domingo, 1 de noviembre de 2015
sábado, 24 de octubre de 2015
martes, 20 de octubre de 2015
domingo, 18 de octubre de 2015
RUIDOSO FICHAJE DE IRENE LOZANO POR PEDRO SÁNCHEZ
Se ha producido un estimable ruido mediático
que se hacía eco de las protestas por el fichaje de Irene Lozano por parte de
Pedro Sánchez, el actual líder socialista, que de esta manera incorpora a su
proyecto a una de las más fustigadoras críticas de su partido –en la línea de
su ex maestra Rosa Díez al abandonar el PSOE y fundar UPyD-, de forma que en la
actualidad políticos socialistas y del partido magenta de Rosa Díez coinciden
en sus aceradas críticas contra la ex Diputada.
Respecto
de las críticas de despedida, desde UPyD, no parecen muy elegantes las frases
que le dedica por ejemplo el diputado Gurriarán en twitter, pues han de asumir
que cualquiera pueda cambiar de criterio político, o redireccionarlo hacia
organizaciones que se puedan encontrar más afines a las sensibilidades
políticas de cada quien en determinados momentos, pues eso es un libre
ejercicio de responsabilidad personal de cada quien, que se siente más o menos
identificado con un determinado proyecto o con otro, que además con el tiempo
los proyectos evolucionan o se oxidan. Además tal situación fue la que llevó a
la fundadora de UPyD a abandonar el PSOE y fundar la nueva formación política,
que de inicio captó la atención de muchos ciudadanos que no vieron consolidarse
un proyecto político que parecía interesante para superar la esclerosis del
bipartidismo español.
Pues
en realidad, la hazaña que hizo Rosa Díez de abandonar un proyecto político
centenario con solvencia y raíces, por una supuesta cuestión ética de
discrepancia acaso más en la acción que en el planteamiento propiamente
ideológico, sin embargo se ha ido sofocando con el transcurso del tiempo, acaso
por la incapacidad de Rosa Díez de liderar su propia creación, haciéndola más
plural, abierta y participativa, pues se ha ido deshaciendo de forma paulatina
en sucesivos abandonos de significativos militantes que decían verse
constreñidos por el férreo dominio del aparato de Díez y sus afines. En
definitiva, vino a reproducir aquello que criticaba y que dio razón esencial a
lanzar su nuevo proyecto, lo cual le ha hecho entrar en una espiral
autodestructiva, que Irene Lozano trató de salvar con una propuesta alternativa
que perdió en un Congreso doméstico de la formación magenta.
De
otra parte, con referencia a las críticas socialistas tienen a mi entender una
doble justificación, por una parte, porque Irene Lozano hizo gala de una
crítica directa de denuncia de la crisis del “bipartidismo instalado”, que
lejos de presentar una alternativa política y un aire nuevo al deterioro
político-institucional, parece resignarse a que le llegue el turno ordinario de
gobernanza, en el que sigue idéntico patrón de comportamiento, de forma que la
ciudadanía no aprecie diferencias sustanciales de propuestas ni comportamientos
reales entre el PP y el PSOE una vez llegan al poder. Acaso las
descalificaciones que hizo gala Lozano fueran injustas o exageradas, pero
representaban el sentir de un estimable sector de opinión pública, que en
esencia fue lo que justificó la emergencia política de UPyD.
Pero
más allá de ese matiz, dialécticamente superable por una supuesta evolución del
PSOE –que entendiendo la crisis del bipartidismo decidiera salir de la misma
con ánimos y planteamientos nuevos y renovados-, parece que Pedro Sánchez ha
hecho un buen fichaje político, dado que Irene Lozano ha defendido su escaño
con un trabajo digno, y puede que le sirva a Sánchez para demostrar la
evolución del PSOE, aunque actualmente algunos viejos socialistas se rasguen
las vestiduras por los embates de Lozano desde UPyD, hecho en el que no es la
única ya que otros fichajes recientes del socialismo español han abandonado sus
antiguos planteamientos políticos desde los que litigaban con el PSOE como es
el caso de Diego Garrido o Rosa Aguilar –ambos provenientes de IU-. Más bien,
parecen mostrarse quejosos, por las facciones internas enfrentadas aún a Pedro
Sánchez como es el caso de Tomás Gómez,
o Fernández Vara siempre atento a apuntarse al “populismo interno” (al que
durante décadas se dedicó Alfonso Guerra con sus notables réditos para mantener
baronía), pero que en realidad revelan el malestar del militante que aspira a
cargo, al que maniobras como estas le revientan sus particulares ambiciones
personales.
Ahora
bien, creemos que aún siendo bueno el fichaje de Irene Lozano por el PSOE sería
muy deseable que este respondiera (como se dijo de Gabilondo) a un auténtico
deseo de renovación, de sacar al partido de la endogamia interna –ahora quejosa-
y abrirlo de verdad a la sociedad, que cada vez es más exigente en su
participación democrática y en los estilos de hacer política. Si bien, con todo
ello asumido, Pedro Sánchez debería de haber guardado esas formas nuevas más
participativas que pretende hacernos ver, al menos dejando constancia de la
aprobación de la militancia, no tanto en la incorporación a su proyecto
político, cuanto al acceso a las listas electorales, especialmente en el lugar
destacado que se le ha reservado.
Y
sobre todo, nada de que Irene Lozano es una transfuga, pues no ha cogido el
escaño logrado en las listas y con los votos de UPyD y se lo ha llevado al
PSOE, sino que dejando su escaño logrado por UPyD, dándose de baja en este
partido, ha accedido a la invitación del Secretario General socialista a
integrarse a trabajar como independiente en su proyecto político, formando
parte destacada de la próxima candidatura. En ello, ¡nada que objetar!.
martes, 13 de octubre de 2015
FIESTA NACIONAL EN PLENA CRISIS NACIONAL
Este nuevo
doce de octubre, día de la fiesta nacional española, llega en pleno conflicto
secesionista catalán –como del anunciado vasco-, en el que se celebró un
referéndum ilegal, que según el gobierno español nunca se celebraría, y unas
elecciones plebiscitarias, que en ambigua lectura se han querido sólo ver como
autonómicas, en el que las fuerzas políticas catalanistas ganan en escaños del
parlamento catalán, aunque pierden en porcentaje de voto, planteando una
auténtica crisis de Estado, aunque el gobierno del Estado desde Madrid no
quiera verla.
El secesionismo catalán ha ido
creciendo de forma importante en la última década, sin que desde el gobierno
del Estado –necesitado de los votos nacionalistas para la gobernabilidad
española- se hiciera una lectura realista de los motivos que han ido llevando
progresivamente a numerosos sectores de la sociedad catalana a albergar la idea
de la independencia catalana y la consiguiente ruptura española.
Tal crecimiento del sentimiento
nacionalista catalán y vasco se ha simultaneado con un progresivo decrecimiento
del sentimiento nacional español, a veces disimulado desde el mismo poder del
Estado para no desagradar a los nacionalismos disolventes, sin tomar en
consideración la radical incompatibilidad que se iba fraguando entre ambas
posiciones, teniendo en cuenta que la única posibilidad de coexistencia
nacionalista territorial dentro del mismo Estado es la de un “nacionalismo
cooperativo” que exponiendo su diversidad cultural voluntariamente, de tal
forma, se incorpora al mosaico total del Estado-Nación que es la España
contemporánea. Sin embargo, esa opción –presente sólo al principio del proceso
autonómico- no ha sido la definitivamente escogida por las elites políticas
catalanas y vascas, ya que han optado por un “nacionalismo competitivo” (más
propio de la burguesía autóctona), al punto de acabar en una deriva
secesionista (tradicionalmente de posiciones de extrema izquierda antisistema,
que sin embargo, a día de hoy han abrazado casi un tercio de los catalanes –teniendo
en cuenta el absentismo habido en las últimas elecciones- aliándose contra
natura la derecha y la izquierda catalanista en una aventura secesionista).
Ante esta situación, es obvio que la
crisis política española está servida, en la forma de mayor gravedad pues
afecta al núcleo del Estado, a su integridad, a su existencia y continuidad
como tal, para lo cual un Ente Autonómico del Estado ha sido desleal con el
resto del Estado saltándose la legalidad constitucional vigente, arengando a la
sociedad catalana a una meta para cuyo logro no parecen reparar en límites
legales o condicionamientos de realismo político. ¡Todo emoción…!, ¡todo
utopía!.
En este contexto llegamos a la
celebración de la Fiesta Nacional, que en este país por resabios ideológicos,
gestados en la dictadura franquista, ha sido confundida por algunos sectores de
izquierdas como un remedo de las victoriosas paradas militares franquistas (de
vencedores sobre vencidos), al tiempo que el simbolismo patrio fue exaltado
inadecuadamente por grupos filofascistas de extrema derecha que sustentaban el
régimen de Franco, de ahí la reacción de una izquierda vencida y humillada de
rechazar cualquier tipo de simbolismo patriótico que recordara a la dictadura.
Pero como en otras muchas cuestiones
de la vida, en el término medio está la virtud, en presentar un nacionalismo
español cooperativo, integrativo en su diversidad cultural, que de fundamento –como
lo ha venido dando en los últimos siglos- a la Nación española con su identidad
y sus símbolos que le son propios, como reflejo de la patria común de todos los
españoles, empresa común que viene desempeñando una histórica labor secular de
ingente alcance cultural, que en la actualidad puede jugar un extraordinario
papel geoestratégico de puente entre Europa y Centro y Sudamérica, y en el área
económica entre la UE y Mercosur.
Nación que además, ha sabido leer de
sus éxitos y fracasos históricos, habiéndose constituido en una democracia
moderna, un Estado social y de derecho, sobre unos principios constitucionales
que recogen los derechos humanos y sociales reconocidos por las Cartas
constitucionales de los países más avanzados social, política y económicamente
de nuestro entorno.
Un Estado en el que todos los
territorios de España juntos, vienen a conjugarse para la mejor defensa de sus
intereses en la UE y en un mundo cada vez más globalizado, donde las alianzas
son necesarias para el progreso de los pueblos, en vez del aislacionismo
esencialista de determinados atavismos étnicos. Que además requiere su unión
para su participación en alianzas de defensa que garanticen la paz y el
progreso de las naciones en un contexto internacional casi siempre convulso por
intereses geoestratégicos y económicos dispares.
Un Estado que hacia el interior ha
de velar por el cumplimiento de los principios constitucionales –garantía de
convivencia pacífica entre los españoles-, lo que supone la necesidad de un
estatus de ciudadanía idéntico en todos los territorios del Estado que
garantice la igualdad de los ciudadanos.
Por todo ello, resulta
extremadamente necesario hacer pedagogía política en España sobre nuestro
proyecto común, nuestra identidad desde la diversidad de los pueblos y culturas
de España, para recuperar el sentimiento común que nos une, nos sostiene como
Nación y nos identifica ante el resto del mundo, al tiempo que hace de nuestro
país una sociedad libre, justa y avanzada cultural y científicamente, algo que
es mucho más que una “marca” mercantil. Y eso hay que celebrarlo, hay que dedicarle
espacios públicos para su acercamiento e identificación social que gane el
sentimiento de la ciudadanía, que nazca de la sociedad y en ella se
desenvuelva, mostrando los símbolos del Estado que dan consistencia y
existencia al mismo. Tal demostración es necesaria de ordinario, pero
especialmente un día en el que se festeje nuestra consistencia común, nuestra
entidad pública nacional ante el mundo.
lunes, 28 de septiembre de 2015
EL INDEPENDENTISMO CATALÁN FRACTURA LA SOCIEDAD CATALANA Y TENSIONA LA ESPAÑOLA
Llegó el día anunciado por el gobierno catalán para
la celebración de elecciones autonómicas, aunque el secesionismo catalanista lo
planteó como plebiscito encubierto, y tras una escalada emocional ha votado más
del 70% del censo, con el triunfo por escaños de los partidos secesionistas, en
tanto en cómputo de voto individual el secesionismo apenas pasa el 47%, frente
a algo más del 52% del voto constitucionalista.
Una
innecesaria tensión social que no logra sus objetivos políticos, en términos de
legalidad internacional (dado que como plebiscito no logró la mayoría del voto
de los ciudadanos catalanes), por tanto, con ese resultado aún escaso no parece
razonable lanzar la operación secesionista pues se aleja de los parámetros
convencionales de reconocimiento de una voluntad decidida de independencia, lo
que hace improbable cualquier eco de apoyo internacional de la aventura
catalana en su actual confección, por lo que no se explica la falta de entereza
política y altura de miras de los líderes secesionistas catalanes ocultando su
falta de triunfo plebiscitario y apostando por mantener la aventura
separatista, lo cual contrasta con la actitud de los líderes secesionistas
escoceses ante el referéndum del pasado año sobre la independencia escocesa, que
ante unos resultados análogos (55% de voto en contra) reconocieron la negativa
del pueblo escocés a seguir el proyecto cesesionista.
Pero al
propio tiempo, como unas elecciones autonómicas –que es lo que formalmente
eran-, la conformación de un gobierno con 62 escaños a la coalición Juntos por
el Sí (de CDC y ERC) –que por sí sola no logra la mayoría absoluta (68
escaños)- supone un notable retroceso de ambas fuerzas políticas que se ven en
la obligación de recurrir al apoyo de la CUP (que ha logrado 10 escaños) que le
impone de entrada unas condiciones de gobierno extremas: rechazando a Más como
presidente y proponiendo la desobediencia civil catalana ya, lo cual radicaliza
la política hasta niveles prácticos de insoportabilidad de los hipotéticos
socios de gobierno, pues CDC tradicionalmente es una opción política de
derechas catalanista en tanto que ERC lo es de izquierdas y la CUP de
posiciones anarco-comunistas, cuyo común denominador sólo parece ser la fuga de
España.
Por
otra parte, Arthur Más ha cavado su fosa política, pues con su derrotero
secesionista como única propuesta pública en el ejecutivo de la Generalidad ha
fracturado la vieja coalición de CIU (CDC y UDC), caído en votos – muchos de
los cuales parece que han recalado en las aguas de C´s, como voto útil moderado
de centro derecha, que junto con la fuga de votos del PP, parecen explicar el
súbito ascenso de la formación de Rivera-.
Pero
también cabe leer de los resultados el descalabro del PP catalán, que con su
política de confrontación centro – periferia ha colaborado a tensionar
inadecuadamente la convivencia y la política catalana, en vez de buscar
acercamientos en forma de diálogo, paciencia y soluciones ingeniosas (como las
que se dieron en la época de la transición política española, que determinaron
los logros de la misma), sobre todo ante la constatación de que un importante
sector de la ciudadanía catalana no se encuentra a gusto en los actuales
términos en que se está derivando la relación de gobierno territorial.
Acaso
esa haya de ser la gran lección de las urnas, en el sentido que pese al
abultado apoyo de las tesis independentistas, aún no son suficientes, dado que
hay una mayoría de catalanes que quieren seguir siendo españoles, y por
consiguiente no hay una justificación que legitime democrática y moralmente
ninguna aventura secesionista a día de hoy; pero ello no debe plantearse en
términos de derrota (que tampoco lo es, dado el alto índice de apoyo
secesionista), sino en términos de un replanteamiento de la cuestión, de buscar
fórmulas convergentes que refuercen los niveles de autonomía política e
identidad cultural y nacional, pero que también generen profundos lazos
cooperativos de integración, pues la vertebración cooperativa entre Cataluña y
el resto de España favorece a ambas, en una Europa Unida a la que concurrir
juntos para tener mayor influencia en las decisiones de la misma.
En este
punto, parece que se hace necesario retomar puentes de contacto, diálogo, con
el posible relevo de los interlocutores que se descalificaron e ignoraron
mutuamente, para poder avanzar con nuevos actores en el camino de un encuentro,
que posiblemente haya de llevar a la reforma del Título VIII de la
Constitución, e incluso como apunta el PSOE –que pese a las dificultades se ha
mantenido en Cataluña- a través de fórmulas federalistas que faciliten una
mejor amortiguación en las fricciones del poder político periférico y el poder
político central, propias del lance político ordinario. Todo ello antes que el inmovilismo
arrogante y frentista que hace más secesionistas catalanes que el propio
discurso de los líderes separatistas, y si alguien tiene alguna duda sólo basta
repasar los resultados electorales de la última década.
viernes, 25 de septiembre de 2015
EL CONSTANTE PROBLEMA DE LA INVERTEBRACIÓN DE ESPAÑA
El destino de
España como Estado unido con un proyecto y una identidad común, tiene una larga
historia que dio comienzo con los Reyes Católicos, que tuvo su máximo esplendor
desde el reinado de estos hasta el de Felipe II, que fue una época de
crecimiento por sucesivas incorporaciones de territorios coloniales, sin
embargo, desde 1580 la historia de España es decadente y dispersiva como
testimoniará Quevedo en sus famosos versos:
“Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía. (..)”
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía. (..)”
Y como lo hará Ortega y
Gasset en su “España Invertebrada” en
la que describió el proceso histórico de España desde el último tercio del
siglo XVI afirmando que el: “proceso de desintegración
avanza en riguroso orden desde la periferia al centro, de forma que el desprendimiento
de las últimas posesiones ultramarinas parece la señal para el comienzo de la
dispersión intrapeninsular”, indicando que a partir del 1900 empieza a
sentirse el rumor de los regionalismos,
nacionalismos y separatismos…
Ya entonces Ortega con magistral análisis
sociopolítico de la situación territorial española señaló como causantes del
fenómeno disgregador no sólo a los regionalismos, nacionalismos y separatismos,
sino también a lo que denominó el “particularismo
del poder central castellano” que con su suspicacia se vuelve angosto y no
se ocupa de otras regiones, abandonándolas a sí mismas, sin enterarse de lo que
pasa en ellas. Así nuestro autor señala al “particularismo” como mal dominante
en nuestro país, del que dice que es la manifestación de la perversión más
profunda del alma de nuestro pueblo (el odio a los mejores, que ha llevado a la
carencia de minorías directoras y al imperio de las masas), raíz del
desprestigio de la política.
Así en la actual coyuntura política
que vive España (no está de más recordar estos retazos de nuestra historia),
con una convocatoria de elecciones autonómicas catalanas (cripto-referendum
independentista), que en el colmo de su contradicción va a posibilitar una
sutil interpretación del voto –según escaños- para conformar una mayoría autonómica
constituyente hacia un Estado Catalán independiente, sin que para ello se
llegue a lograr una mayoría cualificada de ciudadanos catalanes, amén de saltarse
la vigente y burlada Constitución española de 1978, repitiendo los mismos
errores políticos en los que cayó la II República que propició la declaración
de independencia unilateral catalana.
Todo ello, nos debería hacer
reflexionar sobre la contumaz actitud de ambas partes (constitucionalistas
españoles y separatistas catalanes), para reformular políticamente esta extraña
e incómoda convivencia política, pues en lo ordinario la convivencia no es
mala. Pero se hace necesario un nuevo pacto político que diseñe un modelo
territorial español en que todos puedan sentirse a gusto, atendidas sus
peculiaridades, sin que sus particularismos nos fracturen debilitando la
convivencia unida y la propia entidad de Estado que nos da el peso político
necesario y conveniente entre uno de los mayores Países de la UE, que beneficia
tanto a catalanes como a cántabros, vascos, murcianos y andaluces. Pues fórmulas
políticas las hay, y aún parece que algunos de los líderes de este catalanismo
combativo hasta parecen estar dispuestos a abordarlas, pero desde el Estado
habría que dar un paso más allá del cierre de filas jurídico, dado que venimos
insistiendo en que no estamos puramente ante una cuestión jurídica sino política,
histórica, cultural y de convivencia, a la que políticamente se debería de
haber dado respuesta antes de llevar el conflicto al borde del mismo abismo.
Ahora bien, cabría esperar sensatez
y altura de miras por ambas partes, para que tras el “desahogo electoral” en el
que se dicen muchas inconveniencias y alguna que otra barbaridad, conformado el
nuevo parlamento catalán del signo mayoritario que sea, el nuevo ejecutivo
autonómico se abra a la negociación con el gobierno del Estado y viceversa para
acometer las reformas políticas que la convivencia demanda, en beneficio de
todos, sin rupturas que sólo aportarían perjuicios a ambas partes. Ante lo que
habrá que esperar que desde la misma Jefatura del Estado se modere y arbitre un
proceso de re-vertebración territorial, con las consiguientes reformas
constitucionales que resulten necesarias.
domingo, 20 de septiembre de 2015
LAS FIESTAS TAURINAS: ¿UN ATAVISMO SOCIAL DESFASADO E INDOLENTE?
Los
festejos taurinos, en sus distintas modalidades, están recibiendo cada vez más
el reproche social de extensos sectores de la población española que no ve
estos acontecimientos como festejos por la crueldad que se inflige a los
animales, en un sufrimiento sádico por diversión –por consiguiente innecesario,
y por ello inmoral-, a los que se tortura impunemente hasta la muerte.
Sin embargo, aún persisten grupos en
nuestra sociedad que interpretan estos fenómenos como hechos culturales de nuestro
colectivo social, con amplio fundamento tradicional. Aspecto, en el que aunque
se pudiera reconocer en teoría tales afirmaciones, no podríamos compartir que
por ello mismo se justificara su práctica actual, como tampoco se permite ya el
antiguamente denominado “crimen de honor”, entre otras costumbres atávicas que
el proceso de civilización ha ido rechazando como compatibles con la nueva
sensibilidad social del progreso de los pueblos y la humanización de nuestra
sociedad.
Así resulta grotesco que una
población pueda encontrar diversión en el despeño de una cabra desde el
campanario de una iglesia, como en el acuchillamiento por múltiples lanzadas
del “toro de la Vega”, o el correr con reses en un muelle junto al mar para
provocar su caída y subsiguiente ahogamiento, o el antorchar con fuego los
cuernos de los astados y correrlos por las calles produciéndoles quemaduras y
todo tipo de barbaridades, y ello sin contar con la decapitación de gansos en
cucañas veraniegas, y otras tantas salvajadas, que no tienen ningún tipo de
justificación ética en pleno siglo XXI.
Si bien, singular es la cuestión de
la fiesta taurina, las típicas y tradicionales “corridas de toros” que tuvieron
gran arraigo en la población española en otro tiempo, dado que en la actualidad
se aprecia una decadencia en la que llegó a ser denominada “fiesta nacional”,
donde el hombre y el toro se juegan la vida en torneo desigual, para diversión
de un público que paga sustanciosas cantidades de dinero por asistir a este
tipo de espectáculos (que mercantilizado mueve mucho dinero, incluidos los
réditos tributarios que ingresan las arcas públicas).
Sobre el espectáculo taurino se ha
construido una particular subcultura (una estética, una jerga, un estilo de
vivir la fiesta –recreándola con tertulias, y envolviéndola en las ferias
locales-, con su colorido y particular animación, si bien cualquiera de esos
valores quedan claramente subordinados al superior valor de la vida humana, e
incluso de la vida animal). Tal es así, que en tal festejo se pone en riesgo
seriamente la vida de los toreros intervinientes, al punto de haber cosechado
muchas víctimas mortales en el curso de su historia, lo que éticamente no se
justifica ni como medio de ganarse la vida, ni mucho menos como forma de
diversión o festejo.
Pero además, considerando el caso de
la víctima fija del festejo: el toro de lidia, hay que considerar que su vida
habría de merecer el respeto humano –como lo merece toda vida animal-, que sólo
justificaría su sacrificio por necesidad (o sea, para consumo humano, como
ocurre con otros animales que se sacrifican), pero en ese caso (que no es la
mera diversión), el sacrificio se hace actualmente en los mataderos autorizados
utilizando medios incruentos para evitar el sufrimiento del animal, pues ha
resultado demostrado que los animales sufren (se estresan y padecen el dolor
que se les inflige con punzadas, golpes, y no digamos nada con la pica a
caballo que le hace desangrarse para perder fuerza y ser más manejable para la
diversión).
Además en las corridas de toros no
sólo sufre el toro, también lo hacen los caballos de los picadores cuando se
les hace evolucionar con los ojos vendados ante el griterío del coso taurino,
cargados con unas pesadas y duras telas –que son su salvavidas de las
envestidas de los toros, pues en la mayoría de los casos evitan las cornadas de
los astados, pero en modo alguno lo hacen con el traumatismo habitual que
reciben de las embestidas día tras día en su abdomen-.
Por consiguiente, creemos que va
siendo hora que alguien vaya poniendo sensatez y humanidad en esta serie de
cuestiones, y se abandonen estas tradiciones, que por antiguas no son en sí
mismas constructivas, sino atávicas y moralmente abyectas.
sábado, 19 de septiembre de 2015
miércoles, 9 de septiembre de 2015
EN VÍSPERAS DE UNA “DIADA” ESPECIAL
Iniciado
septiembre, próximos al día 11 en que se celebra la “diada” (día de Cataluña,
en el que los sentimientos catalanistas afloran en ese territorio), vuelven las
expresiones de un sentimiento exacerbado de nacionalismo catalán, que cada vez
se presenta con más beligerancia dialéctica frente al resto de España, y que
empieza a tornar de lo cultural a lo político envuelto en “soberanismo
separatista”.
Pero en esta ocasión, se presenta
una edición peculiarmente “soberanista” en el marco de un proceso electoral,
que las fuerzas políticas secesionistas de Cataluña han planteado como “proceso
plebiscitario” de lo que son unas meras elecciones al parlamento autónomo
catalán, para deducir de dichos resultados la pretendida voluntad soberanista
del pueblo catalán. Por eso, no es una “diada” al uso, sino una jornada de
especial reivindicación nacionalista, que llega a confrontar a la sociedad
catalana en dos bloques de sentimiento y opinión (secesionistas y
constitucionalistas, los primeros en favor de la independencia de Cataluña como
Estado al margen de España, y los otros posicionados como un territorio
políticamente autónomo dentro de España). En resumidas cuentas, una sociedad
dividida, que empieza a fracturarse, pues así de torpe se ha encaminado el
proceso (desde Madrid y desde Cataluña) que lleva a la confrontación entre
catalanes y entre españoles, volviendo a recaer en el viejo problema
territorial de la invertebración española ante el ansia centrífuga de pequeñas
elites en significados territorios, que siembran discordia, so pretexto de
hechos diferenciales, para concretos intereses de tales elites.
Siendo así, se constata uno de los
clamorosos fracasos políticos de la democracia española (fruto del proceso
político de la transición), al frustrarse la solución autonómica (generada en
principio para satisfacer las ansias nacionalistas catalanas y vascas) que se
asumió como fórmula de gobierno territorial para todo el Estado habiéndose
evidenciado su fracaso con los grandes problemas que pretendió solucionar, así
como con el resto de los territorios en que trajo graves problemas políticos y
económicos de gobernabilidad que antes no se tenían.
Además este germen independentista
se ha ido alentando con el tiempo en el pleno proceso autonómico (generando
desigualdades difícilmente compatibles con las ampulosas declaraciones
constitucionales de igualdad de personas y territorios ante la ley),
progresivamente crecida con las concesiones del Estado (activas, en unos casos,
por intereses políticos; y pasivas, en otros para tratar de no ver el creciente
problema).
Incluso, a veces puede que la
ingenuidad política de algunos de nuestros gobernantes haya contribuido a ello
en la creencia que ciertas concesiones autonómicas (casi federales) vendría a
satisfacer el ansia de poder territorial del soberanismo catalán, así como a su
homólogo vasco, sin que lo hayan logrado, pues ya ni siquiera les vale la
timorata propuesta socialista de un “federalismo asimétrico”, que en sí mismo
supone tratamiento desigual (dado que la asimetría conlleva en su mismo
concepto la desigualdad).
Por el camino, mil y un desencuentro
con multitud de temas (inmersión lingüística, financiación autonómica, cesiones
de competencias estatales, etc.) utilizados de forma desleal por el aparato
propagandístico al servicio de los intereses políticos centrífugos para
incrementar un victimismo desde el que mover al sentimiento reivindicativo
frente al gobierno del Estado han ido labrando un profundo surco de discordia,
ante el que el gobierno del Estado no ha estado atento para su contención y arreglo,
evitando la previsible e indeseable confrontación que acabaría por deflagrar a
ese “victimismo irredento” que echaría un complicado “pulso al Estado” de
imprevisibles consecuencias.
Así puede entenderse la forzada
medida legislativa del gobierno del PP de dotar de ejecutividad a las
decisiones del Tribunal Constitucional, sistemáticamente burlado a la hora de
aplicar sus resoluciones, que lo hacen poco operante en orden al mantenimiento
de la seguridad jurídica y de la legalidad constitucional. Si bien, no
entendemos las tardías ambigüedades de otros actores políticos de
responsabilidad, que lejos de apoyar la eficacia del “edificio constitucional”
del Estado, postulan fórmulas equívocas o ya fracasadas de un “federalismo
asimétrico”, que ha sido largamente superado por los acontecimientos (por lo
que actualmente no convence ni a soberanistas catalanes ni a
constitucionalistas), como tampoco son fáciles de entender ciertas
declaraciones de líderes políticos que aspiran al gobierno del Estado,
afirmando en Cataluña que se sienten “catalanistas” en lo que aparenta cierto
filibusterismo político, para mejor ocasión.
Va llegando la hora de la verdad en
este conflicto, que no es otra que la de cumplimiento de la legalidad
constitucional (sea de esta u otra Constitución, que es la que representa el “contrato
de convivencia” entre españoles de todos los territorios del Estado; sea
cualquier otra, que por los mecanismos de modificación constitucional se prevén
en la carta magna), ante la que no cabrían atajos derivados del concreto
cálculo político interesado, que podrían conllevar graves perjuicios al Estado
y a todos los españoles. Por consiguiente, es hora de recordarles a quienes
tienen responsabilidades políticas de Estado de su deber para con el mismo, en
su defensa (como defensa de los intereses generales de todos los españoles),
sin ambages, y empezar a mostrar a los líderes secesionistas los límites
infranqueables, distinguiendo las meras opiniones políticas de las acciones que
pudieran conllevar conductas contra el Estado, ante lo cual este se ha de
defender con toda la legalidad vigente, ya que se ha fracasado con todos los
intentos previos de concordia –que entrañaban la solución política-, y se ha
consentido que el problema desbordara la filosofía y el interés de las elites
secesionistas e inflamara al sentimiento de ciertos sectores sociales que se
consideran “catalanistas”, hiperdimensionándolo peligrosamente.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




