sábado, 1 de enero de 2011

¡UN AÑO MÁS, UNA ILUSIÓN MENOS….!


            
            Se nos va el año 2010, una vez más el tiempo que corre veloz hace sentir su paso con la llegada de otro fin de año. Momento en que cada uno hace el cierre que puede.
            Realmente este año que se va no ha sido especialmente bueno para nuestro país, pues se pasó de estar negando la crisis a tomar medidas urgentes en el mes de mayo pasado, de forma parecida ha sucedido en la Región de Murcia, en la que tras cantar las bondades de la situación de la Comunidad, se ha acabado por tomar medidas urgentes para posibilitar el pretendido endeudamiento que requieren las arcas regionales.
            Todo lo cual ha conllevado –junto a la crisis económica- una crisis política manifiesta en la incapacidad de encuentro y entendimiento de los dos grandes partidos –que detentan diferentes parcelas de poder territorial-, lo que ha dificultado la adopción de soluciones consensuadas que hubieran ayudado a sobrellevar mejor la difícil situación económica. Pero este inconveniente desencuentro, unido al desbarajuste autonómico del país, poco receptivo a asumir indicaciones para la necesaria disciplina de control del gasto, junto con una UE –que se muestra excesivamente rigurosa en sus planteamientos económicos con los países en mala situación- ha venido a dar con un progresivo estado de escepticismo, tanto con la clase política interna, como con una UE que en manos de los “euroburócratas” es poco sensible a las dificultades de algunos de sus miembros, haciendo que se deteriore la situación social con un precipitado desmantelamiento del “Estado del Bienestar”, y una clara tendencia a un individualismo realmente pernicioso para la cohesión social.
            Por consiguiente, podemos estar en situación de aventurar que o se solucionan los problemas económicos y sociales de la crisis con mayor grado de eficacia, o el deterioro que se producirá en algunas sociedades, necesariamente conllevará repercusiones en el ámbito político, que pueden ir desde la indicada desconfianza en la clase política, a la constatación de colapso del sistema, lo cual conllevaría la necesidad de cambios de mayor envergadura y difícil predicción.
            Hemos de reconocer que el “Estado del Bienestar” europeo ha sido el éxito de posiciones políticas derivadas de la Democracia Cristiana y de la Socialdemocracia Europea de la postguerra mundial, que fueron capaces de recuperar la derruida Europa de uno de los mayores conflictos bélicos, llegando a situarla en plena “guerra fría”, como un espacio de convivencia democrática, con progreso económico y social, como nunca antes se había conocido por las diferentes capas sociales, generando una gran clase media con trabajo y estabilidad económica que le permitió acceder masivamente a los bienes de consumo, cubriendo las contingencias sociales mediante un sistema de Seguridad Social sin precedentes.
            De forma que no podemos asistir impávidos al desmoronamiento del “Estado del Bienestar” o “Estado Social”, por vía de los recortes presupuestarios de una crisis económica que comenzó entre los especuladores financieros –que jamás han creído ni apostado por esta forma de Estado-, como tampoco podemos asumir sin la menor crítica una economía globalizada a la usanza e interés de los grandes capitales, que nos pongan a competir con economías asiáticas, para lo cual la conclusión acaba por eliminar el “costoso Estado del Bienestar” al considerarlo una rémora para competir con esas economías de esclavos, a las que nos quieren llevar.
            De tal manera que este año ha servido para perder la ilusión en los políticos autóctonos y del exterior, también para desengañarnos del régimen autonómico que ha sido creado no en beneficio del ciudadano sino de los políticos de la zona, con una sobre carga ostentosa de burocracia y cargos políticos innecesarios que hacen el sistema, además de insostenible, ingobernable. Y por último, este año, ante la incapacidad e insolidaridad europea de afrontamiento de la crisis económica, creo que también hemos de dar por amortizada la opinión de una Europa Unida, a modo de Confederación de Estados, dando la razón a los euroescépticos, en el sentido que lo único que nos une son los intereses de mercado, por tanto creemos que deberíamos volver a las tesis del mercado común (CEE) y abandonar las de la Confederación (UE) refugio de europolíticos y euroburócratas que no tienen una visión cercana a las necesidades del ciudadano medio europeo, y no han sido capaces de reforzar el “Estado del Bienestar”, dejándose llevar por las tendencias globalizadoras del neocapitalismo voraz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario