viernes, 22 de agosto de 2014

¡TODOS AL REMOJO…!

           
            Últimamente presenciamos en los medios de comunicación cómo determinados personajes públicos, a nivel nacional e internacional, aparecen recibiendo un cubo de agua fría, con los consiguientes alaridos y suspiros propios de la impresión. Tan significativo –como peculiar gesto-, pese a su aparente inutilidad, tiene como finalidad declarada por sus protagonistas, el sensibilizar a la sociedad en la lucha contra la ELA (esclerosis lateral amiotrófica), lo cual es encomiable, pero cuanto menos curioso.
            Esta forma de manifestación pública, a la que se van uniendo los “VIP de este mundo”, refleja la gran trascendencia que en nuestra sociedad se le da a la escenografía, a la estética, al escaparatismo. La llamada sociedad de la comunicación conlleva el tener montado una especie de “vida espectáculo”, en razón a que todo se trata de reflejar, de retransmitir públicamente, dejando atrás importantes áreas de privacidad y pudor.
            Hay como una importante necesidad de comunicar, de reflejar, de transmitir algo, que simbolice una pretensión, un anhelo, o una queja. De forma que manifestado así, en la “plaza pública” sirva de icono de dicha manifestación.
            Así las cosas, estaríamos en una situación en la que si no se irrumpe con algo llamativo, si no se llama la atención con algo que plasme grafica y brevemente lo que se quiere manifestar, parecería que no se hubiera logrado el objetivo. De ahí que la literatura vaya quedando para minorías o elites intelectuales de la sociedad, el común de la misma, la masa requiere ser sorprendida por un mensaje audiovisual corto y de impacto. De ahí, el recurso al “cubo de agua fría” en público, como en la publicidad estamos acostumbrándonos a mensajes de impacto. ¿Tanto cuesta llegar en la actualidad al otro?, ¿a su razón, sentimiento o conciencia?. ¿Tanto nos hemos endurecido?, ¿tan aturdidos vivimos, que sólo prestamos atención a lo impactante, a lo espectacular?. ¿Dónde queda la palabra, el discurso, la reflexión, el diálogo?.
            Item más, apelamos a los “iconos sociales”, que se suponen lideran nuestras acciones (comportamiento, sentimientos, conciencia, reflexiones), para que estos nos hagan llegar su peculiar remojón. Tan es así, que parece originarse una especie de carrera entre los VIP para “refrescarse en público”, para “dar el espectáculo”; así lo han hecho desde actores, entrenadores de fútbol, políticos, deportistas varios, etc., etc. De forma tal, que podría deducirse que “el que no se de el remojón en público” no es nadie.
            Pero una vez dado el espectáculo, seguida la “broma-protesta-petición”, la pregunta inmediata parece ser: ¿sirve todo eso para el auténtico fin que dicen procurar?.
            No lo sabemos, más bien nos tememos que no, puesto que el impacto podría conseguirse en la “feliz ciudadanía”, que en su buenomía, pueden hasta hacerse eco y postular tal petición, pero el cuerpo social no maneja el presupuesto público, y si además no se articula una campaña de recaudación pública consecuente con el remojón, no parece que sirva todo esto más que para lograr la “pesada broma del verano”.

            Por consiguiente, cabría concluir que si realmente queremos –como deseamos probablemente todos- el estudio e investigación de esta y otras enfermedades (por no decir, todas), lo propio es que nos hagamos solidarios y contribuyamos con estipendio privado y público a tal fin, y nos dejemos de “cuentos”. Así, que ¡más dinero y menos remojones públicos!. Tal es la realidad.

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