empieza a discriminar según el lugar de procedencia, en la que no se ha dado la pretendida “convergencia europea” (norte-sur), que hace que se plantee cínicamente la “Europa de dos velocidades”. ¡Una Europa ante la que los ciudadanos estamos indemnes!.
Ahora pues, es el momento de cuestionarse esa UE de los mercaderes, de los grandes capitales, insolidaria, cicatera con los socios en dificultades, y que no aporta un plan económico para sacarnos de la crisis (a modo de un nuevo “plan Marshall”). Ante lo cual, la ciudadanía victimizada por todo ello, debería de ser menos complaciente, más exigente y apostar por alternativas a ese modelo europeo que no nos contempla nada más que para los recortes y el pago de la deuda.

Hay que decir, también que el peligro de deflación, aunque afecta principalmente a España, no es el único de los países europeos señalados por el FMI en riesgo, lo que conllevaría una nueva espiral de crisis que podría generar importantes convulsiones sociales, ante el descrédito de unas políticas económicas fracasadas y abiertamente antisociales, que sólo se podrían mantener coyunturalmente, más allá de lo cual puede conllevar un serio peligro para la convivencia social, en un ambiente ya de por sí explosivo, cuya mera posibilidad haría que se estuvieran tomando ya medidas urgentes para corregir la deriva económica hacia un periodo deflacionario, ante el que cabría preguntarse: ¿sería una turbulencia económica o una recaída en la propia crisis?. En cualquier caso, mala noticia. Y sobre todo, mal que nos pese: ¡de brotes verdes, nada de nada..!

miércoles, 26 de marzo de 2014

EL SOBERANISMO CATALÁN NO PARARÁ EN SENTENCIAS


La unánime sentencia del Tribunal Constitucional que declara inconstitucional la declaración soberanista del Parlamento Catalán y propone un referéndum en Cataluña sobre la independencia de este territorio, no parece que vaya a parar al soberanismo catalanista, dado que no es cuestión jurídica la que se está lidiando –aunque también comparte un perfil de referencia constitucional-, sino puramente político, como la misma sentencia lo ha expuesto de forma manifiesta.
Efectivamente, el derecho regula los aspectos jurídicos de la convivencia política, pero no se agota en el mismo la acción política; pues ni todo lo puede prever el derecho, ni tampoco es inamovible ante la voluntad general de la población, sea la española en su conjunto, o sea la catalana en su especificidad.
Ante un problema político como es la definición del Estado, su identidad y su integridad territorial, tenemos la cuestión inicialmente resuelta en el pacto público que supuso la Constitución de 1978 hoy vigente, que reconoce que la soberanía nacional corresponde al pueblo español, y delimita el ámbito del Estado, al tiempo que lo define. Por consiguiente el fallo judicial del Tribunal Constitucional –que  por demás es unánime, en las distintas sensibilidades socio-políticas de sus magistrados- decreta la inconstitucionalidad de la declaración soberanista del Parlamento catalán, pues la soberanía es de toda la ciudadanía española, no sólo de la catalana, según el texto constitucional. Luego jurídicamente no cabe otra interpretación que la que ha dado el alto Tribunal, le guste o no a los secesionistas catalanes.
Por consiguiente, esta sentencia no dice nada que no supiéramos, ni tampoco era inesperada en sus términos. No cabía en Derecho otro pronunciamiento que ese. Pero como agudamente recoge en su texto, hay cosas que no competen al Derecho, pues van más allá de su ámbito y previsión, en una sabia advertencia al poder político para que gestione políticamente el problema –que no es jurídico sino político-, ante el que no puede que llegue un momento en que no quepa sólo argumentar en términos juridicistas de mera constitucionalidad, sino en términos netamente políticos, con una aproximación al diálogo con aquellos que no se sienten cómodos en la actual estructura del Estado, para buscar soluciones políticas de consenso, que posiblemente aún quepan entre una sumisión y una separación.
El problema no lo es tal en tanto que los apoyos sociales al soberanismo se mantengan en porcentajes escasos de población catalana, pero empezará a serlo cuando esos porcentajes de los descontentos con la actual situación se vayan incrementando significativamente en relación con su propia población catalana. De manera, que sabiendo que la decisión constitucional pasaría por una mayoritaria determinación de la ciudadanía española, y no valdría que esa mayoría se diera sólo en Cataluña. No es menos cierto, que se generaría un grave problema político si ese sentimiento independentista lo abrazara una significativa mayoría catalana, ya que por más que diga la Constitución esta no rige sentimientos, ante lo cual ¿qué cabría hacer?, ¿imponer manu militari la sumisión y el acatamiento forzoso constitucional?, ¿asumir el hecho independentista en contra de la voluntad de la mayoría española?. En todo caso, la fractura social estaría servida entre Cataluña y el resto de España, e incluso en el interior de la misma Cataluña (ya que no sería previsible, dado el actual estado sociopolítico de la sociedad catalana, la asunción soberanista de forma unánime, sino todo lo contrario, habría una grave fractura social, en la misma población catalana).
Ante esa eventualidad, cabe preguntarse ¿qué está haciendo el gobierno de España, más allá de negar la mayor?, ¿está tejiendo un plan de aproximación para que el significativo número de catalanes que no se encuentran a gusto en España, puedan cambiar su impresión de forma voluntaria?, ¿o cree que es un tema meramente jurídico?, ¿y después de unos meses será de orden público, o militar?. La más que probable previsión es que como llegue al ámbito de problema policial o militar el margen de solución aceptable se cierra, y entraríamos en una peligrosísima espiral donde el victimismo vende bien internacionalmente y la batalla podría perderse dado el comprobado grado de hipocresía de la política nacional e internacional.
Por tanto, ¿nadie está trabajando en una solución política, articulando vías diplomáticas e imaginativas que reconstruya el desencuentro generado?. En una entrevista televisiva el ex presidente Felipe González ya alertaba sobre esta cuestión y urgía esta aproximación política, justo en una línea análoga a la que señala el propio Tribunal Constitucional; algo que probablemente fuera más o menos asumido desde el gobierno catalán –dado el órdago a la grande en el que se ha metido con esta cuestión-, ante la incertidumbre que genera para la normal convivencia española y la estabilidad requerida para acabar de salir de la actual crisis económica. Y sobre todo, porque políticamente sería un error llevar el pulso hasta el final, en lo que pudiera ser un auténtico choque de trenes, ya que no sería bueno que del mismo resultaran vencedores y vencidos, sembraría un futuro aún más incierto e incordiante.

En consecuencia, esperemos que Rajoy no espere que le hagan su trabajo otras instancias de poder, y acometa el problema con la seriedad y la diplomacia que un desencuentro de esta magnitud requiere, especialmente conociendo los antecedentes históricos al respecto, y se ponga presto a trabajar incluso con la necesaria intervención del Jefe del Estado para dar una solución negociada que reconcilie a la parte de catalanes actualmente incómodos en este formato de Estado, y al resto de ciudadanos del Estado que no vivimos una realidad muy diferente a la de aquellos, y que quisiéramos seguir compartiéndola entre todos para hacer de España un estado respetable y honorable fuera de sus fronteras, especialmente en la UE donde nos imponen draconianas condiciones que no siempre nos convienen.